Soy o creo ser una persona sincera hasta extremos peligrosos: Marco Tulio Aguilera
Amir Valle diciembre 13, 2013![]() |
| Amir Valle, director de la revista Otro lunes |
Esta entrevista es parte de un amplio dossier que publica la revista Otro lunes, en el que se incluyen comentarios a las obras de MTAG, fotos, cuentos, fragmentos de novelas inéditas y publicadas, una semblanza y otros textos...
http://www.otrolunes.com/30
Abrimos con unas palabras algo duras de Marco Tulio Aguilera:
"México es un país maleado de raíz, de arriba abajo, en el que la eficiencia política del sistema está basada en la capacidad de corrupción de sus funcionarios. Si llegara un político honrado al poder duraría lo que un suspiro. En el campo cultural se ha creado un sistema por medio del cual se capta y corrompe a los artistas, se les da una especie de sueldo, a veces vitalicio, se les corta las alas y terminan creando un arte sin energía, sin capacidad de crítica, sin temperamento. Y eso mismo sucede en las instituciones culturales, en las empresas editoriales. Si criticas, te manchas, te excluyen, te convierten en apestado. Las grandes empresas editoriales publican literatura mediocre porque le tienen miedo a los trasgresores, y además porque prefieren publicar a los amigos, a los mansos, a los funcionarios con debilidades literarias, a las actrices de telenovelas, a las señoras ricas. La grieta por la que se pueden colar los buenos escritores y los buenos artistas, son las editoriales universitarias y las editoriales independientes".
A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Marco Tulio Aguilera Garramuño? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Marco Tulio Aguilera Garramuño, el ser humano y Marco Tulio Aguilera Garramuño, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.
Soy o creo ser una persona sincera hasta extremos a veces antisociales o peligrosos. Ello me ha acarreado consecuencias positivas y negativas. En general las personas saben qué esperar de mí y por eso nunca soy tomado en cuenta para cargos, comités o direcciones, en los que hay que confraternizar y hacerse el de la vista gorda. Ello me ha permitido ser libre y ejercer mi criterio sin tapujos. Tengo pocos amigos, casi no recibo a nadie en casa. A estas alturas de la vida lo que me interesa es cumplir con lo básico en mi trabajo en la Editorial de la Universidad Veracruzana, asistir a mi entrenamientos de natación, ir un par de días a jugar baloncesto y sacar adelante los proyectos literarios que tengo en marcha. Como escritor soy persona de disciplina espartana, de paciencia sin límites y perfeccionista. Puedo esperar años a que se publique un libro y ello no me impacienta. Estoy seguro de lo que hago y por ello cuando recibo algún rechazo de parte de una editorial, lo atribuyo más a deficiencias de la editorial o a políticas comerciales o a malos lectores, que a insuficiencias en lo que escribo. Soy en general desordenado con mi persona, no visto muy bien, mi estudio es un desastre, pero mis obras son ordenadas al milímetro. Y ello es así porque lo que más me importa es lo que escribo, incluso por encima de la familia y el trabajo en la universidad. Creo en mí como en dios, no abato la cabeza ante nadie, pero soy muy solidario con la gente humilde –tengo la compulsión de darle dinero a todo el mundo cuando dispongo de él-, me gusta reconocer el talento (literario) ajeno y disfruto defenestrando libros de mala calidad que son presentados como obras maestras. Colombiano en México.
Se impone una pregunta: ¿cómo y por qué razón se produjo el tránsito de un país a otro?
Cuando terminé mis estudios de Filosofía en la Universidad del Valle, en Cali, conseguí trabajo de profesor de cívica y educación física en un colegio de ricos, el Colegio Los Cedros del Líbano. Era un colegio al que llegaban los muchachos que habían sido expulsados de los otros colegios de Cali, un sitio en el que los muchachos eran casi incontrolables. Para controlarlos tuve que hacer clases que llamé “de catarsis y sinceridad”. Consistían en someter a los agresivos y antisociales a interrogatorios y agresiones de sus compañeros. Por esas clases fui expulsado del colegio. Quedé sin trabajo, viviendo en un cuchitril en el segundo piso del Grill Las Escalinatas en Cali. Por esos días salió mi primera novela Breve historia de todas las cosas en Buenos Aires; llegó a Cali un gringo, Raymond Williams, y me invitó a dar clases en la Universidad de Kansas. Acepté, fui a dar clases. Estuve año y medio allí, me aficioné a una mexicana, me vine a vivir a México con la intención de casarme, viví en Monterrey, fracasó mi plan de casarme, trabajé año y medio de la Universidad de Nuevo León, gané un concurso de cuento en la Universidad Veracruzana, vine a trabajar a Xalapa, aquí me casé y terminó mi viajadera. Lo que me ha movido de un lado a otro son el azar, las mujeres y la literatura. No soy exiliado de nada.
Háblame (obviamente se imponen un cuándo y un dónde) de ese primer momento en que te dijiste que podías (y sentiste que querías) escribir.
Comencé a ser escritor en las clases de lectura y redacción que dictaba Vilma Alfaro, una bella, simpática y coqueta profesora en la escuela secundaria, en San Isidro de El General, Costa Rica, pueblo en el que viví mi adolescencia y en el que está ambientada mi primera novela Breve historia de todas las cosas. Doña Vilma nos pedía una redacción semanal sobre cualquier tema que se nos ocurriera. Teníamos que leer frente a la clase. Yo escribía pensando en impresionar a mi profesora y ella me correspondía, pidiéndome que leyera al final de la clase, pues sabía que yo siempre llevaba algo interesante. Ese fue mi primer nacimiento como escritor. Mi segundo nacimiento fue cuando perdí una carrera de 5000 metros planos; a partir del fracaso comencé a sufrir de insomnio y finalmente vencí el insomnio escribiendo mi primer cuento con tintes netamente literarios, “El sabio ignorante”.
Otra vez en el sentido del ser humano y el escritor, ¿qué te han aportado Colombia, Costa Rica, país donde viviste tu adolescencia, y México donde has vivido casi 35 años? De Colombia tengo recuerdos de fincas de tierra caliente, un difuso pasado familiar en el que se mezclan recuerdos de mi padre, que era un hombre imponente e importante; y de mi madre, una mujer culta y hermosa, entregada a la lectura. De Costa Rica recuerdos de un pueblo inolvidable, San Isidro de El General, donde me inicié en todo. De México, la batalla por salir adelante como escritor en un medio adverso, lleno de conciliábulos y complicidades. Yo casi no he vivido en los países, sino en mis relaciones amorosas, en mis disciplinas deportivas y en mis encierros de lectura y escritura. Soy básicamente un misántropo.
Parte 1 Esa vieja Dama que es América
La literatura latinoamericana actual, piensan muchos estudiosos del tema, ha tenido que superar los “traumas editoriales” provocados por el impacto del boom y el postboom en la mentalidad editorial europea sobre qué escribimos en este lado del mundo ¿Cuál ha sido tu experiencia personal en esa lucha contra los encasillamientos editoriales?
Si alguien ha sido molestado, etiquetado, comparado y a veces denigrado por estar relacionado o influenciado por el boom, he sido yo. A partir de mi primera novela se me ha comparado constantemente con García Márquez, ya sea para decir que lo que escribo es un sub producto de su realismo mágico, o que lo mío está a la altura de lo de García Márquez. Es claro que mi primera novela Breve historia de todas las cosas, fue escrita a la sombra de GGM, pero me parece obvio y demostrado el hecho que yo despegué hacia una literatura muy personal, que no tiene ningún parentesco con lo de nuestro nobel. Pienso que hay que dividir el fenómeno del boom en dos: por una parte está el llamado genéricamente boom: ventas altas y difusión amplia a un grupo pequeño de autores con una calidad literaria alta; y, por otra parte, García Márquez, que es un monstruo, un outlier, un caso irrepetible de popularidad aunada a una calidad superior. Pienso que uno debe escribir sin pensar en comparaciones, escribir lo mejor que pueda, con la idea de que cada obra que escribe es una obra maestra. El tiempo se encargará de acomodar esas obras donde les corresponda.
Uno de los “tópicos típicos” de nuestra literatura tiene que ver con la convulsionada vida de nuestros países y, específicamente en el caso del país donde naciste y del que vives, con la violencia. Yendo a un dilema ya casi eterno: Entre los escritores que creen que la literatura debe cumplir una función generadora de pensamiento social contra esa realidad y los que simplemente dicen escribir sin importarles esos asuntos, ¿dónde te ubicarías? ¿Por qué?
Todo lo que el escritor vive, ya sea en carne propia o por experiencias de segunda mano, afecta su vida e influye en lo que escribe. Es un proceso natural que no se debe forzar: literatura es lo que produce el escritor, así como los árboles producen frutos. Pienso que el escritor puede modificar la realidad más con sus actitudes políticas que con lo que escribe. La influencia de la imagen de un escritor puede promover causas sociales en su contemporaneidad. La literatura tiene un efecto mucho más lento, pero puede llegar a modificar el espíritu de un pueblo: España le debe más al Quijote que la mayoría de sus gobernantes pasados. La intención política nunca ha guiado lo que escribo. No soy un activista ni participo en grupos. Soy más bien un reconcentrado, un obsesivo en las dos o tres cosas que me gustan y para las que creo estar capacitado.
Es curioso que mientras la humanidad se jacta de vivir en la “era de la comunicación”, los escritores de un país y otro apenas nos conocemos, incluso aunque sólo, como sucede, estemos separados por un par de metros de frontera ¿Cuáles crees que son los mayores problemas que impiden que en cada uno de nuestros países conozcamos lo que se escribe en otras naciones del continente?
Básicamente la incomunicación se debe a la política de las empresas editoriales trasnacionales y a los grupos de poder editorial, que cierran las puertas a “los otros”; también se debe a los conciliábulos de los que se reparten el pastel de los premios, de los espacios editoriales, personajes que se apropian de territorios como los animales que orinan para marcar sus terrenos. El comercio domina la escena mundial. Ya son pocas las editoriales literarias serias, dispuestas a apostar por propuestas innovadoras. Alguien lo dijo: Si hoy se intentara publicar un Ulises o Rayuela, posiblemente no encontraría editor.
Roa Bastos habló de América Latina como una vieja dama que, de tiempo en otros escritores, consideraba que en esta parte del mundo bien poco ha cambiado nuestra realidad social, primando (cuando se la mira desde otras latitudes) una incómoda e idílica aureola que mezcla el exotismo, la falta de información y hasta las ilusiones políticas e ideológicas. Mirándola desde tu propia obra ¿cómo sería esa América por ti ficcionada?
Más allá de mi primera novela, lo que escribo indaga allende el exotismo y el folclorismo: busca ficcionalizar la vida de personas, no de nacionalidades o territorios, me importa la intimidad, me interesa cómo interactúan los personajes, cómo viven, mueren, aman. Mi centro de interés es la mujer y sus complejidades, así como el amor y el erotismo.
Otro de los tópicos que solemos escuchar parece indicar que después del boom, en materia literaria, no ha habido nada importante en Latinoamérica. ¿Qué piensas?
Claro que ha habido mucho más. Lo que pasa es que no se ha difundido. Más allá de García Márquez, Fernando Vallejo, Héctor Abad Faciolincie, Jorge Franco Ramos, Santiago Gamboa y Mario Mendoza, para sólo nombrar a los más mencionados fuera del país, ¿puede hablarse de una narrativa colombiana?
Los que mencionas son los que se han proyectado a nivel internacional. Hay otros, que yo llamaría de primera división: poseen una obra que me parece deslumbrante, poderosa: William Ospina, Evelio Rosero, Tomás González.
Un amigo escritor mexicano me comentó en privado que, lamentablemente, México es “una olla de grillos donde cada grillo cree que su canto es el mejor y se pasa el tiempo haciéndole grilladas a los demás para que no se oiga el canto ajeno”. Sé que durante mucho tiempo has librado una batalla tozuda contra cosas que en México funcionan mal, a pesar de ser uno de los países de América donde más becas, ayudas y cosas por el estilo están creadas para los escritores. Háblame, en toda la extensión que desees, sobre el porqué de esa lucha.
México es un país maleado de raíz, de arriba abajo, en el que la eficiencia política del sistema está basada en la capacidad de corrupción de sus funcionarios. Si llegara un político honrado al poder duraría lo que un suspiro. En el campo cultural se ha creado un sistema por medio del cual se capta y corrompe a los artistas, se les da una especie de sueldo, a veces vitalicio, se les corta las alas y terminan creando un arte sin energía, sin capacidad de crítica, sin temperamento. Y eso mismo sucede en las instituciones culturales, en las empresas editoriales. Si criticas, te manchas, te excluyen, te convierten en apestado. Las grandes empresas editoriales publican literatura mediocre porque le tienen miedo a los trasgresores, y además porque prefieren publicar a los amigos, a los mansos, a los funcionarios con debilidades literarias, a las actrices de telenovelas, a las señoras ricas. La grieta por la que se pueden colar los buenos escritores y los buenos artistas, son las editoriales universitarias y las editoriales independientes.
Parte 2 De su obra y otros ámbitos
En algún lado he leído que has dicho que la literatura para ti es, también, juego, reto. Pero no sólo el ámbito de la historia, sino también del lenguaje. ¿Cómo ocurre ese juego?
La literatura es para mí un juego con la realidad, un juego riesgoso, pues implica la subversión de lo existente y el intento de imponer una nueva lógica, la lógica del creador, que de alguna manera compite con lo ya creado. El oficio de la literatura es una especie de oficio de Caín: pretende traicionar lo convencional, lo dado. La literatura es un invento que ayuda a vivir. Todos los auténticos creadores enfrentan la oposición de sus contemporáneos. Esto suena sentencioso y pretencioso, pero si uno no aspira a lo absoluto, sin duda no alcanzará a conquistar ni la más nimia meta.
Se cuenta que ya en una tablilla de tiempos del rey Hammurabi un escriba se quejaba de que ya todo estaba escrito. ¿Qué temas persiguen al escritor que eres y, en especial, cómo haces para que sea nuevo, para que no parezca un asunto trillado?
No todo está escrito: cada día nacen nuevos códigos que hay que descifrar. El libro del universo macro y microscópico se renueva día a día. Si el universo fuera limitado y el cerebro humano hubiera revelado todos sus secretos, sí podríamos decir que todo está escrito. Pero no es así. El misterio del universo es tan vasto y el cerebro tan complejo, que no dudo que el hombre jamás pueda abarcarlo. Lo que sí está escrito es el universo, como está escrito el hombre, y al hombre le corresponde descifrarlo y descifrarse o por lo menos intentarlo. La literatura y la ciencia son luchas contra el universo, es decir, contra el absoluto: luchas indispensables pero luchas perdidas de antemano, que sin embargo hay que afrontar: si no se afrontaran la vida carecería de sentido. Cada vez que nace un nuevo ser humano nace algo nuevo, inédito. Cada invento es una cuña que abre los ámbitos cerrados del universo.
Me gustaría destacar ese momento en que escribes Breve historia de todas las cosas y comienzan a compararte con tu compatriota Gabriel García Márquez. Y lo destaco porque creo que existe un antes y un después de esa novela. Cuenta a los lectores de OtroLunes qué sucedió y porque ese antes y ese después en tu carrera literaria.
Escribí esa novela cuando tenía 24 años, le entregué el manuscrito al escritor argentino Eduardo Gudiño Kieffer, que pasó por Cali. Gudiño la leyó en el viaje de Cali a Buenos Aires, allí se la entregó Daniel Divinski, editor de Quino y Umberto Eco, uno de los editores más importantes de Latinoamérica. La leyó inmediatamente y en menos de una semana tenía en mis manos un contrato. Divinski escribió en la contraportada del libro que mi novela era mejor que Cien años de soledad. Y ahí comenzó mi carrera, mi mala y mi buena fama. La novela la leyó García Márquez y le gustó, me llamó para decírmelo, pero también me dijo que nunca me iba a recomendar porque eso me perjudicaría. Hubo gran revuelo crítico en muchos países. Unos pocos críticos señalaron que la obra era una especie de semi plagio. Contra eso se levantaron otros, la mayoría. Pero quedé marcado por esa especie de mancha y algunos lectores se quedaron con la idea de que yo era un segundón y un imitador. La novela apareció en 1975, luego hubo una nueva edición en 1979, con un tiraje de 25 000 ejemplares, en Plaza y Janés de Colombia. Después me olvidé de la novela y quedó sepultada por el paso de los años. Escribí muchos otros libros, que tuvieron en general gran éxito crítico y no mucha difusión. En el año 2008 me encontré con García Márquez y él me preguntó qué había pasado con Breve historia de todas las cosas. Le dije que ya no me interesaba esa novela, que la había olvidado y no pensaba reeditarla. Me respondió: “¡Pendejo, es lo mejor que has escrito en tu vida! No creo que vuelvas a escribir nada a ese nivel”. Y me recomendó: “Revísala y vuelve a publicarla”. Lo hice, se publicó con nuevo nombre, Historia de todas las cosas, en coedición de Trama Editorial de Madrid y Educación y Cultura de México. El resultado fue un auténtico alud de comentarios muy positivos de parte de personas muy autorizadas: “Obra maestra, lo mejor que ha producido la literatura latinoamericana en décadas, la nueva picaresca latinoamericana, Garramuño hizo con el realismo mágico lo que hizo Cervantes con las novelas de caballerías, etc”. Los comentarios fueron tan altisonantes que tuve que inventarme un crítico literario para que escribiera en contra de la novela.
El cuento es, lamentablemente, un género que va de capa caída en el actual mundo comercial del libro, a pesar de que América Latina es, históricamente, una tierra de cuentistas. ¿Qué territorios del idioma y de la historia puedes recorrer en el cuento que te hace escoger ese género en vez de dejar esa historia para una novela?
Para mí los cuentos son como tajadas de vida, como iluminaciones, como instantes, que no requieren un desarrollo sino una cristalización, algo como el descubrimiento de una cifra o una clave, la revelación de un secreto. Las novelas para mí son como tesis de grado sobre la vida, toda una concepción del mundo, toda una recreación de ambientes, de personajes, de historias con sus necesarias ramificaciones: las novelas son como árboles bajo cuya sombra se puede abrigar todo un mundo. Los cuentos una revelación súbita que le sucede a una sola persona o a un grupo pequeño de personas.
Una pregunta clásica: ¿cómo es una semana normal en la vida de Marco Tulio Aguilera Garramuño?
Lunes, martes, jueves y sábado: voy a entrenamiento de natación de 9 45 a 10 30; luego permanezco en la oficina de la Editorial de la Universidad Veracruzana, donde trabajo desde hace más de 30 años, de 11 30 a 1 30; a las 2 pm almuerzo con mi esposa; 230 a 3 pm la llevo al trabajo; 4 a 5 pm, duermo una siesta; 6 pm a 9 pm trabajo en asuntos editoriales; 9 10: voy por mi esposa al trabajo. De 10 a doce de la noche: pendejear. Habitualmente duermo por la noche seis horas. Martes, viernes y domingo: no voy a natación sino a baloncesto. Estas rutinas sólo varían cuando salgo de viaje a asuntos literarios o a competencias de natación. No hago casi salidas nocturnas, no recibo visitas, no voy a fiestas: casi siempre estoy cansado y prefiero estar en casa.
Quien se acerca a tu vida desde afuera lo primero que nota es que te gustan los retos, el deporte; a tus años eres medallista de natación en los campeonatos nacionales de México; además te gusta decir lo que piensas sin calcular si a alguien le va a sentar bien o mal lo que digas…, es decir, transitar tu vida en sus límites más libres y riesgosos. ¿Qué le ha aportado ese sentido de la vida al escritor que eres?
Lo que ha aportado a mi vida mi carácter agresivo, competitivo, sincero hasta extremos peligrosos, es básicamente libertad (nadie me invita a comités, direcciones, reuniones de sindicatos, juntas); me ha aportado también muchos malquerientes y algunas personas valiosas que me quieren y me respetan. También se me han cerrado las puertas de muchas editoriales, he ganado fama de intolerante, no tengo acceso a las prebendas institucionales de la cultura mexicana ni de la mexicana. Recibo pocas invitaciones porque no soy persona de obsecuencias o discursos oficiales.
Llega el momento de hacerte la pregunta que siempre presentamos a nuestros entrevistados con la clara intención de que, como padre de la criatura, describas a los lectores por qué deberían leer tus libros. Yo mencionaré algunos de tus títulos y tú ofreces esa razón.
El pollo que no quiso ser gallo: Todos los niños que han leído los cuentos de este libro piden que se los lean una y otra vez, una y otra vez, no se aburren de escuchar los mismos cuentos. Cuentos para después y Cuentos para de hacer el amor… ¿qué diferencia a estos dos libros?: Son cuentos intensos donde se dice sobre el amor y el erotismo lo que muy pocos escritores han dicho. Aves del paraíso: Es un libro que no existe. Breve historia de todas las cosas: Todo el poder de una imaginación juvenil aplicada a una realidad impresionantemente rica: la de San Isidro de el General. Paraísos hostiles: Un libro escrito con disciplina absoluta en el que intenté poner la palabra justa, lo que a veces me llevaba a gastar una hora en pensar una palabra. La idea era pintar el infierno en la tierra. Mujeres amadas: Un protagonista macho jugando a ser Scherezada: contándole sus historias de amor pasadas, truculentas y tiernas, a una mujer extremadamente (y falsamente) púdica. El juego de las seducciones: Es la historia de mi esquizofrenia precoz. Los placeres perdidos: El discurrir de un personaje renacentista y angélico por la ciudad de Cali. La noches de Ventura (ó Buenabestia): El libro del desafuero, de la insaciabilidad. La hermosa vida: Lo mejor y lo peor de la vida de un escritor. La pequeña maestra de violín: Relaciones de la música con el amor y la literatura. Alquimia popular: Mi primer libro de cuentos (fallido). Agua clara en el Alto Amazonas: Mi nostalgia por la vida silvestre y mi deseo de desaparecer del mundo civilizado.
¿Y el periodista que también eres? ¿Dónde se manifiesta? ¿O ha tenido que plegarse a ir a la zaga de tu carrera como escritor?
En mi vida ha habido periodos para todo. En la actualidad ejerzo una especie de periodismo literario en mi blog Descabezadero http://www.mistercolombias.blogspot.com Que se lee bastante y en muchos países.
Finalmente, pregunta socorrida, pero siempre necesaria: ¿qué escribes actualmente?
Actualmente no estoy escribiendo nada y no voy a hacerlo posiblemente en dos años. Acabo de terminar, en dos años de absoluta libertad que me dio la Universidad Veracruzana, dos novelas: El sentido de la melancolía y Sin máscara frente al espejo. A la primera ya le estoy buscando editor. La segunda necesita una corrección final. Estas dos novelas forman parte de un proyecto grande, que he llamado El libro de la vida. Está formado por cuatro libros ya publicados: Mujeres amadas, Las noches de Ventura, La pequeña maestra de violín y La hermosa vida. Luego viene una novela que decidí eliminar (provisionalmente): La plenitud del amor. Inéditas quedan La insaciablilidad (que sale el próximo año), El sentido de la melancolía y Sin máscara frente al espejo. En total ocho novelas, que siguen la trayectoria de un personaje. Se trata de una obra del tamaño de En busca del tiempo perdido. Modestamente.
Dossier completo en...
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De Alba03: “Es imposible inventar cosas nuevas”. Conversación con el escritor colombiano Tomás González
Juan Camilo Rodríguez y María Ignacia Schulz
Martes, 10 Diciembre 2013
Tomás González, considerado el secreto mejor guardado de la literatura colombiana, conversó con alba sobre los elementos que intencionalmente se repiten en su obra, su relación personal con Europa y su profundo respeto por la poesía que lo lleva a la reescritura constante de Manglares, su único libro de poemas.[1]
J: Tomás, vienen dos libros tuyos...
TG: Sí. El de cuentos sale en diciembre de 2012 y una novela a finales del 2013.[2] La novela, Temporal, sucede en el golfo de Morrosquillo. El de cuentos, El lejano amor de los extraños, tiene el título de uno de los cuentos, que son de amor y desamor, un tema en el que se insiste e insistirá mientras haya literatura o arte en general, igual que en el de la muerte. Llevaba mucho tiempo bregándole a esos cuentos. El cuento corto es muy difícil, y no lograba terminarlos o sentir que los había terminado.
J: Hablemos un poco de tus obras. En Los caballitos del diablo apreciamos un trabajo explícito con el lenguaje; la cadencia y el ritmo son protagonistas.
TG: En esta novela traté de olvidarme de la trama propiamente dicha y ensayé que el desarrollo fuera producido por el ritmo, que se fuera abriendo a medida que el ritmo iba agarrando resonancia. Por eso la parte musical es más importante. Yo quería que la novela participara más de la música que de la historia. A veces es agobiante tener que inventar una historia y hacer todo el trabajo de arquitectura, mampostería, plomería y demás.
M: ¿Estás contento con el resultado?
TG: Sí, porque hice lo que me había propuesto hacer. Lo que pasa es que esta novela es más compleja de leer que mis otras novelas. La música del lenguaje juega un papel más importante para el avance del tiempo que el desarrollo de la trama, y por eso resulta más exigente para el lector.
M: La novela podría interpretarse como demasiado intelectual, ¿no se genera cierta barrera entre ella y el lector?
TG: Es posible que eso ocurra, pero prefiero no considerarlo un problema sino una característica del libro. Todo va en el gusto de cada lector. Algunos podrían preferir ese tipo de aproximación que para otros sería barrera. Tal vez la mayoría prefiera un acercamiento más directo, como en La luz difícil, donde el sentimiento está más cerca, se toca. En Los caballitos del diablohay que pasar un poco por el trabajo estético, que es intelectual e implica un mayor esfuerzo de parte del lector. Yo hubiera preferido que me salieran las dos cosas al tiempo, pero no siempre se puede.
J: Leyendo tu novela Primero estaba el mar, para un colombiano es fácil pensar en un finquero de ciudad, versión hippie de Arturo Cova[3], lector y aventurero. Esta historia se lee ahora desde fuera y también toca una fibra honda de los lectores. ¿Qué hay de universal en ella?
TG: Creo que es la nostalgia por el paraíso. La búsqueda de eso que todos perdimos. La ilusión de que en algún momento uno va a poder volver a entrar al paraíso terrenal. Es una búsqueda que repetimos una y otra vez, y así pasamos cada vez por la misma tragedia: buscamos la felicidad y más bien encontramos la muerte.
J: A diferencia de la edición en español, la edición alemana de Primero estaba el mar explica que J. es tu hermano y hasta nos da el lugar específico de la historia. El libro en español dejaba que el lector soñara o coligiera el lugar y no aclaraba que algún familiar estuviera ahí. ¿Qué tanto apruebas y qué tanto crees que sea pertinente insistir en lo biográfico?
TG: Eso fue más bien decisión de Peter Schulze-Kraft, su traductor, quien consideró muy importante incluir esa información en la versión alemana. Yo soy de la opinión de que una novela no necesita más información que la novela misma, y en una edición española me opondría a cualquier tipo de prólogo o información adicional, pero Peter insistió en que había que tenderle una especie de puente al lector alemán, y yo confío en su criterio.
J: Es difícil no leer esta novela como fundacional. Muchos temas que resurgirán en otros libros tuyos (cementerios, plantas, grietas, orillas, fuerza de la vida, muerte, familias y casas) están ahí. Tú ya has dicho que te repites deliberadamente, ¿cómo se ha ido construyendo esa sucesión de temas y cómo los has hecho tuyos?
TG: Es como un caleidoscopio. Los mismos elementos están siempre allí, pero las circunstancias cambian y el dibujo se hace completamente distinto con cada giro. Es imposible inventar cosas nuevas, uno tiene lo que tiene y es sobre ese mismo material que se trabaja contando distintas historias. La luz dificil y Primero estaba el mar tienen las obsesiones que mencionas, pero las historias son muy distintas una de la otra, aunque los elementos sean el amor por la vegetación, el amor por el mar, la frontera con la muerte, etc.
J: Tomás, vienen dos libros tuyos...
TG: Sí. El de cuentos sale en diciembre de 2012 y una novela a finales del 2013.[2] La novela, Temporal, sucede en el golfo de Morrosquillo. El de cuentos, El lejano amor de los extraños, tiene el título de uno de los cuentos, que son de amor y desamor, un tema en el que se insiste e insistirá mientras haya literatura o arte en general, igual que en el de la muerte. Llevaba mucho tiempo bregándole a esos cuentos. El cuento corto es muy difícil, y no lograba terminarlos o sentir que los había terminado.
J: Hablemos un poco de tus obras. En Los caballitos del diablo apreciamos un trabajo explícito con el lenguaje; la cadencia y el ritmo son protagonistas.
TG: En esta novela traté de olvidarme de la trama propiamente dicha y ensayé que el desarrollo fuera producido por el ritmo, que se fuera abriendo a medida que el ritmo iba agarrando resonancia. Por eso la parte musical es más importante. Yo quería que la novela participara más de la música que de la historia. A veces es agobiante tener que inventar una historia y hacer todo el trabajo de arquitectura, mampostería, plomería y demás.
M: ¿Estás contento con el resultado?
TG: Sí, porque hice lo que me había propuesto hacer. Lo que pasa es que esta novela es más compleja de leer que mis otras novelas. La música del lenguaje juega un papel más importante para el avance del tiempo que el desarrollo de la trama, y por eso resulta más exigente para el lector.
M: La novela podría interpretarse como demasiado intelectual, ¿no se genera cierta barrera entre ella y el lector?
TG: Es posible que eso ocurra, pero prefiero no considerarlo un problema sino una característica del libro. Todo va en el gusto de cada lector. Algunos podrían preferir ese tipo de aproximación que para otros sería barrera. Tal vez la mayoría prefiera un acercamiento más directo, como en La luz difícil, donde el sentimiento está más cerca, se toca. En Los caballitos del diablohay que pasar un poco por el trabajo estético, que es intelectual e implica un mayor esfuerzo de parte del lector. Yo hubiera preferido que me salieran las dos cosas al tiempo, pero no siempre se puede.
J: Leyendo tu novela Primero estaba el mar, para un colombiano es fácil pensar en un finquero de ciudad, versión hippie de Arturo Cova[3], lector y aventurero. Esta historia se lee ahora desde fuera y también toca una fibra honda de los lectores. ¿Qué hay de universal en ella?
TG: Creo que es la nostalgia por el paraíso. La búsqueda de eso que todos perdimos. La ilusión de que en algún momento uno va a poder volver a entrar al paraíso terrenal. Es una búsqueda que repetimos una y otra vez, y así pasamos cada vez por la misma tragedia: buscamos la felicidad y más bien encontramos la muerte.
J: A diferencia de la edición en español, la edición alemana de Primero estaba el mar explica que J. es tu hermano y hasta nos da el lugar específico de la historia. El libro en español dejaba que el lector soñara o coligiera el lugar y no aclaraba que algún familiar estuviera ahí. ¿Qué tanto apruebas y qué tanto crees que sea pertinente insistir en lo biográfico?
TG: Eso fue más bien decisión de Peter Schulze-Kraft, su traductor, quien consideró muy importante incluir esa información en la versión alemana. Yo soy de la opinión de que una novela no necesita más información que la novela misma, y en una edición española me opondría a cualquier tipo de prólogo o información adicional, pero Peter insistió en que había que tenderle una especie de puente al lector alemán, y yo confío en su criterio.
J: Es difícil no leer esta novela como fundacional. Muchos temas que resurgirán en otros libros tuyos (cementerios, plantas, grietas, orillas, fuerza de la vida, muerte, familias y casas) están ahí. Tú ya has dicho que te repites deliberadamente, ¿cómo se ha ido construyendo esa sucesión de temas y cómo los has hecho tuyos?
TG: Es como un caleidoscopio. Los mismos elementos están siempre allí, pero las circunstancias cambian y el dibujo se hace completamente distinto con cada giro. Es imposible inventar cosas nuevas, uno tiene lo que tiene y es sobre ese mismo material que se trabaja contando distintas historias. La luz dificil y Primero estaba el mar tienen las obsesiones que mencionas, pero las historias son muy distintas una de la otra, aunque los elementos sean el amor por la vegetación, el amor por el mar, la frontera con la muerte, etc.
J: Desde el mismo epígrafe de Primero estaba el mar está ese aire arquetípico. La vida resurge y todo suenaa cuento ancestral.
TG: Sí, y de sentimiento religioso también, místico. Es el mismo que se mantiene en los otros libros y el mismo que mantengo en mi práctica de Zen. Es la conciencia de posibilidad de tocar el infinito en los poemas y en las novelas, de llegar a ese límite donde el individuo alcanza el punto donde va a dejar de ser individuo. Siempre he buscado que los acontecimientos concretos y pequeños de los personajes estén enmarcados en esta perspectiva profunda, mística. Para mí la literatura que vale la pena es la que lo intenta y lo logra. Por eso no puedo sentir respeto por esos enredijos de trama que buscan agarrar del cuello al lector, vender millones de ejemplares y ganarse algún premio multimillonario. Para mí eso es mala literatura, por muy bien escrita que esté. No es suficiente con escribir bien.
J: Muchas de tus novelas narran hechos violentos y muertes, pero tal vez ninguna tan brutal y feroz como Para antes del olvido al narrar hechos de la Primera Guerra Mundial. Si entendemos tu obra como una reflexión sobre la convivencia con la violencia, "sorprende" (y que sean claras las comillas) que sea en Europa donde esta violencia es más explícita y arrasadora.
TG: Siempre me ha molestado que los europeos tengan la tendencia a considerar que la violencia de nosotros es distinta a la de ellos. Incluso le dicen a uno que qué es lo que tiene el agua en Colombia, que nos hace tan violentos. Esto viniendo de sociedades donde la violencia ha sido infinitamente mayor que la de nuestros países. El gobierno de Estados Unidos ordenó lanzarles bombas atómicas a dos ciudades, es decir, ordenó matar 200000 personas en diez minutos. ¿Cuándo hemos nosotros asesinado de esa forma? Y no porque no esté en nosotros hacerlo, pues eso está en el ser humano, sino porque no tenemos la tecnología. Las matanzas durante la Primera Guerra y después, muy poco después, en la Segunda, fueron a gran escala, el infierno absoluto. Por eso molesta la buena conciencia de la que a veces sufren personas que por lo demás uno estima mucho. Esas personas sinceramente piensan que nosotros en Colombia tenemos algún problema psicológico que ellas no tienen. Lo cual es absurdo. En Europa desde hace muchos siglos, milenios, vienen desatándose periódicamente los horrores más profundos y masivos. Algo en el agua, tal vez.
M: Ya has comentado que Europa te parece muy oscura, asfixiante, te sientes muy extranjero aquí. ¿Es Europa una posibilidad en el futuro?
TG: Yo no podría vivir en Europa, pues por algún motivo me produce tristeza. Tal vez sea la casualidad de que he venido siempre en otoño, entonces no sé cómo es aquí el verano ni la primavera. No conozco la parte más luminosa. Hace apenas dos o tres años me hubiera encantado vivir un año en Berlín, que es la ciudad que me gusta –la menos oscura, a mi modo de ver, y eso a pesar de la historia que tiene–. Ya no. Me cuesta mucho trabajo ya salir de mis montañas. Y si me viera obligado a irme de mi país, elegiría Nueva York o tal vez Nueva Orleans.
J: ¿Continuamos con Para antes del olvido? Desde el título se hace explícito el deseo de rescatar con la memoria y la literatura a seres que se quieren. ¿Cumple la literatura esta función?
TG En Para antes del olvido lo que yo buscaba era más bien mostrar dónde se empieza a perder esa memoria, el punto donde se empieza a disolver el recuerdo y, con él, la realidad.
J: Sí, la palabra "disolución" se repite mucho...
TG: Sí. Y ésa era la meta de la novela. Se trataba de mostrar el punto donde la destrucción y la construcción son idénticas en apariencia. Cuando se levanta una catedral y se está en la mitad de su construcción su apariencia es muy parecida a la de una que se está derruyendo y va a mitad de camino hacia su destrucción. Allí era donde yo quería llegar: al punto donde pareciera lo mismo, pero en realidad se fuera hacia el olvido.
J: Revisando tu obra uno ve muchas familias en casas de campo, como en La historia de Horacio. En este caso el recuerdo tiene algo de idílico y cálido...
TG: Es por el hecho de que se reproduce mi infancia. Esa calidez que mencionas es el cariño que se le tiene a lo que se vivió entre los seis y catorce años. Esa magia no vuelve y tampoco ese terror.
M: Abraham entre bandidos es, por su parte, una novela estrechamente relacionada con la realidad política colombiana, la época de la Violencia. Con tantas obras escritas sobre el tema, ¿no pensaste que el lector ya estaba cansado de este tipo de relatos?
TG: Yo sabía que la gente estaba muy cansada de eso, pero era una historia que me venía dando vueltas desde hacía veinte años. Y no había logrado escribirla bien. Había hecho ya dos ensayos; o sea que me daba lo mismo si le gustaba o no a la gente. Yo quería terminarla por fin. Pienso que el de la violencia política de los años cincuenta va a ser un tema eterno en Colombia. Cada escritor en algún momento va a querer escribir su versión de cómo sintió esa violencia.
M: Resultó un libro muy preciso en la descripción de los personajes y de las situaciones.
TG: Me documenté bien. Se hn escrito cosas muy buenas y muy vívidas sobre la Violencia. Leí mucho y de ahí salieron algunos personajes. También estaban las historias que contaban en la época de mi niñez, en la finca de mi abuela –en Santuario, Risaralda– sobre los horrores que habian ocurrido en aquella región. Recuerdo ahora la historia de la muchacha vecina que se encontró un costal por un camino, lo abrió y resultó que había estado lleno de cabezas humanas cercenadas. A causa de la impresión empezó a perder la pigmentación de la piel. Se puso carateja. Había muchas historias de ese calibre que nos contaban a los niños.
J: En La luz difícil, que tiene varias alusiones a tu poemario Manglares, se narra cómo todo confluye: cómo el dolor y la muerte residen con la vida y la alegría. Aquí se hace explícita una estética común a tu obra. ¿Cómo se fue construyendo y haciendo evidente?
TG: Al principio fue todo intuitivo; fui avanzando y de cierto tiempo para acá he empezado a contemplar lo que he hecho, a mirarlo desde afuera, como si yo fuera un crítico. He visto los elementos que se repiten y que me obsesionan y ya los empiezo a utilizar intencionalmente para ver qué pasa, si haciéndolo puedo explorar otros territorios. Mirar cómo se pueden abrir mis posibilidades futuras de escritura, a dónde me pueden llevar, o cómo tomar posesión de las herramientas que fui creando intuitivamente. No sé si sea bueno o malo, la demasiada conciencia de lo que se hace no siempre es beneficiosa, pero hay que ensayar y ver lo que pasa.
M: Entre la publicación de Abraham entre bandidos y de La luz difícil hay muy poco tiempo. Pero entre la mayoría de tus obras siempre hay mínimo tres años, ¿trabajaste en La luz difícil antes?
TG: Creo que sí. El tema de la ancianidad de David, que es el protagonista, lo venía pensando desde antes. Quería hacer una novela sobre David anciano, pero no sabía más. Pensé que su vejez iba a ser en uno de esos apartamentos frente al mar, en Coney Island, pero me vine a Colombia y me di cuenta de que no iba a ser así. Conmigo se vino David, que terminó por alcanzar su ancianidad avanzada en La Mesa de Juan Díaz (municipio en el departamento de Cundinamarca en Colombia). Y ahí ya se aclaró todo: en ese momento me llegó la anécdota de este muchacho que se accidenta, y se fueron juntando las piezas de la novela. Pero venía desde hace mucho rato pensando en eso, en el asunto de la ancianidad. Para mí, ese era el tema principal.
J: Ya hemos hablado del amor que subyace en la novela; otro elemento es el humor, algo así como el chiste que se hace en un velorio de un ser querido, un chiste que resume el amor que le tenemos. ¿Cómo se da ese humor?
TG: El sentido del humor es una herramienta de supervivencia muy grande que tiene este animal que llamamos ser humano. Con la risa se saca uno el clavo de la muerte y de todo. El humor es liberador.
M: En Manglares se observa un proceso consciente de escritura. Poemas aparecen y desaparecen, algunos son objetos de profundas transformaciones. ¿Es tu propio juego con el lector o contigo mismo?
TG: No, no es con los lectores, es conmigo más bien. Creo que cada versión refleja lo que yo soy en ese momento. Seguramente ya no me estaba sintiendo muy reflejado en los poemas que salieron o que se transformaron. Prefiero que el libro me refleje tal como te lo mandé y no con los poemas que saqué.
M: ¿Por qué esa necesidad de tener una obra en creación constante precisamente con la poesía y no con otros géneros?
TG: Porque yo me siento más reflejado en poesía. En novela hay una cosa indirecta: estoy creando un personaje y ese soy yo en cierto modo, pero no completamente. Y como siempre uno cambia, entonces a medida que yo cambio, el libro va a ir cambiando. Esa era la idea.
M: Tú has expresado tu respeto por la poesía, te parece de los géneros más difíciles. ¿Hay cierto temor por sacar un libro de poesía concluido o es una estrategia que le pide comprensión al lector?
TG: Son las dos cosas. Por un lado es como si dijera: "Esto es provisional, pero aquí pueden ver de lo que sería capaz después. Denme tiempo". Por el otro, pienso que terminar un libro es un poco triste, fúnebre. Tenerlo siempre inconcluso hace que esté más vivo. Y hay la posibilidad de que los poemas vayan a quedar mucho mejores. Está vivo también en ese sentido. Vivo en todos los sentidos.
M: ¿Es Manglares tu libro?
TG: (Silencio). De poesía, sí.
M: Sólo tienes uno de poesía (risas). ¿Y de narrativa?
TG: No tengo favoritos. Ahora estoy escribiendo otra novela, pero me preocupa que en ella tengo a otro señor viviendo en otra finca. Tal vez sea que ya no puedo dejar de escribir sobre señores en fincas porque ya no voy conociendo nada más. Y compré una que tiene cuatro lagos, como en Los caballitos del diablo, pero fue coincidencia. Una amiga que llegó el otro día allá me dijo que yo estaba viviendo en la novela. Tengo un cuarto lleno de pinturas también. Es inevitable que cosas así pasen, porque si uno escribe sobre algo, es porque le interesó y, cuando realmente lo tiene en la vida, pues pone los cuadros que había puesto en el libro.
M: Finalicemos hablando un poco de la crítica. La crítica positiva que recibiste por Primero estaba el mar te motivó a seguir escribiendo, comentaste en una entrevista. En estos momentos, con casi una decena de libros publicados, con cierto público que te aprecia –tanto en Colombia como afuera– ¿qué papel juega para tí la crítica?
TG: Me orienta. Me orienta para lo que voy a escribir ahora, para lo que voy a empezar a trabajar. Mal que bien puedo ver los puntos más débiles de mi trabajo y también los puntos fuertes. La crítica me ayuda a tenerlos en cuenta para lo que estoy haciendo. Prestándole atención a la crítica estoy oyendo a los lectores, pues un crítico no es más que un lector que sabe expresar muy bien sus opiniones.
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[1] El poemario Manglares tiene dos ediciones publicadas (1997 y 2006). La tercera, bajo el sello editorial Alfaguara (Colombia, 2013), salió aproximadamente un año después de nuestro encuentro con Tomás González en Berlín, en otoño del 2012. Cada edición es revisada y por lo tanto diferente en cuanto a los poemas que incluyen.
[2] El libro de cuentos El lejano amor de los extraños se publicó en noviembre del 2012 y la novela Temporal en septiembre del 2013, ambos por Alfaguara (Colombia).
[3] Protagonista de la novela La Vorágine (1924) del escritor colombiano José Eustasio Rivera (1888-1928).
TG: Sí, y de sentimiento religioso también, místico. Es el mismo que se mantiene en los otros libros y el mismo que mantengo en mi práctica de Zen. Es la conciencia de posibilidad de tocar el infinito en los poemas y en las novelas, de llegar a ese límite donde el individuo alcanza el punto donde va a dejar de ser individuo. Siempre he buscado que los acontecimientos concretos y pequeños de los personajes estén enmarcados en esta perspectiva profunda, mística. Para mí la literatura que vale la pena es la que lo intenta y lo logra. Por eso no puedo sentir respeto por esos enredijos de trama que buscan agarrar del cuello al lector, vender millones de ejemplares y ganarse algún premio multimillonario. Para mí eso es mala literatura, por muy bien escrita que esté. No es suficiente con escribir bien.
J: Muchas de tus novelas narran hechos violentos y muertes, pero tal vez ninguna tan brutal y feroz como Para antes del olvido al narrar hechos de la Primera Guerra Mundial. Si entendemos tu obra como una reflexión sobre la convivencia con la violencia, "sorprende" (y que sean claras las comillas) que sea en Europa donde esta violencia es más explícita y arrasadora.
TG: Siempre me ha molestado que los europeos tengan la tendencia a considerar que la violencia de nosotros es distinta a la de ellos. Incluso le dicen a uno que qué es lo que tiene el agua en Colombia, que nos hace tan violentos. Esto viniendo de sociedades donde la violencia ha sido infinitamente mayor que la de nuestros países. El gobierno de Estados Unidos ordenó lanzarles bombas atómicas a dos ciudades, es decir, ordenó matar 200000 personas en diez minutos. ¿Cuándo hemos nosotros asesinado de esa forma? Y no porque no esté en nosotros hacerlo, pues eso está en el ser humano, sino porque no tenemos la tecnología. Las matanzas durante la Primera Guerra y después, muy poco después, en la Segunda, fueron a gran escala, el infierno absoluto. Por eso molesta la buena conciencia de la que a veces sufren personas que por lo demás uno estima mucho. Esas personas sinceramente piensan que nosotros en Colombia tenemos algún problema psicológico que ellas no tienen. Lo cual es absurdo. En Europa desde hace muchos siglos, milenios, vienen desatándose periódicamente los horrores más profundos y masivos. Algo en el agua, tal vez.
M: Ya has comentado que Europa te parece muy oscura, asfixiante, te sientes muy extranjero aquí. ¿Es Europa una posibilidad en el futuro?
TG: Yo no podría vivir en Europa, pues por algún motivo me produce tristeza. Tal vez sea la casualidad de que he venido siempre en otoño, entonces no sé cómo es aquí el verano ni la primavera. No conozco la parte más luminosa. Hace apenas dos o tres años me hubiera encantado vivir un año en Berlín, que es la ciudad que me gusta –la menos oscura, a mi modo de ver, y eso a pesar de la historia que tiene–. Ya no. Me cuesta mucho trabajo ya salir de mis montañas. Y si me viera obligado a irme de mi país, elegiría Nueva York o tal vez Nueva Orleans.
J: ¿Continuamos con Para antes del olvido? Desde el título se hace explícito el deseo de rescatar con la memoria y la literatura a seres que se quieren. ¿Cumple la literatura esta función?
TG En Para antes del olvido lo que yo buscaba era más bien mostrar dónde se empieza a perder esa memoria, el punto donde se empieza a disolver el recuerdo y, con él, la realidad.
J: Sí, la palabra "disolución" se repite mucho...
TG: Sí. Y ésa era la meta de la novela. Se trataba de mostrar el punto donde la destrucción y la construcción son idénticas en apariencia. Cuando se levanta una catedral y se está en la mitad de su construcción su apariencia es muy parecida a la de una que se está derruyendo y va a mitad de camino hacia su destrucción. Allí era donde yo quería llegar: al punto donde pareciera lo mismo, pero en realidad se fuera hacia el olvido.
J: Revisando tu obra uno ve muchas familias en casas de campo, como en La historia de Horacio. En este caso el recuerdo tiene algo de idílico y cálido...
TG: Es por el hecho de que se reproduce mi infancia. Esa calidez que mencionas es el cariño que se le tiene a lo que se vivió entre los seis y catorce años. Esa magia no vuelve y tampoco ese terror.
M: Abraham entre bandidos es, por su parte, una novela estrechamente relacionada con la realidad política colombiana, la época de la Violencia. Con tantas obras escritas sobre el tema, ¿no pensaste que el lector ya estaba cansado de este tipo de relatos?
TG: Yo sabía que la gente estaba muy cansada de eso, pero era una historia que me venía dando vueltas desde hacía veinte años. Y no había logrado escribirla bien. Había hecho ya dos ensayos; o sea que me daba lo mismo si le gustaba o no a la gente. Yo quería terminarla por fin. Pienso que el de la violencia política de los años cincuenta va a ser un tema eterno en Colombia. Cada escritor en algún momento va a querer escribir su versión de cómo sintió esa violencia.
M: Resultó un libro muy preciso en la descripción de los personajes y de las situaciones.
TG: Me documenté bien. Se hn escrito cosas muy buenas y muy vívidas sobre la Violencia. Leí mucho y de ahí salieron algunos personajes. También estaban las historias que contaban en la época de mi niñez, en la finca de mi abuela –en Santuario, Risaralda– sobre los horrores que habian ocurrido en aquella región. Recuerdo ahora la historia de la muchacha vecina que se encontró un costal por un camino, lo abrió y resultó que había estado lleno de cabezas humanas cercenadas. A causa de la impresión empezó a perder la pigmentación de la piel. Se puso carateja. Había muchas historias de ese calibre que nos contaban a los niños.
J: En La luz difícil, que tiene varias alusiones a tu poemario Manglares, se narra cómo todo confluye: cómo el dolor y la muerte residen con la vida y la alegría. Aquí se hace explícita una estética común a tu obra. ¿Cómo se fue construyendo y haciendo evidente?
TG: Al principio fue todo intuitivo; fui avanzando y de cierto tiempo para acá he empezado a contemplar lo que he hecho, a mirarlo desde afuera, como si yo fuera un crítico. He visto los elementos que se repiten y que me obsesionan y ya los empiezo a utilizar intencionalmente para ver qué pasa, si haciéndolo puedo explorar otros territorios. Mirar cómo se pueden abrir mis posibilidades futuras de escritura, a dónde me pueden llevar, o cómo tomar posesión de las herramientas que fui creando intuitivamente. No sé si sea bueno o malo, la demasiada conciencia de lo que se hace no siempre es beneficiosa, pero hay que ensayar y ver lo que pasa.
M: Entre la publicación de Abraham entre bandidos y de La luz difícil hay muy poco tiempo. Pero entre la mayoría de tus obras siempre hay mínimo tres años, ¿trabajaste en La luz difícil antes?
TG: Creo que sí. El tema de la ancianidad de David, que es el protagonista, lo venía pensando desde antes. Quería hacer una novela sobre David anciano, pero no sabía más. Pensé que su vejez iba a ser en uno de esos apartamentos frente al mar, en Coney Island, pero me vine a Colombia y me di cuenta de que no iba a ser así. Conmigo se vino David, que terminó por alcanzar su ancianidad avanzada en La Mesa de Juan Díaz (municipio en el departamento de Cundinamarca en Colombia). Y ahí ya se aclaró todo: en ese momento me llegó la anécdota de este muchacho que se accidenta, y se fueron juntando las piezas de la novela. Pero venía desde hace mucho rato pensando en eso, en el asunto de la ancianidad. Para mí, ese era el tema principal.
J: Ya hemos hablado del amor que subyace en la novela; otro elemento es el humor, algo así como el chiste que se hace en un velorio de un ser querido, un chiste que resume el amor que le tenemos. ¿Cómo se da ese humor?
TG: El sentido del humor es una herramienta de supervivencia muy grande que tiene este animal que llamamos ser humano. Con la risa se saca uno el clavo de la muerte y de todo. El humor es liberador.
M: En Manglares se observa un proceso consciente de escritura. Poemas aparecen y desaparecen, algunos son objetos de profundas transformaciones. ¿Es tu propio juego con el lector o contigo mismo?
TG: No, no es con los lectores, es conmigo más bien. Creo que cada versión refleja lo que yo soy en ese momento. Seguramente ya no me estaba sintiendo muy reflejado en los poemas que salieron o que se transformaron. Prefiero que el libro me refleje tal como te lo mandé y no con los poemas que saqué.
M: ¿Por qué esa necesidad de tener una obra en creación constante precisamente con la poesía y no con otros géneros?
TG: Porque yo me siento más reflejado en poesía. En novela hay una cosa indirecta: estoy creando un personaje y ese soy yo en cierto modo, pero no completamente. Y como siempre uno cambia, entonces a medida que yo cambio, el libro va a ir cambiando. Esa era la idea.
TG: Son las dos cosas. Por un lado es como si dijera: "Esto es provisional, pero aquí pueden ver de lo que sería capaz después. Denme tiempo". Por el otro, pienso que terminar un libro es un poco triste, fúnebre. Tenerlo siempre inconcluso hace que esté más vivo. Y hay la posibilidad de que los poemas vayan a quedar mucho mejores. Está vivo también en ese sentido. Vivo en todos los sentidos.
M: ¿Es Manglares tu libro?
TG: (Silencio). De poesía, sí.
M: Sólo tienes uno de poesía (risas). ¿Y de narrativa?
TG: No tengo favoritos. Ahora estoy escribiendo otra novela, pero me preocupa que en ella tengo a otro señor viviendo en otra finca. Tal vez sea que ya no puedo dejar de escribir sobre señores en fincas porque ya no voy conociendo nada más. Y compré una que tiene cuatro lagos, como en Los caballitos del diablo, pero fue coincidencia. Una amiga que llegó el otro día allá me dijo que yo estaba viviendo en la novela. Tengo un cuarto lleno de pinturas también. Es inevitable que cosas así pasen, porque si uno escribe sobre algo, es porque le interesó y, cuando realmente lo tiene en la vida, pues pone los cuadros que había puesto en el libro.
M: Finalicemos hablando un poco de la crítica. La crítica positiva que recibiste por Primero estaba el mar te motivó a seguir escribiendo, comentaste en una entrevista. En estos momentos, con casi una decena de libros publicados, con cierto público que te aprecia –tanto en Colombia como afuera– ¿qué papel juega para tí la crítica?
TG: Me orienta. Me orienta para lo que voy a escribir ahora, para lo que voy a empezar a trabajar. Mal que bien puedo ver los puntos más débiles de mi trabajo y también los puntos fuertes. La crítica me ayuda a tenerlos en cuenta para lo que estoy haciendo. Prestándole atención a la crítica estoy oyendo a los lectores, pues un crítico no es más que un lector que sabe expresar muy bien sus opiniones.
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[1] El poemario Manglares tiene dos ediciones publicadas (1997 y 2006). La tercera, bajo el sello editorial Alfaguara (Colombia, 2013), salió aproximadamente un año después de nuestro encuentro con Tomás González en Berlín, en otoño del 2012. Cada edición es revisada y por lo tanto diferente en cuanto a los poemas que incluyen.
[2] El libro de cuentos El lejano amor de los extraños se publicó en noviembre del 2012 y la novela Temporal en septiembre del 2013, ambos por Alfaguara (Colombia).
[3] Protagonista de la novela La Vorágine (1924) del escritor colombiano José Eustasio Rivera (1888-1928).
Y una entrevista que me hizo Pablo Giordano, escritor argentino que está estrenando novela: Las Chozas, que ya leí. Intenté apoyarlo para que se publicara en México, pero los famosos "lectores" de la inominada editorial, la rechazaron. Repruebo a los "lectores", apruebo la novela: la vida entre turbulenta y feliz de muchachos en un pueblo pequeño de la provincia argentina.
Va la entrevista...
![]() | ||||||||||||||||||||||||||
| Esta es una segunda propuesta para la portada de la nueva edición de Cuentos para después de hacer el amor |
Va la entrevista...
PARA PABLO GIORDANO
Cuando el escritor colombiano Marco Tulio Aguilera Garramuño vio publicada su primera novela Breve historia de todas las cosas en Buenos Aires tenía 24 años de edad. Hubo diversas reacciones críticas, algunas excesivamente elogiosas y otras, pocas, colocándolo a la sombra de García Márquez. Seymour Menton escribió que su primera obra era lo más cercano a Cien años de soledad que se había producido en Colombia, Raymod Williams afirmó que Marco Tulio no necesitaba del boom ni de García Márquez, pues era un escritor que podía hacer su propio boom él solo, el crítico uruguayo Jorge Ruffinelli vaticinó que andando el tiempo Garramuño sería uno de los grandes de la literatura española, el mexicano Edmundo Valadés consideró que Breve historia de todas las cosas podría repetir el fenómeno de la obra mayor de García Márquez. Más de 30 años después de la primera publicación, Garramuño ha corregido y aumentado su primera novela y además le ha cambiado el título: ahora se llama Historia de todas las cosas y sus editores (Educación y Cultura de México y Trama Editorial de Madrid) apuestan por que el autor, ya maduro, ha cumplido su objetivo, de poner en circulación una novela de la calidad literaria de Cien años de soledad. Más de 30 años después de su primer publicación Garramuño ha visto editadas casi 30 títulos, que han recibido buena acogida crítica y de lectores de Latinoamérica.
- El escritor MT Aguilera Garramuño es muy conocido en América Latina pero en España no tanto, pese a que fue finalista en el premio Alfaguara de novela del año 2000 con la obra El amor y la muerte. ¿A qué cree usted que se debe esa falta de diálogo literario entre los dos continentes?
Hay que aclarar que fui finalista del Premio Alfaguara pero eso no se difundió. Fui llamado a la oficina de Marisol Schutlz, directora de Alfaguara en México. Ella me dijo que el Premio estaba entre la novela de un escritor mexicano y mi novela El amor y la muerte. Marisol me preguntó si yo estaba listo para asumir un premio del tamaño del Alfaguara, con todo lo que ello implicaba de viajes y compromisos. Le dije que naturalmente estaba listo y que desde que comencé a escribir había estado listo para todo lo que la profesión implicara. Ella me dijo que ganara o no, de todos modos la Editorial iba a publicar todas mis obras, una por una, hasta completar el catálogo completo de mis libros. No sucedió ni lo uno ni lo otro. El premio le fue concedido a La piel del cielo, de Elena Poniatowska. Mi novela fue publicada en edición limitada en Colombia y luego México no quiso reeditarla. La obra recibió crítica entusiasta y abundante en muchos países. Y eso fue todo. Luego publicaron Cuentos para después de hacer el amor en Suma de Letras México y España y El pollo que no quiso ser gallo en Alfaguara infantil. La promesa de publicar mis otros libros no se cumplió.
- Como escritor de largo recorrido ¿Cómo se define usted?
Soy una persona extremadamente disciplinada, tanto en mi trabajo como escritor, como en mi labor como lector de la Editorial de la Universidad Veracruzana y en actividades deportivas. Fui fondista en mis años universitarios en Colombia, basquetbolista en Estados Unidos y México y actualmente soy nadador de categoría máster. Participo en competencias con frecuencia y lo mínimo que he alcanzado a nivel de competencias amateur son dos medallas de plata y lo máximo seis medallas de plata y una de bronce. Mis libros los trabajo por muchos años y son el fruto de largas investigaciones y de muchas escrituras, reescrituras y correciones. Si he de definirme debo decir que soy una persona que cumple sus objetivos con una terquedad casi invulnerable.
- ¿Cuáles son sus motivaciones literarias y en qué fuentes ha bebido?
Cuando publiqué mi primera novela algunos críticos y lectores dijeron que yo era un imitador de García Márquez. Muchos otros lectores, entre ellos el mismo García Márquez negaron esto. Se me encasilló como uno de los fundadores del post boom. Creo que con el resto de mis obras, que suman casi 30 libros, he demostrado tener mi propio mundo. He tenido algunas obras que podrían calificarse como “éxitos”: por ejemplo Cuentos para después de hacer el amor, que ya lleva 14 ediciones y El pollo que no quiso ser gallo, que ya se acerca a los 40 000 ejemplares vendidos en Latinoamérica. Hay quienes me atribuyen cercanía a Henry Miller, Rabelais, Rubem Fonseca, Cabrera Infante, lo que no me molesta en lo más mínimo.
- ¿Es el narrador un mentiroso compulsivo? ¿Cuál es su relación con la sinceridad y la mentira?
El narrador es un mentiroso que descubre o busca verdades. Para mí el buen escritor es el que dice lo que nadie se atreve a decir o el que descubre lo que nadie hasta ahora ha descubierto. Como persona pública practico una sinceridad a veces insultante; como critico literario no me permito nunca adular buscando mi propio interés. Tengo una costumbre que a veces puede parecer chocante: defenestrar crítica y analíticamente los libros que son lanzados como si fueran obras maestras y que en realidad son fantoches publicitarios. Lo he hecho varias veces con libros que reciben grandes premios literarios.
- Dentro de su trayectoria como escritor encontramos una cantidad importante de publicaciones en el ámbito del cuento y la narrativa ¿En cuál de esos géneros se siente más cómodo y por qué?
Cuentos y novelas son territorios en los que me siento a gusto. Creo haberle atinado en algunas obras a la escritura de buenos cuentos y de novelas bastante legibles. Algunas han tenido ediciones limitadas y poca repercusión. Esto lo atribuyo a que yo me dedico básicamente a escribir, y cuando publico un libro, me olvido de él y me dedico a pensar en lo que ha de venir. Tres veces fui representado por Carmen Balcells y en las tres terminamos distanciándonos, más por mi culpa que por la de su agencia. Cuando ellos estaban negociando yo quería meter la cuchara, y eso no lo acepta la agencia. Después tuve otro representante colombiano que terminó estafándome. Entonces tomé la decisión de rascarme mis propias pulgas.El hecho de que yo viva en la periferia y no en una gran ciudad, ha favorecido que yo no tenga mucha exposición… lo que me parece muy bien, pues para un megalómano como yo lo mejor es que lo ignoren. Vivo en Xalapa, una ciudad de la provincia mexicana, y aquí he encontrado buen acomodo: llevo una vida tranquila, sin mucho traqueteo, sin demasiados viajes a ferias, conferencias, congresos y ello ha favorecido mi trabajo literario. Si viviera en Barcelona o el Distrito Federal en México, posiblemente me habría dedicado a la farándula literaria, a la figuración y habría terminado escribiendo la habitual basura de los adictos a la figuración.
- Alguna vez se dijo de usted que sería el sucesor de García Márquez. ¿Esa aseveración ha marcado, de alguna manera, sus ambiciones literarias?
Sin duda García Márquez me marcó. Mi primera novela, Breve historia de todas las cosas tiene una relación directa con Cien años de soledad, no sólo por el manejo de técnicas literarias semejantes sino porque pinta un pueblo muy particular, muy imaginativo, que podría recordar a Macondo. Este hecho hizo que el primer editor de esta novela, Daniel Divinsky, de Ediciones La Flor, de Buenos Aires, afirmara que a él le gustaba más mi novela que Cien años de soledad. García Márquez la leyó en tiempo récord y me llamó para felicitarme. Y muchas veces, en privado, ha hecho excelentes comentarios sobre ella. Pero me dijo, como le ha dicho a muchos otros autores: “Nunca voy a hablar públicamente bien de tu novela porque eso te perjudicaría. Una vez hablé bien de une escritor y ya nunca volvió a escribir nada bueno”. Lo que yo le respondí en esa oportunidad a Gabo fue: “Puedes hablar bien de mí, puesto que yo tengo tan alta opinión de mi trabajo, que nada me puede hacer creer que soy más grande de lo que creo ser”.
- Usted es colombiano de nacimiento pero reside en México desde hace más de treinta años. ¿La experiencia de la migración ha marcado de algún modo su obra y su relación con la realidad?
Vivo en México hace más de 30 años pero sigo siendo colombiano no sé si por romanticismo, por terquedad, nostalgia, pereza de hacer trámites o por llevarle la contraria a la corriente que tiende a denigrar de la nacionalidad colombiana. Tal vez si viviera en Colombia mis temáticas habrían cambiado pero no mi espíritu ni mi empecinamiento. Pero éstas son elucubraciones ociosas. Como sólo tenemos acceso a una dimensión espacio-temporal, puedo hablar de lo que he vivido, no de lo que podría haber vivido.
- ¿Cómo ve la situación actual de la literatura en América Latina y cuáles cree usted que son las señas de identidad de sus escritores?
Hay una tendencia a negar los orígenes entre los escritores latinoamericanos que han alcanzado una buena difusión en Europa. Muchos de ellos quieren escribir como europeos, quieren ser universales a costa de olvidarse de sus fuentes. A eso se ha llamado “negar las raíces”, usando un término bastante maniqueo. Opino que el problema no es que nieguen sus orígenes, sino que comienzan a plegarse a las exigencias de un mercado que les exige una especie de estandarización. Es claro que a pesar de esto Latinoamérica sigue siendo un surtidor prácticamente inagotable de buena literatura, que de alguna forma opaca lo que se hace en España. Fuera de Reverte y algunos best sellers españoles casi nada llega a las librerías de Latinoamérica, mientras que en España siguen campeando unos buenos nombres. Entiendo que España esté ofendida por el hecho de que casi todos los grandes premios se los lleven los escritores latinoamericanos… Pero es un hecho: la buena literatura se sigue produciendo en Colombia, Argentina, México , Perú.
- Y para terminar, usted ha ganado un número considerable de concursos literarios. ¿Ayudan estos eventos a depurar la calidad creativa o son, al contrario, nuevas formas de mercantilizar la literatura?
Los premios me han ayudado a saltar trancas, a publicar en grandes editoriales sin hacer antesalas, a construir una buena casa para mi familia, me han dado desahogo pero no fortuna, me han permitido hacer viajes y me han dado reconocimiento en varios países. En general los premios que ayudan a elevar la calidad de la literatura son los pequeños premios. Hasta el momento no he recibido ningún premio verdaderamente grande. He sido finalista en Alfaguara y Planeta México. Por otra parte es bien sabido que los grandes premios están casi todos viciados. ¿Quién entiende que se le dé un Planeta a Camilo José Cela, un Alfaguara a Vargas Llosa o a Savater? La mercantilización es la que domina. Me encantaría que a los miembros de los jurados de esos grandes premios se les hiciera un examen a ver si de verdad leyeron diez de los 500 o más libros de concurso. Los premios los terminan dando los editores y los grandes nombres son sólo pantallas.
Marco Tulio Aguilera Garramuño, en quien hay una mezcolanza de razas bastante interesante (sus antepasados fueron vascos, judíos, italianos, chibchas y hasta holandeses) es un autor que levanta polémica a donde quiera que vaya. Estará en Madrid y Barcelona durante los meses de septiembre y octubre y se presentará en la Librería de Trama Editorial, en la Biblioteca Bóbila de L’Hospitalet de Llobregat y en El Portal del Ángel de El Corte Inglés, lugares en los que hablará sobre El libro de la vida, una pentalogía del tamaño de En busca del tiempo perdido, de la cual hay tiene publicados los cuatro primeros libros ( Mujeres amadas, Las noches de Ventura, La pequeña maestra de violín y La hermosa vida). También presentará en Madrid y barcelona su novela Historia de todas las cosas, voluminosa novela que “si no está a la altura de Cien años de soledad, por lo menos es más divertida” según palabras del autor, a quien no siempre le ha divertido la comparación que se le hace con García Márquez.
Mi amigo el escritor argentino Pablo Giordano (Las Varillas - Argentina -1977) autor de Felicidad es un Gordini y La Muerta, ingenioso joven que tiene su propia radio en casa escribió esto:
http://cosasdemimbre.blogspot.com/2011/05/mi-nombre-es-proscrito.html
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EL PERIODICO LA JORNADA DE MEXICO DESTACA LA TRAYECTORIA DEL ESCRITOR COLOMBIANO MARCO TULIO AGUILERA
entrevistas mayo 09, 2011
En la siguiente dirección se enterará de lo que ya sabe pero no se atrevía a confesarse ni a sí mismo ni a sí otro...
http://www.jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?ID=110508_150059_467
http://www.jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?ID=110508_150059_467
ARQUEOLOGÍA LITERARIA
Encontré en internet esta entrevista de 1987... Fue hecha por Carl Gutiérrez, profesor de la Universidad de Cornell en Ithaca, no la de Grecia, sino la de Estados Unidos.
http://www.jstor.org/pss/29740131

PARODIA DE CIEN AÑOS DE SOLEDAD
Hace unos días, en la Ciudad de México, Palabra de escritor, del diario Excélsior platicó conmigo. Aquí el video con la Entrevista. Debe presionar el recuadro "Next screen" hasta que aparezca el rostro de MT. Entrevista.
En este mes navegando hacia abajo encontrará las siguientes entradas:
1. Visita a García Márquez (tercera parte... La visita completa la encontrará en la lista de mayo).
2. Mis alumnos
3. Félix Luis Viera
4. Sobre la revista Crítica
5. Carta de Juan Villoro al rector Arias Lovillo apoyando a MT para el premio al decano de la U. Veracruzana
6. Rubem Fonseca y yo
7. Villoro, Oscar de la Borbolla y Eusebio Ruvalcaba
8. "Aquiles y Virgen", un cuento supererótico de MT
9. Primeros encuentros de MT con García Márquez
10. Poéticas y obsesiones, el nuevo libro de MT
Incluye: ensayos y conferencias sobre Shakespeare, cuento erótico, Sexus, Lolita, orgasmo, poética de la novela, encuentros con Gabo
11. Parodia de Cien años de soledad, una entrevista de Edgar Onofre
12. Entrevista con Quiénsabequién
13. En Guadalajara
14. Un secreto
15. Entrevista con MT en El Financiero
16. Óscar de la Borbolla y MT
17. MT, el gran cuentista, por Juan Domingo Arguelles
18. Fotos
19. Gustavo Álvarez Gardeazábal
20. Encuentro con el rector Raúl Arias Lovillo
21. Notas recientes.
Visita a García Márquez (tercera parte)
Descabezadero 14
Diario de un escritor
Continúo relatando mi visita a García Márquez en su casa. Nos quedamos en que Gabriel me llevó a su estudio, al fondo del jardín, me ofreció un tequila y me invitó a sentarme en un profundo sillón de cuero blanco. Él lo hizo en una mecedora de abuelita, frente a mí.
Mercedes, la Gaba, andaba rondando como una gata en celo y cada cinco minutos se asomaba al estudio y le decía a su marido: recuerda que necesitas reposo, ¿ya te tomaste tu medicina?, es hora de tomar la presión, ¿no tienes frío?, ¿tienes hambre? A mí me ignoraba por completo, lo que yo debía entender como una invitación a ahuecar el ala.
Le pregunté a Gabo si ya había leído Poéticas y obsesiones, en el que reúno las entrevistas que le hice.
—¿Las entrevistas a la traición?, preguntó.
—Eso, las entrevistas a la traición, dije.
—No la leí. Tengo libros más interesantes que leer. Por lo menos hay treinta libros que quiero leer antes del tuyo. Además esas entrevistas ya las has publicado en veinte partes y son la culminación de tu vanidad. Me utilizas a mí para hablar de ti mismo
—Tú también te auto promocionaste en el pasado. Recuerdo que en una reunión con Gustavo Sainz inventaste una historia para promocionar un libro tuyo. Inventaste que el manuscrito te lo habían robado. Yo asistí al invento y a la planeación de la promoción. En esos días Sainz era el papa de la cultura de México. Era director del Instituto Nacional de Bellas Artes.
—No me gusta cómo has movido tu carrera. Con premios literarios uno tras otro.
—Tú también hiciste lo mismo. Comenzaste ganando el Premio de Novela Esso en Colombia, luego ganaste otros, y cuando ya eras muy famoso dijiste: ya no quiero más. Yo he participado en concursos y he ganado varios para salir adelante. No tuve una mafia poderosa que apoyara mi promoción. Trabajé solito, desde la periferia, ciudades de provincia. Tú formaste una rosca de gente muy talentosa: Fuentes, Cortázar, Vargas Llosa, Donoso —que por cierto siempre te tuvo mucha envidia (fui jurado con él en un concurso y me hablaba no muy bien de ti, pero la que hablaba peor era su mujer, Pilar).
García Márquez insistió en que no le interesaba leer las entrevistas que le hice. Dijo que abominaba de todo lo que fuera divulgación de su imagen, de sus opiniones.
—Ahora mi vida es escuchar vallenatos, Brahms, Bartok, cuidar a mis nietos, leer…
—¿Escribir?
—Eso es asunto privado. Si no supiera que eres chismoso podríamos hablar de todo. Ya sé que vas a escribir minuciosamente todo lo que yo diga o haga. Apuesto que ya me contaste las manchas que tengo en la cara, el temblor de mis manos, ya anotaste cómo estoy vestido. No dudo que me hayas olido a fondo cuando cometí el error de permitir que me abrazaras.
—No fui yo el que te abrazó, Gabo.
—No serás el mejor escritor de Colombia y del mundo pero sí el rey de los vanidosos.
—Mis defectos son mis virtudes.
—Esa frase es mía, Garramuño.
—Hace años también dijiste que yo te había robado un título: Cuentos para antes de hacer el amor —dije.
—…Y me lo robaste.
Ya no quise seguir discutiendo.
—Y esa novela que va a ser mejor que Cien años de soledad ¿de qué trata?
—De la vida en un pueblo más divertido que Macondo. Un pueblo lleno de putas y de beatas, de bobos y de locos, de judíos, españoles y gringos.
—Si tiene putas va a ser una novela divertida.
Cambié de tema. Le pregunté que cómo estaba.
—Si algo quisiera en la vida en este momento es no ser nadie, salir a la calle y que todo el mundo me ignore. ¿Quieres un consejo? Abandona la literatura y dedícate al basquetbol o a pescar en algún pueblito costero de Veracruz.
Hay otros detalles del encuentro pero se ha terminado el espacio de esta columna.
1. Visita a García Márquez (tercera parte... La visita completa la encontrará en la lista de mayo).
2. Mis alumnos
3. Félix Luis Viera
4. Sobre la revista Crítica
5. Carta de Juan Villoro al rector Arias Lovillo apoyando a MT para el premio al decano de la U. Veracruzana
6. Rubem Fonseca y yo
7. Villoro, Oscar de la Borbolla y Eusebio Ruvalcaba
8. "Aquiles y Virgen", un cuento supererótico de MT
9. Primeros encuentros de MT con García Márquez
10. Poéticas y obsesiones, el nuevo libro de MT
Incluye: ensayos y conferencias sobre Shakespeare, cuento erótico, Sexus, Lolita, orgasmo, poética de la novela, encuentros con Gabo
11. Parodia de Cien años de soledad, una entrevista de Edgar Onofre
12. Entrevista con Quiénsabequién
13. En Guadalajara
14. Un secreto
15. Entrevista con MT en El Financiero
16. Óscar de la Borbolla y MT
17. MT, el gran cuentista, por Juan Domingo Arguelles
18. Fotos
19. Gustavo Álvarez Gardeazábal
20. Encuentro con el rector Raúl Arias Lovillo
21. Notas recientes.
Visita a García Márquez (tercera parte)
Descabezadero 14
Diario de un escritor
Continúo relatando mi visita a García Márquez en su casa. Nos quedamos en que Gabriel me llevó a su estudio, al fondo del jardín, me ofreció un tequila y me invitó a sentarme en un profundo sillón de cuero blanco. Él lo hizo en una mecedora de abuelita, frente a mí.
Mercedes, la Gaba, andaba rondando como una gata en celo y cada cinco minutos se asomaba al estudio y le decía a su marido: recuerda que necesitas reposo, ¿ya te tomaste tu medicina?, es hora de tomar la presión, ¿no tienes frío?, ¿tienes hambre? A mí me ignoraba por completo, lo que yo debía entender como una invitación a ahuecar el ala.
Le pregunté a Gabo si ya había leído Poéticas y obsesiones, en el que reúno las entrevistas que le hice.
—¿Las entrevistas a la traición?, preguntó.
—Eso, las entrevistas a la traición, dije.
—No la leí. Tengo libros más interesantes que leer. Por lo menos hay treinta libros que quiero leer antes del tuyo. Además esas entrevistas ya las has publicado en veinte partes y son la culminación de tu vanidad. Me utilizas a mí para hablar de ti mismo
—Tú también te auto promocionaste en el pasado. Recuerdo que en una reunión con Gustavo Sainz inventaste una historia para promocionar un libro tuyo. Inventaste que el manuscrito te lo habían robado. Yo asistí al invento y a la planeación de la promoción. En esos días Sainz era el papa de la cultura de México. Era director del Instituto Nacional de Bellas Artes.
—No me gusta cómo has movido tu carrera. Con premios literarios uno tras otro.
—Tú también hiciste lo mismo. Comenzaste ganando el Premio de Novela Esso en Colombia, luego ganaste otros, y cuando ya eras muy famoso dijiste: ya no quiero más. Yo he participado en concursos y he ganado varios para salir adelante. No tuve una mafia poderosa que apoyara mi promoción. Trabajé solito, desde la periferia, ciudades de provincia. Tú formaste una rosca de gente muy talentosa: Fuentes, Cortázar, Vargas Llosa, Donoso —que por cierto siempre te tuvo mucha envidia (fui jurado con él en un concurso y me hablaba no muy bien de ti, pero la que hablaba peor era su mujer, Pilar).
García Márquez insistió en que no le interesaba leer las entrevistas que le hice. Dijo que abominaba de todo lo que fuera divulgación de su imagen, de sus opiniones.
—Ahora mi vida es escuchar vallenatos, Brahms, Bartok, cuidar a mis nietos, leer…
—¿Escribir?
—Eso es asunto privado. Si no supiera que eres chismoso podríamos hablar de todo. Ya sé que vas a escribir minuciosamente todo lo que yo diga o haga. Apuesto que ya me contaste las manchas que tengo en la cara, el temblor de mis manos, ya anotaste cómo estoy vestido. No dudo que me hayas olido a fondo cuando cometí el error de permitir que me abrazaras.
—No fui yo el que te abrazó, Gabo.
—No serás el mejor escritor de Colombia y del mundo pero sí el rey de los vanidosos.
—Mis defectos son mis virtudes.
—Esa frase es mía, Garramuño.
—Hace años también dijiste que yo te había robado un título: Cuentos para antes de hacer el amor —dije.
—…Y me lo robaste.
Ya no quise seguir discutiendo.
—Y esa novela que va a ser mejor que Cien años de soledad ¿de qué trata?
—De la vida en un pueblo más divertido que Macondo. Un pueblo lleno de putas y de beatas, de bobos y de locos, de judíos, españoles y gringos.
—Si tiene putas va a ser una novela divertida.
Cambié de tema. Le pregunté que cómo estaba.
—Si algo quisiera en la vida en este momento es no ser nadie, salir a la calle y que todo el mundo me ignore. ¿Quieres un consejo? Abandona la literatura y dedícate al basquetbol o a pescar en algún pueblito costero de Veracruz.
Hay otros detalles del encuentro pero se ha terminado el espacio de esta columna.
En el mes de marzo encontrará tres entradas:
Entrevista en Narrativas
Decapitado
Entrevista en video (en el Zócalo de la Ciudad de México)
Mis felicitaciones para la Revista Narrativas que con este número nueve cumple dos años de existencia en la Red, es un número excelente. En este número se ha publicado una Entrevista que me hizo Germán Martínez, si desean pueden leerla aquí.
Hace unos días, en la Ciudad de México, Palabra de escritor, del diario Excélsior platicó conmigo. Aquí el video con la Entrevista. Debe presionar el recuadro "Next screen" hasta que aparezca el rostro de MT.“Marco Tulio Aguilera, explora los rincones del erotismo humano"


