Ventura y sus desventuras o el sentido de la melancolía
EDITORIAL DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA junio 20, 2018
Corre, lee y dilePor Germán Martínez Aceves
Pito Pérez, el personaje que creó el escritor michoacano José Rubén Romero, desde el campanario de la iglesia del pueblo criticaba ácidamente a la sociedad beatona. Era libre, abiertamente sincero. La verdad lo orillaba a una vida inútil, disminuida. Seguramente se burlaría de Ventura, alter ego de Marco Tulio Aguilera Garramuño y acabarían juntos intercambiando sus desventuras.
Coleccionista de premios, profeta de otras tierras, el escritor nacido en Bogotá, Colombia y con más de 30 años viviendo en Xalapa, ha narrado los lances amorosos de Ventura que transitan desde púberes precoces hasta damas inquietas. Erotismo, amor, deseo y un sentido de la vida optimista a veces musicalizado con el sonido de un violín, han dado forma a amores platónicos y apetitos carnales.
Pero hoy la vida la suerte le ha cambiado al abrir las puertas del infierno y coquetear con el diablo que lo conducirá por los caminos de la depresión, el extravío, la bilis negra para redimir su vivencia en la novela "Formas de luz. (El sentido de la melancolía)", que le valió obtener el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2017 convocado por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes.
El jurado lo integraron Eduardo Antonio Parra, Juan Manuel Servín y Raúl Mejía, quienes consideraron que la historia “presenta una propuesta narrativa de gran calidad a contracorriente de las tendencias actuales”.
La vida sin sobresaltos, habituada a las anécdotas eróticas para antes, durante y después del amor, no había topado con un amor fugaz que desequilibraría la vida conyugal de Ventura. Isadora Perdomo fue la invitación a la infidelidad y Atanasia, la esposa, la ruptura de la confianza que transformó la atmósfera del escritor en un ambiente denso, obscuro, perverso, bipolar y violento.
Al escribir su experiencia nos comparte sus infiernos y con ello encuentra parte de la cura. Anota Ventura: “¿Quién puede decir con certeza el nombre de su enfermedad, su origen, su evolución, su cura, si es que la hay? ¿Melancolía erótica, melancolía amorosa, licantropía, esquizofrenia, leucoencefelatis, bipolaridad, saudade? ¿En realidad importa ponerle nombre a los males? ¿Por qué no aceptar el mal de la tristeza como una especie de licencia poética de la vida convencional o la metáfora de otro mundo que podríamos habitar?”
"Formas de luz. (El sentido de la melancolía)" es de la colección Ficción de la Editorial UV, coedición con la Secretaría de Cultura del Gobierno del estado de Michoacán, la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes, 458 páginas, 2018. Se puede adquirir en la Editorial de la UV, Hidalgo 9, Zona centro, Xalapa. Veracruz.
Coleccionista de premios, profeta de otras tierras, el escritor nacido en Bogotá, Colombia y con más de 30 años viviendo en Xalapa, ha narrado los lances amorosos de Ventura que transitan desde púberes precoces hasta damas inquietas. Erotismo, amor, deseo y un sentido de la vida optimista a veces musicalizado con el sonido de un violín, han dado forma a amores platónicos y apetitos carnales.
Pero hoy la vida la suerte le ha cambiado al abrir las puertas del infierno y coquetear con el diablo que lo conducirá por los caminos de la depresión, el extravío, la bilis negra para redimir su vivencia en la novela "Formas de luz. (El sentido de la melancolía)", que le valió obtener el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2017 convocado por la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes.
El jurado lo integraron Eduardo Antonio Parra, Juan Manuel Servín y Raúl Mejía, quienes consideraron que la historia “presenta una propuesta narrativa de gran calidad a contracorriente de las tendencias actuales”.
La vida sin sobresaltos, habituada a las anécdotas eróticas para antes, durante y después del amor, no había topado con un amor fugaz que desequilibraría la vida conyugal de Ventura. Isadora Perdomo fue la invitación a la infidelidad y Atanasia, la esposa, la ruptura de la confianza que transformó la atmósfera del escritor en un ambiente denso, obscuro, perverso, bipolar y violento.
Al escribir su experiencia nos comparte sus infiernos y con ello encuentra parte de la cura. Anota Ventura: “¿Quién puede decir con certeza el nombre de su enfermedad, su origen, su evolución, su cura, si es que la hay? ¿Melancolía erótica, melancolía amorosa, licantropía, esquizofrenia, leucoencefelatis, bipolaridad, saudade? ¿En realidad importa ponerle nombre a los males? ¿Por qué no aceptar el mal de la tristeza como una especie de licencia poética de la vida convencional o la metáfora de otro mundo que podríamos habitar?”
"Formas de luz. (El sentido de la melancolía)" es de la colección Ficción de la Editorial UV, coedición con la Secretaría de Cultura del Gobierno del estado de Michoacán, la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes, 458 páginas, 2018. Se puede adquirir en la Editorial de la UV, Hidalgo 9, Zona centro, Xalapa. Veracruz.
Éxito crítico internacional de novela publicada por
la Editorial de la Universidad Veracruzana
Marco
Murrieta*
Escritores,
críticos y periodistas de México, Colombia, Cuba, España, Argentina, Alemania y
otros países han destacado la calidad de la novela La insaciabilidad, de Marco
Tulio Aguilera, obra publicada por la Editorial de la Universidad Veracruzana.
La primera edición está a punto de agotarse en menos de un año y recientemente
se lanzó la edición en libro electrónico, que se puede conseguir de manera gratuita
en la siguiente dirección ebook.uv.mx
Óscar
de la Borbolla, en la presentación en la FILU comentó: “Ya no se escriben obras como ésta: inteligente,
brillante, culta, divertida con un profundo sentido filosófico”.
Amir
Valle, director de la revista electrónica Otro lunes que se publica en Berlín,
comentó: “La insaciabilidad es una de las novelas más completas que
he leído sobre el tema de la sexualidad humana. Completa en lo filosófico,
completa en lo dramático, completa incluso en lo idiomático. Marco Tulio es un narrador de los grandes, que no
ha recibido el reconocimiento que merece”.
Gustavo Arango,
escritor colombiano y profesor la la Universidad de Oneonta en Nueva York
escribió: “Si uno quisiera encontrar hoy
en día literatura de verdad, como la novela La insaciabilidad –antes de que el
tiempo dé su veredicto– tendría que buscar lejos del mundanal ruido: en las
editoriales independientes o universitarias, como la de la Universidad
Veracruzana”.
Otras
piniones:
“Aguilera
comete un acto casi revolucionario: escribe terriblemente bien. Una
pluma rica basta y sobra para sostener cualquier novela, pero La
insaciabilidad tiene el agregado de ofrecernos un puñado de
personajes inolvidables. (Pablo Hernán Di Marco, Buenos Aires, revista Libro y
Letras, abril de 2015).
“Xalapa
es el escenario central de las historias de Ventura y no será casualidad que
más de una persona se vea retratada como personaje en las narraciones de La
insaciabilidad. Ventura, el protagonista, como buen escritor, abunda en
detalles, coquetea siempre con el deseo y a pesar de ello, no rebasa la
intimidad y deja que la imaginación vuele”. (Germán Martínez, Diario de Xalapa)
“La
insaciabilidad de Garramuño es un auténtico Amazonas que nos atrapa y nos lleva
hasta el final sin permitirnos casi respirar”. ( Felipe Casanova, México)
“Una novela que se me antoja la perfecta combinación de una sucesiva invención de acciones; los caracteres con que el autor dotó a sus personajes, y el espacio donde los dejó desarrollarse, viven y mueren; en realidad, una estructura final que bien puede parecerse a la vida misma. Una gran, gran novela. (Pedro M. Domene, España)
“Si bien he leído casi toda la obra novelística de Marco Tulio Aguilera Garramuño y disfrutado de las bondades de ésta, ahora, al terminar La insaciabilidad, puedo afirmar que esta es una de sus novelas más sobresalientes. Xalapa, México, la principal localización de la novela, sirve de punto de partida para una narración que, como debe ser, la supera en tiempo y espacio gracias a que, junto a sus personajes, asciende a un plano universal. (Félix Luis Viera, Cuba)
“Una novela que se me antoja la perfecta combinación de una sucesiva invención de acciones; los caracteres con que el autor dotó a sus personajes, y el espacio donde los dejó desarrollarse, viven y mueren; en realidad, una estructura final que bien puede parecerse a la vida misma. Una gran, gran novela. (Pedro M. Domene, España)
“Si bien he leído casi toda la obra novelística de Marco Tulio Aguilera Garramuño y disfrutado de las bondades de ésta, ahora, al terminar La insaciabilidad, puedo afirmar que esta es una de sus novelas más sobresalientes. Xalapa, México, la principal localización de la novela, sirve de punto de partida para una narración que, como debe ser, la supera en tiempo y espacio gracias a que, junto a sus personajes, asciende a un plano universal. (Félix Luis Viera, Cuba)
Marco
Tulio Aguilera verá publicados el próximo año dos libros: uno en Colombia, que
tendrá el título de Poéticas y obsesiones y encuentros con García Márquez y
otro en México: Doctor Amóribus. Además está terminando el ciclo de novelas que
ha llamado El libro de la vida, que estará constituido por siete novelas,
cuatro de ellas ya publicadas en varios países. Los anteriores libros serán
presentados en la Feria del Libro Universitario y en otros foros nacionales e
internacionales.
El escritor es investigador de la Universidad
Veracruzana, adscrito a la Editorial desde hace 35 años, y es la persona que
más artículos ha escrito en las revistas universitarias de la UV, lo que se
puede confirmar en el Repositorio Institucional de la Universidad Veracruzana
en la siguiente dirección http://cdigital.uv.mx/
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*Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación, Universidad de Xalapa
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*Licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación, Universidad de Xalapa
Corre, lee y dile
Marco Tulio, el insaciable
Por Germán Martínez Aceves
Pedidos directos de La insaciabilidad, firmados por el autor, a escandioti@gmail.com
Pedidos directos de La insaciabilidad, firmados por el autor, a escandioti@gmail.com
Ventura regresa de
nuevo con sus aventuras, desventuras y travesuras. El personaje, sin duda alter
ego de Marco Tulio Aguilera Garramuño, vive con intensidad sus encuentros con
las mujeres, con la propia vida y con ese sabor que no tiene límite, que no
encuentra el fin, que lo vuelve insaciable.
La insaciabilidad es una novela que forma parte de un proyecto literario de largo aliento integrado por siete obras. Es a la vez, el segundo volumen que Marco Tulio Aguilera denomina como El libro de la vida formado por Mujeres amadas, La hermosa vida, Doctor Amóribus y dos obras aún inéditas: El sentido de la melancolía y Sin máscara frente al espejo.
Pasan los años y parece que Ventura no envejece. Sigue igual de incesante como en los primeros relatos escritos por Marco Tulio donde el personaje conoce a diversas mujeres y sus relaciones se envuelven en atracción, erotismo, amores platónicos o saltos al desamor.
Algo que se debe agradecer a Marco Tulio es su refinado oficio de escritor que permite seguir las narraciones de manera fluida no exentas de imágenes poéticas y reflexiones que dan forma a El libro de la vida, el libro de Ventura o ¿de su vida?
Como buen escritor colombiano que vivió el boom latinoamericano, Aguilera Garramuño es seguidor de García Márquez, de Cortázar, de Vargas Llosa y de cuanto escritor viejo a joven que lance una propuesta narrativa. De todos abreva y crea su propio estilo para convertirse en una especie de Henry Miller tropical.
Ventura no es más ni menos que el común de los hombres, su vida gira en función de las mujeres amadas u odiadas pero siempre están en su mente al borde del incendio erótico o la huida inesperada.
Dividida en tres partes, La insaciabilidad es esa búsqueda permanente de ser pleno pero a la vez cuando se piensa que logró llegar al final de la historia, surgen vacíos que de nueva cuenta Ventura buscará llenarlos en el encuentro de una próxima mujer, de una nueva experiencia, de una nueva ilusión.
Ventura tiene el hábito de escribir, de leer, de aficionarse al violín, solo le falta retar a los jóvenes a jugar basquetbol y lanzarse en pos de medallas desafiando a los tritones de las albercas. No obstante tiene ese tino de encontrarse con mujeres que arrebatos o desafíos que le marcan su vida.
Ahí estará en sus encuentros Bárbara Blaskowitz, tan insaciable como el propio Ventura; Irgla, la regiomontana tan compleja como la pronunciación de su nombre; la “loca” poeta de Estrella de los Campos; la púber Trilce y su hechicero violín, por mencionar algunas de las principales obsesiones del atribulado escritor.
Xalapa es el escenario central de las historias de Ventura y no será casualidad que más de un personaje se vea retratado en las narraciones de La insaciabilidad. Monterrey es otro de los puntos de las vivencias y ambos lugares los espacios del erotismo latente.
Ventura, como buen escritor, abunda en detalles, coquetea siempre con el deseo y a pesar de ello, no rebasa la intimidad y deja que la imaginación vuele. Es tal vez la mejor fórmula para mantener viva la insaciabilidad, el gusto y el sabor por la vida. Al fin de cuentas: “¿quién puede garantizarle a un ser humano que lo mejor de su vida no haya pasado y le esperen sólo meras sombras y pantanos?”
La insaciabilidad es una novela que forma parte de un proyecto literario de largo aliento integrado por siete obras. Es a la vez, el segundo volumen que Marco Tulio Aguilera denomina como El libro de la vida formado por Mujeres amadas, La hermosa vida, Doctor Amóribus y dos obras aún inéditas: El sentido de la melancolía y Sin máscara frente al espejo.
Pasan los años y parece que Ventura no envejece. Sigue igual de incesante como en los primeros relatos escritos por Marco Tulio donde el personaje conoce a diversas mujeres y sus relaciones se envuelven en atracción, erotismo, amores platónicos o saltos al desamor.
Algo que se debe agradecer a Marco Tulio es su refinado oficio de escritor que permite seguir las narraciones de manera fluida no exentas de imágenes poéticas y reflexiones que dan forma a El libro de la vida, el libro de Ventura o ¿de su vida?
Como buen escritor colombiano que vivió el boom latinoamericano, Aguilera Garramuño es seguidor de García Márquez, de Cortázar, de Vargas Llosa y de cuanto escritor viejo a joven que lance una propuesta narrativa. De todos abreva y crea su propio estilo para convertirse en una especie de Henry Miller tropical.
Ventura no es más ni menos que el común de los hombres, su vida gira en función de las mujeres amadas u odiadas pero siempre están en su mente al borde del incendio erótico o la huida inesperada.
Dividida en tres partes, La insaciabilidad es esa búsqueda permanente de ser pleno pero a la vez cuando se piensa que logró llegar al final de la historia, surgen vacíos que de nueva cuenta Ventura buscará llenarlos en el encuentro de una próxima mujer, de una nueva experiencia, de una nueva ilusión.
Ventura tiene el hábito de escribir, de leer, de aficionarse al violín, solo le falta retar a los jóvenes a jugar basquetbol y lanzarse en pos de medallas desafiando a los tritones de las albercas. No obstante tiene ese tino de encontrarse con mujeres que arrebatos o desafíos que le marcan su vida.
Ahí estará en sus encuentros Bárbara Blaskowitz, tan insaciable como el propio Ventura; Irgla, la regiomontana tan compleja como la pronunciación de su nombre; la “loca” poeta de Estrella de los Campos; la púber Trilce y su hechicero violín, por mencionar algunas de las principales obsesiones del atribulado escritor.
Xalapa es el escenario central de las historias de Ventura y no será casualidad que más de un personaje se vea retratado en las narraciones de La insaciabilidad. Monterrey es otro de los puntos de las vivencias y ambos lugares los espacios del erotismo latente.
Ventura, como buen escritor, abunda en detalles, coquetea siempre con el deseo y a pesar de ello, no rebasa la intimidad y deja que la imaginación vuele. Es tal vez la mejor fórmula para mantener viva la insaciabilidad, el gusto y el sabor por la vida. Al fin de cuentas: “¿quién puede garantizarle a un ser humano que lo mejor de su vida no haya pasado y le esperen sólo meras sombras y pantanos?”
La insaciabilidad,
de Marco Tulio Aguilera Garramuño, colección Ficción de la Editorial de la
Universidad Veracruzana, 491 páginas, 2015, se puede encontrar en el Servicio
Bibliográfico Universitario, Xalapeños Ilustres 37 o la Feria Permanente del
Libro Universitario, Hidalgo 9.
La Editorial de la
UV en el éter y el ciberespacio
Los invitamos a escuchar el programa Oye, lee y dile que se transmite
todos los martes a las 18:00 horas en Radio Universidad Veracruzana, 1550 AM y
a que consulte las páginas electrónicas www.uv.mx/editorial owww.uv.mx/corre en donde
podrán consultar las novedades de la Editorial de la UV. Cualquier comentario
lo puede hacer llegar a gemartinez@uv.mx
Pedidos directos de La insaciabilidad, firmados por el autor, a escandioti@gmail.com
Guillermo
Goussen (Nicaragua), Pablo Hernán Di Marco (Argentina), Félix Luis Viera (Cuba),
Germán Martínez (México)
La
insaciabilidad es una
fuente inagotable. En mi experiencia como lector-escritor, reconozco, entre los
creadores que más me han gustado que hay dos tipos: los donadores y los no
donadores.
Ambos se le aparecen a uno cuando hace sus pinitos o cuando inicia una obra que -cree- deberá ser esencial para la carrera, y no todos de igual manera.
Por ejemplo, a mí Márquez nunca me motivó ningún escrito, pero Vargas Llosa sí; Borges me dio la pauta para hacer mi relato ganador en España del Premio Zaragoza 2003, al igual que Ramírez Mercado y Cabrera Infante.
Con Aguilera Garramuño se ha dado algo curioso: su influencia ha sido para bien o para callarme, que también es al final para bien. Cuando conocí su Descabezadero me obligué a buscar sus novelas, y en cada una fui descartando las que yo ya había hecho y empezado. Me decía: Si este cachaco jodido ya lo dijo bien, ¿para qué regarla?
Ambos se le aparecen a uno cuando hace sus pinitos o cuando inicia una obra que -cree- deberá ser esencial para la carrera, y no todos de igual manera.
Por ejemplo, a mí Márquez nunca me motivó ningún escrito, pero Vargas Llosa sí; Borges me dio la pauta para hacer mi relato ganador en España del Premio Zaragoza 2003, al igual que Ramírez Mercado y Cabrera Infante.
Con Aguilera Garramuño se ha dado algo curioso: su influencia ha sido para bien o para callarme, que también es al final para bien. Cuando conocí su Descabezadero me obligué a buscar sus novelas, y en cada una fui descartando las que yo ya había hecho y empezado. Me decía: Si este cachaco jodido ya lo dijo bien, ¿para qué regarla?
Guillermo
Goussen, nicaragüense
Sobre La insaciabilidad de Marco Tulio Aguilera
Quienes tuvimos la suerte o desgracia de caer
en el vicio de la escritura sabemos que debemos escapar de los adjetivos
grandilocuentes tanto como de la peste. Sin embargo, es imposible analizar la
obra de Aguilera sin utilizar términos como soberbia, ególatra, brillante,
vanidosa, única, autorreferencial… Como era de esperar, su última novela no
escapa de esta premisa, es más: la subraya y reafirma con creces.
En tiempos en los que pareciera que
cualquier persona capaz de decir dos palabras de corrido tiene derecho a ser
considerada “artista”, Aguilera comete un acto casi revolucionario: escribe
terriblemente bien. No me avergüenza decir que leer las primeras páginas de La insaciabilidad retrasó la escritura
de mi nueva novela. La prosa de Aguilera —magnética, pulida, juguetona; cálida,
a pesar de ser filosa como una daga— me hizo dudar por algunos días de mi
propia capacidad para llevar adelante mi trabajo.
Una pluma rica basta y sobra para sostener
cualquier novela, pero La insaciabilidad tiene el agregado de ofrecernos un puñado de
personajes inolvidables —y vuelvo a disculparme por el uso de adjetivos
grandilocuentes— entre los que se destacan Ventura y Trilce.
Ventura es un escritor de mediana edad,
megalómano, talentoso, triste y felizmente desgarrado por un pequeño harén de
mujeres que lo aman y detestan en partes iguales.
“Estás solo, Ventura, completamente solo,
y nadie te va a salvar de eso, porque tu soledad se basa en el convencimiento
de que no existe una sola persona que alcance tu estatura.”
Y como sé que la polémica será inevitable,
me anticipo a ella y aclaro que me niego a debatir si la novela es (o no)
autobiográfica, o si Ventura es (o no) el alter ego del propio Aguilera. Es una
discusión inútil que dejo de lado por
trillada e inconducente. Toda buena novela es una misteriosa alquimia de verdad
y mentira, y ya todos sabemos que cuando hablamos de literatura no hay nada más
mentiroso que la verdad y nada más verdadero que la mentira.
El mismo Aguilera nos recuerda la frase de
Flaubert que dice que “toda gran novela debe tener por lo menos un gran
personaje femenino.” La insaciabilidad
lo tiene en la figura de Trilce: una adolescente reflejo de su despampanante
madre (amante de Ventura), y virtuosa del violín, instrumento del amor del que
Ventura no logra obtener más que sonidos huecos.
Trilce es un personaje magnético, de veras
memorable, y ruego que la novela llegue pronto al cine para ver cómo sus
realizadores resuelven el desafío de trasladar a esta niña a la pantalla.
Podría asegurar que la Lolita que enamoró a Jeremy Irons en la película que
recreó el clásico de Nabokov es apenas cartón pintado en comparación al
potencial que ofrece Trilce.
La pluma de Aguilera vuelve a Ventura y a
Trilce tan reales que el lector de la novela, aun apartando sus ojos del libro,
es capaz de oírlos susurrar o gritar en su oído. Y no se me ocurre mayor
elogio: un escritor es, ante todo, un pequeño Dios capaz de crear vida con
apenas imaginación, tinta y papel. Y los deseos satisfechos e insatisfechos de
sus criaturas deben hacerse obligatoriamente carne en la piel del lector.
Y es en relación a los deseos insatisfechos
donde llegó mi primer reparo. En algún momento de mi lectura intuí una
falencia: Aguilera no me daría lo que prometía. Una novela es una promesa, y es
el autor por medio de sus personajes el obligado a saldarla. La insaciabilidad, página tras página,
no hacía otra cosa más que hacer crecer en proporciones descomunales mi deseo
por Trilce —sí, no me equivoco, ya no hablo del deseo de Ventura sino del mío
propio hacia esa niña diabólicamente angelical— y sospeché que ese deseo no
sería saciado. Solo puedo decir que me equivoqué: Aguilera paga hasta su última
promesa y, con elegante y sutil maestría, nos demuestra que una clase de violín
puede encerrar tanto erotismo como las obras completas de Sade, los Trópicos de
Henry Miller o La historia del ojo de Georges Bataille. Un logro no
menor en tiempos en los que la venerable literatura erótica se encuentra
reducida a clichés garabateados sobre papel picado.
Intuyo que Marco Tulio Aguilera
—presumido, cabrón, terco, pero también derecho como pocos y talentoso hasta la
exasperación— escribe con un solo fin: responderse a sí mismo si es un gran
artista o apenas un farsante. Yo sé muy bien la respuesta pero jamás se la
diré. Pretendo que siga escribiendo con pasión hasta el último día de su vida,
para deleite de este pequeño grupo de desquiciados que todavía somos capaces de
excitarnos, maldecir, reír a carcajadas y también llorar ante la lectura de una
buena historia.
Pablo Di Marco, Buenos Aires, abril de 2015
Félix Luis Viera
Si bien he leído casi toda la
obra novelística de Marco Tulio Aguilera Garramuño y disfrutado de las bondades
de ésta, ahora, al terminar La
insaciabilidad, puedo afirmar que esta es una de sus novelas más
sobresalientes. Casi 400 páginas que no nos dejarán “tranquilos” hasta que no
lleguemos al final. Esto debido a la intensidad con que está escrita, más esas
ansias de continuar que produce la narración, sobre todo en lo que se refiere a
los amoríos de Bárbara Bláskowitz y el narrador protagonista, más que
victimarios uno del otro, víctimas ambos de una lujuria que los hace cómplices,
muy bien desentrañada por el autor a lo largo del relato.
Otro de los detalles relevantes
de La insaciabilidad resulta su
lenguaje, intenso, de notables valores poéticos, y que en una y otra página nos
hace vibrar con sentencias rotundas, dignas de apropiárselas, puesto que poseen
un carácter universal que, solo un autor en plena madurez, un gran observador
del comportamiento humano, podría entregarnos.
Xalapa, México, la principal
localización de la novela, sirve de punto de partida para una narración que,
como debe ser, la supera en tiempo y espacio gracias —como decía antes— a que,
junto a sus personajes, asciende a un
plano universal.
Germán Martínez
Xalapa es el escenario central de las
historias de Ventura y no será casualidad que más de una persona se vea
retratada como personaje en las
narraciones de La insaciabilidad.
Ventura, el protagonista, como buen escritor, abunda en detalles, coquetea
siempre con el deseo y a pesar de ello, no rebasa la intimidad y deja que la
imaginación vuele. Es tal vez la mejor fórmula para mantener viva la
insaciabilidad, el gusto y el sabor por la vida. Al fin de cuentas: “¿quién
puede garantizarle a un ser humano que lo mejor de su vida no haya pasado y le
esperen sólo meras sombras y pantanos?”
Germán
Martínez, Xalapa
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