![]() |
| La foto fue tomada en La casa de los abuelos, restaurante, al que asistí con mi mánager después de la competencia de los 1500 metros en el Campeonato Nacional Máster en Cancún |
Las buenas noticias se ven acumulando:
1. Pronto saldrá en Berlín, en la Editorial Ilíada Verlag, la segunda edición de la novela Formas de luz (Premio Bellas Artes en México 2017).
2. Breve historia de todas las cosas, corregida y aumentada, saldrá en Canadá y muy posiblemente la presentaremos en la Feria de Guadalajara, en Xalapa y en Cali y Bogotá.
3. Estamos en proceso de traducir al inglés El amor y la muerte (Finalista en el Premio Alfaguara).
4. Una editorial trasnacional (la trasnacional) me pidió un inédito: le mandé el que tengo guardado, una novela gorda. Tengo que decir que dudo que vayamos a hacer algo con esta trasnacional: generalmente lo que publican no corresponde con lo que yo escribo.
Como soy tan comunicativo y he difundido mis modestos éxitos, ya varias personas han echado las campanas al vuelo pensando que me faltan cinco cuartillas para que me den el Premio Nobel. Preferiría no recibirlo para no perder la tranquilidad que me permite envejecer sin sobresaltos y seguir nadando y compitiendo, aunque, ya se sabe, nadie es superior a su destino y si me lo dan, me resignaré a cumplir con mis sueños de gloria. Y la verdad es que lo del Nobel es para escritores que han hecho antesalas y relaciones convenientes, asunto que no se me da... A mí lo que se me da es decir lo que se da la real y chingada gana... lo que me ha granjeado un número bastante inadecuado de enemigos.
![]() |
| Foto oficial de cuando cumplí 70 años |
El célebre escritor chileno, Luis Sepúlveda, autor de una de las novelas más leídas de la actualidad, Un viejo que leía novelas de amor, es mi contemporáneo y mi amigo de Facebook. Por estos días estoy pasando por mi "etapa Sepúlveda", razón por la cual leeré o releeré y me ocuparé de sus obras en vídeos. Estoy escuchando la novela del viejo en audiolibro y de verdad que logra hacernos penetrar en la Amazonia, lo que yo intenté también en mi novela Agua clara en el Alto Amazonas.
![]() |
| Luis recibió dos libros míos. Prometió vengarse: me mandará dos suyos |
El siguiente artículo y los que publicaré a continuación fueron publicados en SÁBADO de UNOMÁSUNO hace muchos años, cuando la serie de novelas que he llamado EL LIBRO DE LA VIDA era apenas un proyecto: hoy las siete obras ya están escritas, cinco han sido publicadas, hay dos inéditas.
Ahora que por fin veo el primero y segundo volumenes de mi El libro de la Vida, titulado Las Noches de Ventura, publicado en México por Editorial Planeta, he decidido hacer una pausa, dar un gran salto y llegar al presente, hablar de mí mismo en primera persona y relatar un poco las circunstancias y los avatares de esta novela que me ha ocupado ya casi diez años de vida. Incurro, pues, en el inefable placer de hablar de mí mismo, como dijera, creo, Ortega y Gasset. No es un misterio que todos los que escriben se describen y revelan a sí mismos incluso en los personajes más distantes de su propia personalidad. Algunas de las personas que ya leyeron Las noches de Ventura han dejado a un lado la literatura para indagar la identidad de los personajes femeninos que allí describo. Otras encuentran ciertas situaciones algo exageradas. Las pocas mujeres que han leído el libro sienten hacia él una atracción morbosa. Y es que la novela es una novela sobre mujeres, y sobre cuáles mujeres puedo yo escribir, si no es sobre las que he conocido e imaginado. Muchas mujeres que me han querido o padecido, si es que me leen, se habrán identificado con uno u otro personaje. De las mujeres han partido críticas y censuras. No olvido a la que se escudó en el pseudónimo de Tantadel Argote y que me estuvo incordiando en varios desolladeros, en general insultantes. Me llamó Gran Can de las Letras, Mono Gramático y se carcajeó de mi trabajo, de mis premios y de mis libros. Dijo que yo era un misógino colado en la neoliteratura rosada. Me calificó de nacote refugiado y sudaca, autor de fotonovelas porno. Nunca supe quién se escudaba bajo el pseudónimo de Tantadel Argote. Me dijeron que era una muchacha de Puebla, que era el mismo Batis, que la hija de uno de mis personajes, que el mismo Marco Tulio, etc. El caso es que la polémica, que acaso recuerden los lectores de Sábado, terminó cuando yo le solicité a Tantadel que me demostrara, con textos, cómo debía tratarse el erotismo y cuando ella calificó mi literatura de "erotismo rosa", después de descalificar a mi persona con adjetivos poco soportables.
La acusación de que soy un escritor de pornografía me ha perseguido, de la misma forma que ha llegado a molestar a mi esposa, a quien frecuentemente acosan. Ella, que ya ha aprendido a vivir conmigo y con mi fama o mala fama, ha desarrollado respuestas para defenderse. Una de ellas es sencillísima: preguntar al ofensor si ha leído aunque sea uno solo de mis libros. Habitualmente quienes me atacan es porque no han leído mis obras y se dejan llevar por una envidia insana y barata. El hecho de que disponga de un espacio fijo en sábado desde hace algunos años es insufrible para muchas personas.
Una compañera de trabajo en la Editorial de la Universidad Veracruzana, Georgina Blanco, es la única mujer que ha leído los siete volúmenes de El libro de la Vida (ahora reducidos a cuatro). Sus observaciones me han servido de mucho.
Entiendo perfectamente a las mujeres que han reaccionado contra mis escritos. Lo que yo intenté hacer en Las Noches de Ventura fue dar una visión lo más completa posible del erotismo desde mi punto de vista y por lo tanto desde mis experiencias y mis lecturas. No se trataba simplemente de describir situaciones enervantes y conflictos entre el protagonista y sus mujeres, sino de comprender las situaciones y hacerlas palpables. La mayor parte de las personas que escriben por necesidad, siguiendo el mandato interior que pregonaba Kafka, lo hacen para comprenderse, para explicar su posición en el mundo, incluso para justificarse. La escritura es una satisfacción solitaria, por lo tanto en cierta forma onanista. Ser leído es como escapar del onanismo y entregarse al amor: compartir la pasión pero también el veneno. Bien dicen que Semen retentum venenum est. De la misma forma, las obras escritas y no publicadas se transforman en veneno que puede echar a perder la vida de un escritor.
En el fondo de las teorías de Freud hay una verdad, que por peligrosa, muchos tornaron caricatura: todo lo que el hombre hace en el mundo, todas sus obras, son semen, pulsión sexual, transformada, sublimada, hecha carne, es decir, objetividad. Esta afirmación, que ha movido a todo tipo de variaciones y tergiversaciones. Leí las obras completas de Freud a los veinte años, como si fueran una larga novela y sin duda ellas me influyeron grandemente, aunque fue poco lo que me quedó en la memoria. Llegué incluso a hacer una especie de pequeño manual de interpretación de los sueños, que fue publicado, en parte, por el desaparecido Instituto de Artes de la Universidad de Nuevo León.
Luego, a manera de aficionado, practiqué el análisis público de los sueños con mis alumnos de Letras (lo que es, sin duda absurdo y muy peligroso, pues siempre se llega a un punto a partir del cual comienzan los desfiladeros de la personalidad, temas que nadie se atreve a hacer públicos).
Ahora que por fin veo el primero y segundo volumenes de mi El libro de la Vida, titulado Las Noches de Ventura, publicado en México por Editorial Planeta, he decidido hacer una pausa, dar un gran salto y llegar al presente, hablar de mí mismo en primera persona y relatar un poco las circunstancias y los avatares de esta novela que me ha ocupado ya casi diez años de vida. Incurro, pues, en el inefable placer de hablar de mí mismo, como dijera, creo, Ortega y Gasset. No es un misterio que todos los que escriben se describen y revelan a sí mismos incluso en los personajes más distantes de su propia personalidad. Algunas de las personas que ya leyeron Las noches de Ventura han dejado a un lado la literatura para indagar la identidad de los personajes femeninos que allí describo. Otras encuentran ciertas situaciones algo exageradas. Las pocas mujeres que han leído el libro sienten hacia él una atracción morbosa. Y es que la novela es una novela sobre mujeres, y sobre cuáles mujeres puedo yo escribir, si no es sobre las que he conocido e imaginado. Muchas mujeres que me han querido o padecido, si es que me leen, se habrán identificado con uno u otro personaje. De las mujeres han partido críticas y censuras. No olvido a la que se escudó en el pseudónimo de Tantadel Argote y que me estuvo incordiando en varios desolladeros, en general insultantes. Me llamó Gran Can de las Letras, Mono Gramático y se carcajeó de mi trabajo, de mis premios y de mis libros. Dijo que yo era un misógino colado en la neoliteratura rosada. Me calificó de nacote refugiado y sudaca, autor de fotonovelas porno. Nunca supe quién se escudaba bajo el pseudónimo de Tantadel Argote. Me dijeron que era una muchacha de Puebla, que era el mismo Batis, que la hija de uno de mis personajes, que el mismo Marco Tulio, etc. El caso es que la polémica, que acaso recuerden los lectores de Sábado, terminó cuando yo le solicité a Tantadel que me demostrara, con textos, cómo debía tratarse el erotismo y cuando ella calificó mi literatura de "erotismo rosa", después de descalificar a mi persona con adjetivos poco soportables.La acusación de que soy un escritor de pornografía me ha perseguido, de la misma forma que ha llegado a molestar a mi esposa, a quien frecuentemente acosan. Ella, que ya ha aprendido a vivir conmigo y con mi fama o mala fama, ha desarrollado respuestas para defenderse. Una de ellas es sencillísima: preguntar al ofensor si ha leído aunque sea uno solo de mis libros. Habitualmente quienes me atacan es porque no han leído mis obras y se dejan llevar por una envidia insana y barata. El hecho de que disponga de un espacio fijo en sábado desde hace algunos años es insufrible para muchas personas.
Una compañera de trabajo en la Editorial de la Universidad Veracruzana, Georgina Blanco, es la única mujer que ha leído los siete volúmenes de El libro de la Vida (ahora reducidos a cuatro). Sus observaciones me han servido de mucho.
Entiendo perfectamente a las mujeres que han reaccionado contra mis escritos. Lo que yo intenté hacer en Las Noches de Ventura fue dar una visión lo más completa posible del erotismo desde mi punto de vista y por lo tanto desde mis experiencias y mis lecturas. No se trataba simplemente de describir situaciones enervantes y conflictos entre el protagonista y sus mujeres, sino de comprender las situaciones y hacerlas palpables. La mayor parte de las personas que escriben por necesidad, siguiendo el mandato interior que pregonaba Kafka, lo hacen para comprenderse, para explicar su posición en el mundo, incluso para justificarse. La escritura es una satisfacción solitaria, por lo tanto en cierta forma onanista. Ser leído es como escapar del onanismo y entregarse al amor: compartir la pasión pero también el veneno. Bien dicen que Semen retentum venenum est. De la misma forma, las obras escritas y no publicadas se transforman en veneno que puede echar a perder la vida de un escritor.
En el fondo de las teorías de Freud hay una verdad, que por peligrosa, muchos tornaron caricatura: todo lo que el hombre hace en el mundo, todas sus obras, son semen, pulsión sexual, transformada, sublimada, hecha carne, es decir, objetividad. Esta afirmación, que ha movido a todo tipo de variaciones y tergiversaciones. Leí las obras completas de Freud a los veinte años, como si fueran una larga novela y sin duda ellas me influyeron grandemente, aunque fue poco lo que me quedó en la memoria. Llegué incluso a hacer una especie de pequeño manual de interpretación de los sueños, que fue publicado, en parte, por el desaparecido Instituto de Artes de la Universidad de Nuevo León.
Luego, a manera de aficionado, practiqué el análisis público de los sueños con mis alumnos de Letras (lo que es, sin duda absurdo y muy peligroso, pues siempre se llega a un punto a partir del cual comienzan los desfiladeros de la personalidad, temas que nadie se atreve a hacer públicos).
Acuéstate encima, mi amor (fragmento de Tuve que matarla twitnovela: del 35 al 50)
Marco Tulio Aguilera noviembre 05, 2016| Hábitat de MT |
Antes
del naufragio llegué al extremo de ver salir por la ventana a la mujer que
tenía en la cama para que tomara su lugar otra más sa
Los hombres (y las mujeres) somos en principio (y en fin)
eminentemente narcisistas: toda comunicación es ilusoria. Antes del naufrag
Todo
hombre irremediablemente termina convertido en estudioso y víctima de los
humores femeninos
Cuando
sacábamos a pasear al perro me decía llámalo, dile que se siente, que te dé la
mano. En las fiestas no me dejaba hablar.
Mi
esposa era (digo era, porque ya la maté) una de esas personas que siempre saben
lo que hay qué hacer y cómo hacerlo. Una joya barata
Entre incinerar a mi esposa y enterrarla viva después de
muerta, escogería la segunda opción. Aunque conociéndola, sé que regresaría
Todos
los machos son machistas. Todas las hembras son hembristas. Los del género
epiceno son machihembristas. ¿Yo que soy?, me pregunt
La primera vez que quise matar a mi esposa terminamos
revolcándonos como lombrices. Al día siguiente tuve que lavar los platos, el
piso, los vidrios
Comprobado:
mujer que no jode es macho. Eso piensa mi personaje, Jony, no yo, MT, que soy
muito decente y respetuoso del género fmin
y por
cada instante de paz hay que pagar con muchos de guerra, guerra generalmente
sorda, artera, callada, insufrible, sopa de letras
Les explico: el amor constante no existe en el matrimonio:
existen instantes de amor o por lo menos paz y por cada instante de paz hay
Antes del matrimonio yo era muy feliz: fornisingaba gratis
con tirias, troyanas y singapurguesas; todo mi sueldo era para mí; no lavab
Comencé
a odiar a mi esposa inmediatamente después de nuestro espantoso matrimonio (yo
tuve que pagar un banquete espléndido a ciento cincuenta desconocidos parientes
Las
familias funcionales no existen. Tampoco existe el amor. Lo que existe es el
amorodio o el odioamor. Lo demás son gradaciones.
Pero
Jony se equivocaba. La verdad es que era puta, pensó después. Pero too se
equivocaba. Lo que era la mujer de yo, Jony era... era
Y hasta que ella se enteró que yo
tenía 430 amantes virtuales. Mi mujer salía de noche porque era bruja, pensaba
Jony. Pero Jony se e
Eramos felices (fuimos fellices
-no es errata, es pornolinguistica) hasta que yo me enteré que ella salía de
noche mientras yo dormía
TN.8. Me cerró el acceso a sus
entretelas, a sus mistery corners, a sus desmayos de amor, a sus cursilísimos
encantos de casi adolescente
TN6.
Cuando ella supo que me había acostado con una furcia (tatuajes, droga,
tendencias suicidas, gordita, más bien fea) me cerró el acceso
TN5.1 fruncía la nariz, movía las
orejas como un conejo, cuando se trataba de besar no tenía nunca suficiente,
perdía el aliento: estaba enamorada
TN5 Chispita, una castañuela, una
fiesta de mujer (en realidad era casi una niña: tenía 17 pero se comportaba
como una beba, hacía pucheros, fru
TN4. Lo primero que hacía cada mañana
era regañarme. Por eso la maté. Pero yo la amaba, lo juro. Cuando la conocí era
una
TN1. 1. "La maté porque ya
no la soportaba”
taran las
bilis a Doloritas: si por lo menos ganaras algo, redrojo, si te invitaran a
conciertos en Viena, pero no, ahí estás, ráscale
Tengo 40
años y antes de dormir me chupo el dedo gordo de la mano derecha. La conclusión
obvia de Doloritas, es que sigo siendo un
niño. La
frases preferidas de ella son: "tengo tantas cosas que hacer",
"quién dejó la mayonesa fuera del refrigerador" y "te conozco
Ayer
Doloritas se portó bien: solamente me regañó una vez. Creo que voy a aplazar la
realización de mi plan.Estuve escondido casi todo
El día tocando violín. Hay algunos caprichos de
Paganini que parecen imposibles de tocar. Muchos virtuosos simplemente los
omiten
El flujo de
mujeres se redujo drásticamente cuando Doly llegó a mi vida.Simplemente las
veía pasar y agitaba mi mano diciéndoles adiós
gaños, lo
que me produce un poco de alivio, pues mi esposa se gasta sus ánimos en regañar
al perro y luego no tiene energía para
¿Dios? ¿Por
qué se esconde? O no existe o tiene algo de qué avergonzarse.
Y de Cancún
iré a Guadalajara, donde espero mi primer oro máster; ya tuve dos platas en 50
mts en Zacatecas y Guanajuato;aquí Camp AA Cancún
Hoy se lanza
el último libro de mi querido @juandiegomej a las 7 p.m. en el Auditorio
Panamericana. ¿Vamos o qué?
Si yo fuera
escritor me gustaría escribir una novela por episodios diarios que se llamara
Sí, miamor.Pero creo que sería poco original
Tengo un
refugio para esconderme de Lola. Allá me escondo y escucho Brukner,
Malher:
pienso que cada pieza me quiere decir algo funda
Pienso que
soy genio incomprendido y que lo seré hasta después de muerto. Me escondo para
tocar mi Stradivario a solas. Fuck the world
Hace seis
años estaba en el último círculo del infierno, hoy....
No sé si
todos los ancianos son como yo: tengo visitaciones nocturnas por lo menos dos
veces por semana. Y no hay alivio para ellas.
Pienso que a
todos nos sucede lo mismo: nos vamos quedando irremediablemente solos. Es
inevitable que los ancianos se queden solos
K TN59 solos
frente al misterio de la muerte, cada quien tiene que solucionar su propio
caso, somos abogados frente al infinito. ¿Dios?
J TN60.
Hipócrita en público; Catilina en privado. En público callaba; todas mis
verdades las embarraba como mierda caliente en el papel
I TN64.
Cuando Dolores se enteró que yo escribía y supo sobre qué escribía blandió ante
mis narices el cuchillo de carnicero (que yo compré) y
H TN65. me
dijo: O quemas ahora mismo esas porquería nauseabundas o antes de contar hasta
diez, te voy a destripar, uno, dos, tres, me apuñaló
G TN66. me
llevó al hospital (donde dijo que me habían asaltado), allí me dejaron como una
colcha de retazos... pero no quemé ni un papel
F TN67. De
modo que a partir de ese día ya no soy sólo un vicioso virtuoso del violín sino
un heroico escritor de intimidades, que mi mujer
E TN67. De
modo que a partir de ese día ya no soy sólo un vicioso virtuoso del violín sino
un escritor menos que secreto que escribe lo que
D TN68. se
le da la gama. Dolly rescató un perro recién nacido de las manos de un
borrachín, le dio 50 pesos, el perrito creció y hoy se llama
C TN70.
Atila. Por donde pasa no queda nada limpio, entero y por eso Dolly lo somete a
largas sesiones de regaños: Te rescaté de las manos del vi
B TN73.
seguirme regañando a mí, lo que me da espacio, tiempo y energía par continuar
mis estudios de Bartok y mis escritos de intimidades
A TN67. De
modo que a partir de ese día ya no soy sólo un vicioso virtuoso del violín sino
de la pluma de ganso y me paso la vida encerrado
Sociedad de esposas al Acecho,
siglas SEA, que mantiene una marcación ceñida de los malos pasos de los esposos
descarriados y que
generalmente malinterpretan: el
lema es "en la duda no te abstengas, pendeja: en la duda malinterpreta
hasta el asco": todos los homb
todos los hombres son puercos.
Debes partir de ese postulado. Esa es la primera ley del SEA (Sociedad de
esposas al Acecho) o
Sociedad de Esposas
Abandonadas. SEA. De modo que los maridos sometidos al acoso del SEA no tienen
escapatoria alguna.
Llegada a los 40, comenzó la
obsesión de Dolly por la belleza, la esbeltitud y la saludable salud. Se volvió
una auténtica erudita
Ya nada asombraba a Yoni. O
casi nada. La excepción fue verla llegar con dos especies de parasoles
africanos bajo y sobre los ojos
Tras un esfuerzo ingente llegó
a la siguiente conclusión: ¡Son dos pestañas postizas! Dos enormes,
inconmensurables, rotudefinitivas
¡pestañas! ¿Qué me miras,
pedazo de pambazo!, le dijo con lenta furia la erinia a su maridito. ¡Y fue
tragedia! ¡Me quedaron horri!
¡Horribles!, gritó Dolly. Y
entonces fue cuando Yoni concibió el primer intento de honesto asesinato de su
mujer. Arteramente, con
con sevicia, premierditación,
saña mefistofélica, le dijo: "Sí, querida, te quedaron espantosas. Parece
que tienes dos palmeras, dos
parece que tienes dos abanicos
flamencos, dos plumas de avestruz, adornando tus lindos ojos". Lo que
(Yoni sabía) haría que se le
Dice Yoni: Lo que me encanta y
me emputa de Dolly es q esté salvajemente encabronada y de pronto me diga:
Acuéstate encima, amor
Hace varios años un amigo escritor nicaraguense escribió una de las más entusiastas reseñas de mi novela Historia de todas las cosas. La publiqué en este blog, pero con una tipografía demasiado pequeña, lo que la hace ilegible. La estoy volviendo a reproducir, ahora con tipografía más grande, lo que la hace, obviamente, más legible.
Guillermo
Goussen Padilla
Lo diré de
la manera más rápida, sin ambages ni paños tibios, sin “dar la con dulce” ni
“el avión”: Historia de todas las cosa ha sido la mejor novela
recién editada que he leído en las últimas dos décadas (hago esta aclaración
porque en este lapso, por ejemplo, he devorado tardíamente La montaña
mágica y otras obras ya clásicas que, con suerte, han pasado para mí
la prueba del añejo), así como puedo asegurar que Frío de vivir, de
Carlos Castán, es el libro de cuentos que más me ha conmocionado en este
periodo aludido.
Así las cosas,
debo confirmar por qué Marco Tulio Aguilera Garramuño, el autor de esta novela,
merece tal afirmación de un reseñista sin enseña ni obligatoriedad, sin penas
ni glorias, sin cargo alguno en las editoriales de postín ni muchos menos paga
o lote de libros al calce.
Cuando terminé
de leer la novela de Garramuño se me vinieron a la cabeza tres imágenes casi fotográficas:
1)
El joven soberbio que a principios de los setenta, flaco como una percha
y desgarbado, pero con una estatura muy conspicua en el territorio istmeño,
todavía no puteaba como loco contra el establishment literario;
el montañista caminante y corredor de largo aliento que confiaba en sus
lecturas y en sus estudios académicos como un marino avezado cree ver en el
libro del agua la ruta siempre certera hacia el mejor puerto. Un muchacho de 20
y pocos años que estaba escribiendo una obra monumental, pero (como dicen en
América Latina) le faltaba un poco más de verde para ser perico. No obstante,
en su cortedad, el tipo se aventó con todos los fierros para pergeñar una
novela que desde su génesis pensó como el fin de un malestar que ya chimaba o
producía salpullido: darle fin a una fórmula multirreconocida y multipremiada:
el realismo mágico o lo real maravilloso.
Marco Tulio -lo
pienso así- siempre ha estado orgulloso de sus nombres latinos; quizá el
Aguilera no le acomoda y por ello hasta ha hecho uso del Garramuño. Ha barajado
una y otra vez cómo quieren que le digan para la posteridad. Amante de la
palabra, ha buscado cómo, dónde y desde qué perspectiva acometer la empresa
literaria que ya trae en mente: una novela que asocia mucho con los cronistas
del Nuevo Mundo, como Gonzalo Fernández de Oviedo y su Historia general
y natural de las Indias, islas y tierra firme del mar océano, y a la
que el entonces muchacho cachaco antepuso el “Breve” en un descuido del ego,
quedando como Breve historia de todas las cosas.
Desde un
comienzo, MTAG, el irreverente, intentaba hacer con los seguidores del realismo
mágico los que Enrique González Martínez le hizo al modernismo con su “Tuércele
el cuello al cisne…”
Toma como base
la novela emblemática de Gabo, un poco de su técnica, pero luego se desentiende
porque el no quiere hacer un plagio sino una ópera bufa, un remedo, una parodia
que burla burlando se acerque a la iconoclasia, un pastiche, y para ello cuenta
con una cultura sostenida por la lectura de todos los clásicos habidos y por
haber. Sabe cómo se construye un espacio mítico-literario, le ha dado las tres
vueltas al perro narrativo para acordar consigo mismo que Cervantes sigue
siendo un vanguardista en asuntos de la voz cantante a la hora de relatar –un
Cide Hamete Benengeli convertido en Mateo Albán, que a su vez es deudor de
Mateo Alemán y su Guzmán de Alfarache-, le encantan los juegos
verbales de Guillermo Cabrera Infante y el barroquismo de un Severo Sarduy, ha
disfrutado las greguerías de Gómez de la Serna, el lenguaje escatológico de la
picaresca española, admira cómo Rulfo pone a hablar a los muertos y los recicla
en el tiempo sin tiempo que el mito vuelve perenne. Mientras todo sucede (o
deja de suceder o sufre la procrastinación de un “ranador” que cuenta a sus
compañeros de celda -¿les suena a Manco de Lepanto?- lo escrito en sus
cuadernillos, propensos éstos a desaparecer o a ser utilizados como limpia
culos por los “perfidiarios”) en su novela atreve algunos guiños a su panteón
literario pues se siente como pez en las aguas procelosas de un Boom literario
latinoamericano que se ha amafiado y que no le perdonará ser la Margarita que
una estrella quiso coger. Tras su publicación en Argentina en Ediciones La
Flor, la crítica le cargó el pesado fardo de epígono del realismo mágico y
sucesor de GGM.
El mismo nativo
de Aracataca dijo de él -palabras más, palabras menos- que Breve
historia… debía ser la obra más importante de MTAG, como decirle a ese
muchacho de 24 años que sería como el burro que había tocado la flauta.
2) En los ochenta, tras un largo periplo por los
Yunaites, las aguas siempre traicioneras de la academia, el periodismo
literario y el Prêt-à-porterobligatorio para “escupir en rueda”, el
pelao de amplios hombros, gran estatura y no patas flacas como su personaje
Betóben Chúber recaló en Mexico, motivado por los pelos de una mujer que
siempre jalan más que una yunta de bueyes. Y aquí buscó acomodo no tan Lejos
de Veracruz, en Jalapa, y entre los outsiders intelectuales
que Huberto Batis aglutinaba como reservoir dogs en su siempre
memorable suplemento “Sábado”, de ese buen periódico que el salinismo
aniquiló, Unomásuno. Su columna “Descabezadero” fue partemadres,
“guerrillera”, iconoclasta, antisistémica, aunque sus lectores tuviéramos que
sufrir su ego sublimado a la n potencia (aquí tengo que
aclarar que en mi vida he estado rodeado por muy buenos amigos “egoandantes”,
como Guido Münch, Pablo Amor, Pepe Toño de Lara, Gustavo Peñalosa y “dos que
tres” que no aguantarán la vara de ser balconeados. Sin embargo, debo decir que
Marco Tulio no es mi amigo, como tampoco mi paisano Sergio Ramírez lo es,
porque los amigos se buscan o buscan la oportunidad calva para verse, y eso
está por verse…).
MTAG peleó su
lugar en el establishment mexicano con estas banderas: soy un
escritor culto con grados académicos. Nunca le besaré el pito a los que tienen
poder. Gano los concursos en buena lid (los que no organizan las grandes
editoriales), y no he construido mi casa en la nada, sino con el dinero de los
premios, jejejeje. Como en México nunca me darán las becas de creador, puedo
mentarle la madre a los mafiosos que las adjudican. Y la más cierta: soy un
gran escritor que escribo sin afanes meretrices, pero buscando ser leído…
Y ahí es donde
se ha equivocado, ya que él no es un escritor para lectores hebdomadarios ni
"menstruarios", ni cautivos de las tristes estadísticas de América
Latina, sino del lector “diarina y huevo”. Tampoco puede llegar a ser “de culto”
pues tiene la necia idea de durar 130 años, por lo que no podrá competir con
idolatrados como Roberto Bolaño ni Pedrito Infante. Es más, no se emborracha ni
dispara “netas” para el futuro –como los Bukowski, Fante, etcétera-, mal punto
para él.
Además, México,
hay que decirlo, viene de una larga tradición que ha soslayado el realismo
mágico, con su Julio Torri, Francisco Tario, Juan José Arreola, Pacheco,
Fuentes y el incombustible Rulfo, y menos ahora con los que hacen
exotismo a la “visconversa”, o sea, los crackitos Volpi y Cia.
Por eso a Garramuño le pesó la etiqueta de “epígono del realismo mágico”, “la
zaga de Gabriel García Márquez”: mató un perro y le llamaron mataperros.
Pero no lo mató,
porque condenado al ostracismo y a la etiqueta, los verdaderos epígonos como
Isabel Allende y, en el caso de Nicaragua –que sí me interesa-, novelistas
descubridores del hilo negro escupieron relatos de familias criollas o puertos
fluviales y lacustres tan anacrónicos como el romanticismo más demodé.
Lo interesante
es que MTAG siguió haciendo novelas y cuentos que no volvieron a tocar el tema
“macondiano” ni reintentaron elevar al cielo a las paisanas continentales de
Remedio La Bella por ninguna otra vía. Pero sí rescató a los Profesionales
devenidos Intelectuales, y los frenápteros llenaron de genial locura el mundo
garramuñano, para disfrute de nosotros, sus lectores.
3)
En este nuevo siglo se ve con más masa corporal y grasa, ha puteado como loco,
escrito ya casi 30 libros, asistido a un chingo de congresos y presentaciones
de su obra, ha visto cómo el poder le ha birlado uno y otro premio de las
grandes editoriales, como el Alfaguara, para darlo a la mafiosa mayor de México
por una mala novela llamada La piel del cielo. Para no renegar de
su ego se ha puesto a nadar y, como toda persona competitiva, se ha dedicado a
cosechar medallas categoría masters en las piscinas de
Veracruz y anexas. Ah, ha dejado el básquet porque ya las “tabas” lo
traicionan, pero quiere vivir 130 años…
Lo importante de
este periodo es que viene trabajando su novela de 1974 “como si fuera la
primavera…” ¿Con qué motivo si ya está editada y como dijo José Emilio Pacheco:
“Yo publico para no seguir corrigiendo”?, uno se pregunta. Pero él –no lo
olvidemos- ha tomado de referente al señor Miguel de Alcalá de Henares, y si
éste sacó su segunda parte de El ingenioso hidalgo…”, ¿por qué
Marco Tulio-Garrapata-Albán no debía ventilar su segunda versión -aunque el
“ranador” siguiera en la cárcel por un delito que nunca cometió ni quedó
registrado en juzgado alguno y quizá sólo fue producto de su mente
frenáptera?-: Historia de todas las cosas, así, sin “aljetivos” que
apocopen, que reduzcan, que miniputeen. Porque MTAG ya piensa en el Nobel, y su
humor es tan cabrón que sólo aspira a hacer reír a Dios, en el caso de que se
confirmara su existencia y no compitiera con la capacidad facultativa y
psipicuística de Mateo Albán.
Nunca leí Breve
historia…pero tras devorar esta nueva versión llego a concluir que las
doscientas páginas añadidas significan algo que sólo el Ulises griego y el de
Joyce pueden confirmar: que los viajes ilustran a los lustrados, que en un
segundo cabe hasta Borges y la trompeta de oro de Californio el simple, que la
apoteosis es “eterna en cinco minutos”, que hay que joderse con lo que este
cachaco de mierda y mirada fiera -pero que se ha vuelto un tranquilo san
bernardo para sus lectores- ha aprendido en Mexicalpan de las Tunas.
¿Cuál
aprendizaje? Cuestionó el Loco, y yo, que ya me he metido en la trama como un
personaje de Woody Allen, le contesto: Hay muchos mexicanismos que enriquecen
el mundo del historiador-literato encarcelado en San Isidro de El General, que
la trama (¿existe?) me la creo más a partir de la interrupciones anacrónicas y
“¡versallescas!”, gritaría un estúpido cronista deportivo de la Televisa
que ahora manda lavadólares a Nicaragua; que MTAG tiene los pelos de la mula
literaria y los hila e hilvana como la Santa Flaca, esperando casamentarse con
el Nobel siempre esperado en su larga espera desesperante (que no impaciente,
la cual fue mal escribida por el “Borges” nica).
En este nuevo
siglo, nuestro frenáptero ahora expuesto en esta reseña se encuentra con algo
inédito: los cuatro mejores escritores colombianos viven en México (no me
pregunten por qué, ya que es una pregunta que me hago a mí mismo cada día que
con dios no me acuesto ni con dios me levanto, y menos con la gracia de dios ni
la del espíritu santo). Ah, y por ahí mi amigo Ulisses Montoya cuestionaría la
no inclusión de la Restrepo y su Delirio, pero yo le contestaría:
Odio las tesis e ensayos (¿voy bien Marco Tulio?), por lo que no quiero
extenderme para ganar puntos del “Snif” en la Academia. Entonces, visto lo
visto (diría un gachupín peninsular, porque los hay deste lado de la Mar
Océano, y son los peores porque tienen el síndrome de Cortés), se da la
venturosa coincidencia de que los nietos de Vargas Vila (“amigo” del Paisano
Inevitable; por favor, no le quiten las comillas mientras las islas de San
Andrés y un cachimbo de cayos, como Roncador y Quitasueños, sigan en manos
vallenateras) vivan en la “Región menos transparente del aigre”; que dos de
ellos son exquisitos y muy cosmopolitas, y los otros “muy sinembargos”; o sea,
que nada los conforma ni los asienta: uno por puto incomodaticio y
anticardenalicio (por aquello del color púrpura), y el otro por puto
contestatario, anarca frenáptero que va al cielo y va llorando… Pero Marco
Aguilera (suena a Juan “Grabiel”, ¿no?), buscó a Gabo mientras el cerebro no se
le obnubiló (al otro Grabiel), como quien busca sus señas de identidad (ésta te
la debo Goytisolo), pero ya el mal estaba hecho: el viejo patriarca nunca
aceptaría a quien se había “paseado” en su Otoño… Que no su coño.
Con Mutis ni
insistir, a menos que lo buscara en el ¡Hola! Y Fernando
Vallejo ya es un viejo muy amable, cuasi beatífico (“pero por favor no se lo
digas nunca…”). Con esto bien podría cerrar el episodio de los escritores
colombianos, y decir “fueron muy felices y comieron un cachimbo de perdices…” Pero
no: por lo general cometo el error de que cuando empiezo a leer a alguien que
me interesa, suelo también leer a sus coetáneos. Entonces me armé de la lectura
de Héctor Abad Faciolince y su El olvido que seremos, y el premio
Alfaguara 2011, Juan Gabriel (¿este juego me dice algo sobre alguna trompeta de
algún arcángel?) Vázquez, El ruido de las cosas al caer. La primera
novela, llamémosle testimonial, es una elegía a su padre, luchador ingenuo
contra el poder omnímodo del narcotráfico ya empoderado; la segunda, la
premiada por quienes no han querido galardonar a MTAG y le prometieron el oro y
el moro mientras le daban los ¿178,000? dólares a la Poniatowska, es una novela
de regular manufactura cuya trama versa sobre el principio del tráfico de la
droga, cuando los gringos nobles e ingenuos, cuasi cuáqueros, reclutaban a
colombianos nobles e ingenuos para volar sobre el Caribe y llegar hasta la
tierra de la libertad y el consumo pontífice… Mamadas pues, nada que contarle a
dios.
Entretanto y
entretenido, yo deambulaba con mi Historia de todas las cosas por
parques y avenidas (me disgusta manejar porque me impide leer), hasta que un
día decidí entrar a una cantina de antaño, en el Centro Histórico, y luego de
una cerveza se me ocurrió ir al mingitorio y dejar mi libro. Mi castigo no
obedeció al robo, sino a tener esta puta edad y todavía creer que el México que
conocí en los años setenta me seguía aguardando con su tiempo mítico,
invulnerable y maniqueo. Sí, la pena fue: te jodés, no podrá hablar de esta novela.
Pero vino este ex reservoir dog, ahora aplacado, y me ofreció
regalarme el libro si le tiraba a matar en una crítica… Y eso intento hoy, pero
no puedo hacerle al francotirador porque pienso que es muy buen novelista, pero
no ha logrado el buen éxito por algo que yo desconozco, y que las grandes
editoriales creen saber, y que mi pareja –con ese pragmatismo que sólo las que
domesticaron al animal y crearon la agricultura poseen-, tras leer las solapas
del libro en cuestión, me dijo: “¿Cómo crees que las editoriales apuesten por
un tipo que, de entrada, se cree la mamá de Tarzán, habla de múltiples premios
literarios obtenidos, le mienta la madre a los jurados por no galardonarlo
sabiendo de qué pie cojean, en un lugar en donde se odia al triunfador sin padrinos,
y todavía presume de medallas por nadar en las albercas?" (mi pareja es
buena ondina, yo no). Fin del partido.
En 1988, cuando ese personaje indefinible que se llama Marco Tulio Aguilera y que soy yo tenía treinta y nueve años, vio publicada su novela Mujeres amadas en la Editorial de la Universidad Veracruzana. Hoy, 15 de junio de 2016, veintiocho años después, a la edad considerable (escribiría Borges) de sesenta y siete años y noventa días, he hecho la última corrección y lectura de El sentido de la melancolía, sexta novela de la serie que he llamado El libro de la vida. Lejos estaba MT de imaginar en 1988 que Mujeres amadas sería la primera de una serie de novelas que seguirían a Ventura, el mismo protagonista (mujeriego, deportista, estudiante de violín y de la vida, excesivo e irresponsable en casi todo), a lo largo de varias décadas, y que estaría ocupado tantos años (¡veintiocho!) en un solo proyecto novelístico que llegaría a comprender Las noches de Ventura, Buenabestia, La pequeña maestra de violín, La hermosa vida, La insaciabilidad, Doctor Amóribus, La plenitud del amor, El sentido de la melancolía y Sin máscara frente al espejo, además de la que anoté en el primer párrafo. Anoto nueve títulos, pero en realidad son siete los que merecen ser citados, pues La plenitud del amor aunque está escrita, no me satisface y (por ahora) no pienso publicarla. Solamente a partir de la segunda, Las noches de Ventura (Editorial Planeta en México; Plaza y Janés en Colombia , bajo el título de Buenabestia) publicada en 1995, siete años después de la primera, fue que cobré conciencia de lo que estaba haciendo y de lo que pensaba hacer y ello lo registré en un pequeño prólogo que decía: No oculto desde ahora el tamaño de mi ambición. Aspiro a narrar sin pudor alguno, a mi placer y en mi estilo, la historia de una sensibilidad exaltada. Si no alcanzo la calidad, por lo menos aspiro a las dimensiones de El Cuarteto de Alejandría, La crucifixión rosada o En busca del tiempo perdido. Y aventuro que haré cualquier cosa menos aburrir al paciente lector. Me ampara en mi osadía la sentencia de san Pablo: “El Señor no juzgará al hombre por sus sueños”. Por lo menos en términos estadísticos puedo decir que he cumplido. Las ocho novelas están escritas; cinco publicadas en un archipiélago de editoriales (CONACULTA, Universidad de Puebla, Plaza, Planeta, Universidad Veracruzana, Incunábula); una al borde de la publicación (espero); las otras tres terminadas (en busca de editor dos de ellas; una sufriendo el insulto del polvo o la luz de la resurrección). En lo que respecta a la calidad y a la pregunta de si están a la altura de sus modelos y de sus autores (Durrel, Miller y Proust), me reservo (obviamente) el juicio. Si es difícil lograr un record mundial (en natación, deporte de senectud por excelencia, que practico desde hace cinco años con buen éxito y algunas medallas máster) más difícil es estar a la altura de las obras maestras de la literatura universal. Pero hay que intentarlo sin dudar un instante: si cuando te sientas ante la máquina de escribir y el papel en blanco no piensas que vas a escribir una obra de arte, mejor dedícate a algo más productivo como cosechar legumbres o construir casas. Los más frecuentes acercamientos críticos (los más cómodos) han insistido en el bastón fácil del alter ego: Ventura es Marco Tulio (y/o a la inversa). Mi protagonista comparte mis gustos: las mujeres, el violín, el deporte, los libros, la filosofía, algunos autores (Miller, Dostoievski, García Márquez, Rubem Fonseca, Thomas Mann). En mi descargo he de decir que inventé bastante, estudié mucho, tergiversé, exageré, sutilicé, edité, corté, mejoré o empeoré la realidad, le busqué un sentido y quise hacer que cada novela fuera completamente independiente de las demás… y de mi vida real. Y básicamente no quise hacer autobiografía (como Vivir para contarla, un largo “canto a mí mismo”) sino una obra en la que estuviera cifrada, si no descifrada, una existencia que debería (de) tener (de alguna forma) un sentido, un fin. Y sobre todo, que no se ocupara solo de los éxitos sino fundamentalmente de los fracasos y las sombras. Más que héroe, Ventura es antihéroe, por lo tanto mi anverso: lo que yo siempre he querido ser es superhéroe. Si me preguntaran en un examen de tesis de grado cuál es el tema de la serie de novelas, yo respondería sin dudarlo otro instante: la búsqueda del amor, del placer y de la virtud (en ese orden), además investigar (como Freud) qué diablos quieren las mujeres; y en últimas lo que intento es alcanzar el perdón de las personas a las que he ofendido y… sí, la salvación de mi alma (o de lo que sea). Hay algo de patético en el proyecto: compréndanme, así soy yo. De estas novelas se han hecho toda clase de juicios, algunos propicios, otros adversos, otros más condescendientes. El mayor elogio me lo hizo la poeta mexicana Silvia Sigüenza (persona de juicios en general feroces): “No entiendo cómo un hombre puede saber tantos asuntos secretos sobre las mujeres”. Un escritor mexicano cuyo nombre no puedo recuperar ahora calificó una de las obras como “sex fiction”. Otro dijo que Mujeres amadas podía ser la novela amorosa de la década. Un tercero dijo que esa novela era aburridora hasta la página 100 y que después se arreglaba. De La insaciabilidad hubo grandísimos elogios en varios países (muchos de ellos emitidos por amigos del autor). El sentido de la melancolía fue descalificada por el lector de una prestigiosa y caprichosa editorial y arguyendo que estaba mal escrita, llena de lugares comunes y obviedades (puñalada trapera a un autor que se trabaja sus obras con esmero y que considera buen estilista). Como curiosidad voy a reproducir el comentario reciente de mi amiga de Twitter Gabriela Humphrey a La insaciabildad: “Hola maestro…sigo leyendo, lenta pero segura su libro; he de decir que su libro es como un rollo de cajeta: no me lo puedo acabar de una sentada porque nunca volvería a comer cajeta, que es mi dulce favorito de todos. Lo gozo como a mí me gusta…Pero temo a dónde me va a llevar la historia o si no me va a llevar a ningún lado, solo al miembro de Ventura, o a su cabezota, que, insisto, la tiene abajo del ombligo como todos los hombres… Ventura, el protagonista, me enseñó lo que la gente no está ni dispuesta a pensar sobre sí misma… Me habla de que Ventura hubiese hecho el amor hasta con su gatita… Hay hombres así. En fin, me encantó el humor, la narrativa y sí le digo que sus personajes causan shock, su grado de conciencia es apenas el indispensable para que no los apedreen por donde van. En fin. Yo me di cuenta con su libro que todos mis personajes hacen cosas malas, pero siempre la conciencia los corroe, todos están muy conscientes de lo que pueden perder… No me vaya a entender mal, solo quiero decir que su libro me pareció fuerte en cuanto a la conciencia corpórea de sus personajes. Ventura es un misógino, mujeriego, pedófilo, vigoréxico, antipático a veces, narcisista, atrevido, simpático, erudito, alcohólico, un pecador sin redención posible. Eso hace que atraiga personalidades iguales y pues esa carga de su forma de ser hace la lectura muy interesante y uno se da cuenta que de algún modo todos tenemos algo de esas cosas y no nos atrevemos ni a pensarlo. Así que, ¡bendita escritura!, porque puede uno decir de mil formas lo que no está permitido ni pensar. Ya no sé si me estoy explicando, pero no se mortifique pensando que he dicho algo malo de su libro, al contrario, disfruté mucho la disección (que es la mía también, tal vez)”. Espero que algún día una editorial publique los siete (u ocho) libros juntos. Mientras tanto sigo puliendo los dos últimos y preguntándome si habrá un octavo (o noveno) o si simplemente me dedicaré a entrenar natación, a ser feliz y a reunirme con un grupo de jóvenes escritores que me ayuden a navegar los años que me faltan a cambio de acompañar sus proyectos.
Tras terminar la escritura de mi novela El sentido de la melancolía (séptima de la serie que he llamado El libro de la vida) sentí la necesidad de grabar un video para recordar el evento y para comunicar mis sentimientos y sensaciones al momento de haber culminado un proyecto que ha ocupado quizás quince años de mi vida. Helo aquí...
https://youtu.be/BMojtcG4k2M
https://youtu.be/BMojtcG4k2M
Desde la cama
https://www.youtube.com/watch?v=mfcMjrObqJ4
La mosca
https://www.youtube.com/watch?v=8-3Z1r7nPS0
El oficio de escribir novelas 2a parte
https://www.youtube.com/watch?v=xhWjclux6bo
El oficio de escribir novelas 3a parte
https://www.youtube.com/watch?v=J5bycCrf86I
El oficio de escribir novelas 1a parte
https://www.youtube.com/watch?v=lU5Di_tea1U
https://www.youtube.com/watch?v=mfcMjrObqJ4
La mosca
https://www.youtube.com/watch?v=8-3Z1r7nPS0
El oficio de escribir novelas 2a parte
https://www.youtube.com/watch?v=xhWjclux6bo
El oficio de escribir novelas 3a parte
https://www.youtube.com/watch?v=J5bycCrf86I
El oficio de escribir novelas 1a parte
https://www.youtube.com/watch?v=lU5Di_tea1U
La revista nicaragüense ALtanto se tomó el trabajo de sacar algunas conclusiones a partir de algunas conferencias sobre el oficio de escribir novelas. Helas aquí:
Los aforismos que se reúnen aquí fueron tomados de conferencias dictadas por Marco Tulio Aguilera Garramuño (Bogotá, 1949) a lo largo de dos décadas (1990-2010). Si se quiere consultar alguna, sería conveniente que le den clic a esto:http://mistercolombias.blogspot.com/
- Cuando uno escribe una novela tiene que afrontar varias decisiones muy graves, de las cuales depende el éxito o el fracaso de la obra. Una de ellas, quizá la más importante, es la selección del narrador o los narradores. La pregunta básica sería: ¿Quién cuenta la historia? Otras preguntas serían: ¿Desde qué perspectiva temporal se cuenta? ¿Desde el futuro, cuando lo que se cuenta es pasado; de forma contemporánea, es decir, cuando se va contando a medida que las cosas van sucediendo; desde el pasado, inventando lo que va a suceder, etc.?
- También es importante trabajar el estilo de forma tan minuciosa que uno pueda pasar varias horas en una sola página, buscando las palabras adecuadas. Tanto tiempo pasar sentado ante la computadora, que sea necesario inventar una mesa alta, como un atril, para escribir de pie, pues luego vienen los dolores en las rodillas.
- Para escribir novelas tengamos pretensiones —o más bien juegos— de orden científico: hagamos tablas estadísticas de frecuencia para medir la aparición dosificada de los personajes, tracemos gráficas de la longitud de los fragmentos, elaboremos esquemas sobre los diversos ingredientes de la receta literaria (lo épico, lo cómico, lo dramático, lo cursi…)
- La estructura debe ser fragmentaria y la fragmentación tener nuevos fragmentos. Es decir, cuando hay una historia larga e interesante, se corta, para dar paso a otras, y luego la primera historia se reanuda, luego la segunda y luego la tercera, con lo que se va creando un tejido bastante intrincado de relatos.
- La palabra “tejido” es muy importante cuando se habla de novelas: el novelista tiene los hilos —a veces abundantes— en las manos, y no debe permitir que se le enreden, debe buscar que haya una simetría, una armonía, una música de fondo. Hay hilos argumentales, hilos temporales, hilos estilísticos, hilos estructurales, que deben tejerse con minuciosidad. Lo ideal del tejido novelístico sería encontrar una textura como la de la seda: que resbale entre las manos, que acaricie, que arrope, que seduzca, que se convierta en espacio habitable, amable.
- ¿Qué ganamos o qué perdemos de la primera a la segunda novela? No sé. Creo que toda pérdida es ganancia y que no hay experiencia que no tenga valor.
- Aquí tenemos una definición provisional de lo que podría ser una novela: el intento de recuperar algo que hemos perdido o el deseo de crear algo que añoramos. Una prueba de ello es el título de la obra maestra de Proust: En busca del tiempo perdido.
- Queremos inventar nuestra propia love story pero no deseamos repetir lo que ya se ha hecho, aunque tampoco queremos desaprovechar las experiencias pasadas. De modo que una vez que escribimos la historia básica, nos damos a la tarea de leer todo lo que hallamos sobre el amor: Romeo y Julieta, El Banquete, El Cantar de los cantares, Dafnis y Cleo, Mujeres enamoradas, El amante de Lady Chatterley, todo Henry Miller. A manera de collage introducimos escenas casi textuales de esas obras, diluyéndolas de tal manera, que parezcan partes de nuestra novela. También esbozamos una teoría general sobre el amor y el erotismo.
- No se trata, entonces, de contar simplemente una historia, sino de buscarle un sentido, una trascendencia: ¿qué es el amor, qué es el erotismo, qué son las mujeres, qué buscan, cómo se comportan? En la medida en que los lectores compartan estas curiosidades y sientan que el novelista está dando respuestas, sentirán que la novela es de ellos, que el novelista está contando una historia conocida que puede iluminar sus propias vidas.
- Por desgracia las novelas están estrechamente vinculadas a la situación económica del país en que salen publicadas: si el país está en crisis, la novela está en crisis. Si la novela no dispone de un aparato publicitario que la apoye, corre el riesgo de permanecer en bodega. Pero las novelas tienen sus misterios y de pronto salen de la oscuridad y comienzan a venderse y a tener lectores.
- La mayor parte de las personas que escriben por necesidad, siguiendo el mandato interior que pregonaba Kafka, lo hacen para comprenderse, para explicar su posición en el mundo, incluso para justificarse. La escritura es una satisfacción solitaria, por lo tanto en cierta forma onanista. Ser leído es como escapar del onanismo y entregarse al amor: compartir la pasión pero también el veneno. De la misma forma, las obras escritas y no publicadas se transforman en veneno que puede echar a perder la vida de un escritor.
- Cuando uno desde chiquito se soñó Cervantes no tiene otra alternativa que hacerse ilusiones y trabajar para estar a la altura de sus sueños. El proyecto de escribir una serie de libros es tan absurdo, tan optimista, como la idea de que éstos se venderán abundantemente. Sólo siendo un irredimible optimista se puede persistir en la profesión del escritor en estos tiempos de penuria.
- La idea de que una buena novela debe captar el espíritu de su tiempo la entiendo de la siguiente manera: lo que importa son los efectos de las circunstancias sobre los personajes, más que las circunstancias mismas.
- Uno va escribiendo como el navegante del barco de la vida, entre las brumas del tiempo, a veces ve islotes, en ocasiones continentes, frecuentemente sufre alucinaciones y descubre que todo es falso y todo verdadero, que todo importa y todo carece de importancia, que el camino vale tanto como la llegada. Tal vez la razón del arte sea recuperar los islotes de la memoria, los instantes memorables, para hacerlos habitables, para ofrecerlos al lector, al espectador. Somos criaturas de un día, pero con el privilegio de la memoria y la ventaja de la conciencia. Las novelas son el resultado de una larga vigilia en busca de esos islotes de la memoria, de esos continentes de la naturaleza humana. Cada novelista descubre y crea sus territorios, les da habitantes, una geografía, unas leyes, e invita a los lectores a visitar su territorio.
- El novelista es una persona a la que no le basta con una vida. Es un ser elevado a una segunda potencia por arte de su imaginación y su soberana paciencia.









