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CARTA DEL FRENÁPTERO MONTAÑOVIVAS A TIROFIJO

septiembre 04, 2010


Diario de 2002

Había abandonado las andanzas de Adolfo, el frenáptero, pero aquí está la continuación. No sé si habrá algún loco desocupado que siga puntualmente este blog, que actualizo a veces cuatro veces a la semana. Si tal desocupado existe... le dedico esta entrada.


Adolfo se toma el pulso. Es lo que suponía, dice. Algo está sucediendo en casa de mi familia. Siento mucho que ni padre se esté muriendo, pero no puedo ocultar un axioma fundamental en la vida de cualquier familia: si el padre merece descanso eterno, sus parientes merecemos un descanso aunque sea provisional.
Adolfo es insaciable, como yo. Le divierte contar sus locuras en el manicomio, al que ingresó voluntariamente. Lo miro. Estamos en su finca muy cerca del cielo. Come maní todo el tiempo, como un mico.
Sonríe para sí.
—Yo a he pensado que puedo arreglar a este país con una carta, con una simple carta. Carta abierta a Tiro Fijo. Pero no puedo hacerlo. Por eso escribí el poema a la guerra. Tiro Fijo se va a morir cualquier día de estos. La guerrilla es una fábrica de oro, por eso no se acaba. Mucha gente gana dinero gracias a ella. Los políticos compran armas, armas, armas, y de cada lote de armas sacan una tajada. Por eso no quieren terminar la guerra, porque se les rompe el cochinito. Comida hay en Colombia para todo el mundo. Si este pais se arreglara todos estaríamos gorditos. Pero no hay que meterse a querer arreglar nada. Si uno quiere arreglar a Colombia, lo matan.
Le pregunto si cree en el mal.
Es lo mismo que preguntar si creo en Dios. ¿Tu crees que Dios cree en mi?
Sí, lo creo. Si Dios existe, debe creer en ti.
Entonces sí creo en Dios. Hay que ser agradecido.
Miro al árbol que está frente nosotros. Parece tener varias bocas de dragones. Parece diabólico, maléfico.
—Quiero zapote negro por correo.
Súbitamente regresa a lo de su viaje a Suecia.
—En Suecia no tenía dinero y pasé por el mercado. Allí vi grandes moras. Había cinco clases de jugos de mora. ¿Sabes que las madres perdonan todo? En realidad sí hay un infierno, y es el que nos puede esperar en la vejez. A veces la vejez nos podría llegar de repente, en forma de gota. Un amigo tomó vino y metió coca, vino y coca, y amaneció caminando como pato. Otro amigo se tiró al Amazonas y se metieron en su cuerpo los peces ciegos y se lo comieron de adentro para afuera. Eso era un hervidero, el cuerpo saltaba en convulsiones sobre la superficie del río. Sólo quedaron los pies. Me gustaría tener jamaica para sembrar. Esta vida no alcanza para leer todo lo que hay que leer ni para ver tanta cosa que hay que ver.
Seguimos sentados en el porche de la casa, una casa que parece en la cima del Himalaya, en medio de una nube de zancudos que por alguna extraña circunstancia no se acercan a mí y que tienen victimado a Adolfo, que aunque esté dispuesto a alimentarlos con su dulce sangre, en ocasiones pierde la paciencia y lanza el manotazo, no sin después pedirle perdón a los herederos de los muertos. “Uno puede ser budista, pero no soportar el martirio sin perder la paciencia. Perder la paciencia es asunto de humanos, y yo, desgraciadamente, no me he podido desligar de mi humanidad. Si fuera un ser angélico del todo, te aseguro que los zancudos, ¡tan tontos!, ni siquiera se acercarían a mí.
Le pregunto por qué me estarán respetando los bichos.
Hay dos posibles respuestas: o en efecto eres de naturaleza angélica, o de plano de naturaleza demoniaca. ¿Cuál prefieres?
Creo que la demoniaca.
Gracias, porque en ese caso me dejas un cupo libre, que yo podré ocupar.
Al frente nuestro está el árbol que parece el demonio. Adolfo y yo estamos a la expectativa, tratando de ver qué hay detrás de las cosas.
El tiempo es multidireccional a través de todos los seres diversos, dice. Somos instrumentos del tiempo. Detrás del tiempo debe estar el dueño del tiempo. Estamos sentados frente a la naturaleza como esperando que se revele el misterio, pero nos es indiferente. Creo que soy dentrólatra, rododendrólatra. Maravillosas palabras. Cuando escribas la segunda parte de mi biografía vas a poner en un compromiso a nuestros lectores. No creo que encuentren estas palabras en cualquier diccionario.
—¿No será que la muerte tiene la clave del tiempo? —me pregunta y se pregunta —. Estamos rodeados de insectos frente a un parque feérico. Vaya, otra palabra para el diccionario. ¿Crees que nuestro libro será un libro difícil?
Lo que pienso es que los lectores tendrán dificultades para entenderte a ti. Que podrán buscar las palabras raras en los diccionarrios, pero que a vos no te van a encontrar en ningún libro.
Sí, Marco, me van a encontrar en la primera parte de mi biografía. ¡Qué orgullo! Ser como el Quijote, que tuvo primera y segunda parte.
Poco mérito tengo, de venir a verte y copiar todo lo que haces y dices. Le digo. He viajado desde México para robarte la vida y escribirla.
Yo escribí un poema a la nuca. Uno tiene que poemar sobre las cosas que nadie poema. Lindo el verbo poemar. Creo que no existe: yo poemo, tu poemas, el poema...¿Qué tal un poema a los codos?
Recuerdo que hace años la TV de Valle me hizo una entrevista. Adolfo estaba presente. Fue necesario amarrarlo y amordazarlo para que se callara.
¿ Qué obra tuya salvarías?, me pregunta.
La primera parte de tu biografía, Los placeres perdidos, le respondo. Creo que en ella hay una verdad, un descubrimiento auténtico, que no se encuentra en mis otros libros.
¡Y pensar que es tu libro menos vendido! Dice.
Dos ediciones prácticamente inmóviles.
Lo que habla de la imbecilidad de la gente. Mejor cambiar de tema. El tiempo. Podría pasar un siglo hablando del tiempo. Me habría gustado hablar sobre el tema con Borges. El tiempo. Podríamos ser absorbidos, ¿absortos?, en cualquier momento por un hueco negro. Imagínate: yo al sexto mes de mi matrimonio sólo podía hablar con las vacas. Una vez estaba ordeñando. Ordeñar es indispensable, es un imperativo categórico. La vaca no puede esperar. La ubre se hincha. Yo estaba ordeñando en lo oscuro, cuando una vaca atacó a la que yo ordeñaba y me vi súbitamente en un remolino de cascos. Me levanté como pude, las mandé a su esquina como a boxeadoras y me puse a regañarlas. Las vacas tiene jerarquías. Tienen comportamientos extraños. Las vacas son muy amorosas. Son un ejemplo de maternidad. Toda la vaca deja utilidad. Esa es su gran desgracia. Si uno excava aquí, sale una arena doradísima. Yo estoy muy diversificado. Gano 800 000 pesos. Ante la indiferencia de la naturaleza decidí ir a dormir.
Súbitamente dice una estrofa:
Cerrar las lápidas de los ojos
Y mirar hacia adentro
Donde es cálido y oscuro
Luego dice: El mundo lo pintó bien Michael Ende. Lo que no es estar sino como navegando en oscuridad aterciopelada. Esa forma de borrar el yo para recargar las pilas. La historia sin fin. Un libro dentro de otro libro.
Una de las características de la parla de Adolfo es el anacoluto. Sus neuronas funcionan a fogonazos y es difícil seguir sus hilos.

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1 comentarios

  1. Profe, he de decirle que con lágrimas en los ojos encontré hoy su blog. Y aún mayor mi felicidad al toparme con esta entrada en especial. Encontré "Los placeres perdidos" en una libreria de Úrsulo Galván hace años, de uso me costo 40 pesos, algo roto, rayado y de una tal Sandra ( muy parecido a mí en ese entonces), y me golpeó la frescura del texto, siempre he sido muy adepto a la lectura, pero su libro en particular hizo que me animara a escribir, a expresarme incluso de manera muy distinta. Honestamente no exagero al decirle que lo que leí en su obra tocó de cierta forma una parte de mi vida.
    A cambio y en gratitud silenciosa, a toda persona que conozco le regalo/presto ( lo prestado es primo de lo regalado ) "Cuentos para después de hacer el amor", por mucho mi libro favorito, no exagero al decir que he comprado al menos 15 copias. Agotado en Veracruz, lo busqué en Xalapa y sólo quedaba la edición de Punto de lectura en el Trillas México (aunque venían con errores de imprenta). Ya sólo me quedan 2 ejemplares.
    Hace algunos años editaba una revista en el puerto de Veracruz, y en vano intenté contactarle para una entrevista a sabiendas que trabaja en la UV. Bendito facebook que en dos clicks me cierra con broche de oro la semana. Muchas gracias por sus libros.

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