Encontré en mi disco duro esta conferencia trunca, que dicté en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Tunja, Colombia. Antes de que se pierda en las aguas del olvido la reproduzco.
Según Georges Bataille [1] "lo que diferencia al erotismo de la actividad sexual simple es la investigación o búsqueda psicológica, independiente del fin natutral dado en la reproducción y en el ansia de tener niños". Para Octavio Paz[2] "el erotismo no es mera sexualidad animal: es ceremonia, representación. El erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora". Para
el poeta mexicano "el agente que mueve lo mismo al acto erótico que al
poético es la imaginación". El teórico italiano Francesco Alberoni
plantea que no hay un erotismo sino dos: el masculino y el femenino, y
dice que éstos están marcados por una diferencia bien clara: mientras
que el erotismo masculino "tiende a la discontinuidad, a la revelación
de lo diferente, de lo totalmente nuevo", el femenino busca la
continuidad, la unión estable, el contacto, el tiempo".[3]
Esos dos tipos de erotismos, plantea Alberoni, son incompletos y
necesitan de su contraparte: "La unión de lo continuo y lo discontinuo
crea la identidad y, por consiguiente, la posibilidad de crecimiento, la
tendencia a lo alto, a la perfección".
Comparto,
en términos generales, estas tres concepciones del erotismo y de ellas
saco algunas conclusiones: la idea de que el juego erótico es una
actividad en la que se busca en primera instancia el placer, en segunda
el deber y en tercera el descanso del exceso de energía que impide
dormir (aunque el orden no sea siempre el mismo); la convicción de que
el juego erótico es el modelo mismo de la poesía, en la que por medio de
la belleza se busca una significación trascendente; y la idea de que en
la mujer hay un mayor compromiso, un intento más serio, de buscarle
sentido y valor al acto erótico, mientras que el hombre tiende a ser
frugal en el amor, pues siempre parece tener la cabeza en otra parte.
Desde
mis primeros recuerdos como escritor el erotismo estuvo ligado a lo que
he escrito. La misma actividad de la escritura fue siempre para mí un
asedio erótico, es decir, el resultado de una curiosidad, de un amor, de
una pulsión hacia un tema (y mis temas en muchas oportunidades no han
sido más que mujeres). Uno de mis primeros cuentos fue un texto
truculento en el que un niño visitaba a su hermana prostituta para
decirle que su madre estaba en el lecho de muerte. Recuerdo que en ese
entonces mi madre me preguntó que por qué no escribía sobre las glorias
del mundo y no sobre sus miserias. Luego escribí un cuento que llamé
"Clemencia ojos de cierva" en el que narraba el acoso de toda una
familia en torno a una sirvienta hermosa e inocente, que terminaba
sucumbiendo ante el embate de los jóvenes machos de la familia. El
erotismo de ese cuento podría clasificarse en dos tipos, netamente
diferenciados: el erotismo morboso
de los hermanos, y los juegos, casi infantiles y seudoeróticos, del
narrador del cuento. (Leer desde pag. 212 hasta el final).
No
es un secreto digno de ocultarse que este relato y otros surgieron casi
en bruto de la materia prima de mi vida. El papel represor de la
religión cristiana, que dominó laxamente mis primeros años, contribuyó a
crear un misterio en torno al acto erótico, basado en la prohibición; y
el papel propulsor fue proporcionado por la presión social de los
compañeros de edad, para quienes no era macho quien no estuviera
iniciado en los deleites del amor del cuerpo. Casi
siempre estuvo separado el concepto de amor de la práctica del
erotismo. Los juegos con las novias nunca incluían trasgresiones que
involucraran el sexo. Toda sexualidad estaba ligada, ya sea a las
prostitutas o a las sirvientas, que fueron las maestras del amor o las
víctimas de mi generación.
Mis
primeros acercamientos al erotismo fueron favorecidos por la abundancia
de prostitutas en un pequeño pueblo de Costa Rica llamado San Isidro
del General, donde pasé mi adolescencia. Mi cuerpo manifestó sus
urgencias gracias a la contemplación de una joven sirvienta, que luego
serviría de modelo para Clemencia. Sólo contemplación me fue dada con
Clemencia, pues muy adelante en la carrera del erotismo se hallaba mi
hermano mayor, que se llevaba la primicia de casi todas las mujeres,
jóvenes o viejas, que llegaran a una casa donde no había amo, sino una
madre que siempre estaba ausente, en busca del sustento para la familia.
Mi
iniciación en el contacto real con las mujeres se llevó a cabo en El
Barco del Amor, un prostíbulo no muy elegante, en el que una prostituta
joven, vestida de mexicana, se tendió en un rústico lecho de tablas,
levantó las enaguas, se despojó del calzón y dijo vénganos en tu Reino.
Con más susto que placer terminé mi efusión y tras el acto salí lleno de
confusión, preguntándome si aquello era todo, si ese vértigo sin
límites precisos era el paraíso que tantos amigos y tantas lecturas me
habían prometido. Ya por entonces había leído la versión no expurgada de
Las Mil y una Noches, con su erotismo juguetón, y los trópicos
de Miller, con esa versión destructiva y machista del sexo. Vale la pena
aquí citar un párrafo del libro El amor y Occidente[4],
en el que hallo una caracterización algo rústica del concepto de la
mujer que manejaba Miller y que según el francés, coincidía con los
conceptos de Lawrence y Caldwell:
Ya estamos hartos de sufrir por ideas, ideales, pequeñas hipocresías idealizadas y
perversas en las que ya nadie cree. Habéis hecho de la mujer una
especie de divinidad coqueta, cruel y vampiresca. Vuestras mujeres
fatales, vuestras mujeres adúlteras, vuestras mujeres resecas de virtud
nos han quitado la alegría de vivir. Nos vengaremos de vuestras
"divinas". La mujer es antes que nada una hembra. La haremos arrastrarse
sobre el vientre hacia el macho dominador. En vez de cantar la
cortesía, cantaremos las astucias del deseo animal, el imperio total del
sexo sobre el espíritu. Y la gran inoocencia bestial nos curará de
vuestro gusto por el pecado, esa enfermedad del instinto genésico. Lo
que llamáis moral es lo que nos hace volvernos malos, tristes y
vergonzosos...
El
párrafo no da cuenta cabal de la concepción del amor y del sexo de
Miller, pero sirve a grandes rasgos para caracterizar una actitud frente
a las mujeres, que coincide en mucho con el machismo tan dominante en
los tiempos de mi pubertad y adolescencia.
A
los catorce o quince años de edad yo tenía una olla de grillos en la
cabeza, en la que amor, sexo, erotismo, hombría, no eran más que
palabras que ocultaban la efercescencia de mi cuerpo y, lo más terrible,
de mi imaginación. Ni siquiera el paso de los años ha logrado acallar
este escándalo interior, y lo más reciente de mi larga investigación me
ha llevado a querer escribir con narradores femeninos. Muchísimos años
me llevó ligar el amor y el sexo, muchas mujeres, lecturas y
equivocaciones.
La
experiencia de vivir en San Isidro del General no me marcó de la manera
sórdida en que haría suponer el primer cuento de la prostituta y la
madre muerta, sino que dejó en mí secuelas jocosas. Gracias
al hecho de vivir en aquel pueblo, en el que el convivir con las
prostitutas era asunto de todos los días, fue que pude escribir una
novela como Breve historia de todas las cosas en la que hay un
mundo de alguna manera doméstico, donde el sexo y el erotismo eran el
pan de cada día y cada uno de los personajes lo consigue de la mejor
forma posible. Veamos cómo satisfacían sus ansias eróticas los presos de
la cárcel de San Isidro (leer página 43 y 44)
En el libro Cuentos para después de hacer el amor
inicio la exploración del erotismo como tema dominante en mi
literatura. En el cuento "Viaje Compartido", incluido en este libro, se
da una visión caricaturesca de las trasgresiones del cuerpo y de los
atrevimientos de la imaginación. El narrador habla con su esposa, que
permanece callada todo el tiempo, y le relata su primera escapatoria,
desde el mundo de lo cotidiano (la casa, la iglesia, el trabajo) al
mundo de la farándula, el strip tis y el erotismo hecho público. La idea
del erotismo como un deber, que sustenta el narrador, y que se basa en
una práctica cotidiana
fundamentada en los mandatos de la religión cristina, se ve vapuleada
por el descubrimiento de que el erotismo puede ser una actividad
compartida y muy emocionante, un juego peligroso en el que se pone en
cuestión la capacidad que tiene el hombre de ejercer su libre albedrío,
es decir, su imaginación.
El
origen de este cuento puedo rastrearlo en el hecho de haber conocido a
una persona muy similar a la del cuento: un hombre extremadamente
religioso, entregado a las rutinas de su trabajo y su familia, tan
adicto a los horarios, que, supuse, el día que viera rota su rutina, con
seguridad tendría una crisis de valores. Lo que hice para convertir a
esta persona en personaje, fue sacarlo de su contexto familiar y
colocarlo en el Teatro Blanquita de Monterrey, donde convive en una gran
fiesta de la carne el pueblo y todo se convierte en carnaval que
desfila por un escenario: vedetes, comediantes, desnudistas, acróbatas.
Un público compuesto por obreros, albañiles, estudiantes, oficinistas,
se entrega al relajo más total, todo ello dentro de unas normas de orden
desordenado o de desorden ordenado. (leer desde página 54 hasta el
final)
"Arrepiéntete
pecador", del mismo libro nos presenta un romance, casi exclusivamente
erótico, entre un profesor universitario maduro, y una joven estudiante
de sociología. La típica situación del hombre que no quiere
comprometerse y de la mujer intelectual liberada, se desarrolla mediante
una serie de encuentros eróticos en los que el hombre no logra, de
ninguna manera, satisfacer a la mujer. Esta situación tan contemporánea,
en la que ni uno ni otro personaje quieren involucrarse en una relación
que incluya afecto o documentos, se torna patética, cuando comienza a
desarrollarse una necesidad mutua.
El erotismo, libre de afecto o incluso amor, resulta ser una impostura,
en la que se falsea no solo la situación actual, sino la misma
personalidad de los involucrados (leer cursivas de pag. 109)
En la novela Los placeres perdidos
se da una situación diferente. Nos encontramos con un protagonista,
Adolfo Montaño Vivas, cuya característica fundamental es la inocencia,
característica que se halla matizada por una imaginación poética. Aquí
se intenta dar una versión del erotismo, en la que el amor y el arte se
hallan íntimamente asociados. La novela se desarrolla en base al intento
de corrupción que toda la sociedad que lo rodea ejerce sobre la
humanidad de este personaje. (Leer el inicio, pag 134, 135 hasta 142,
150, 160).
Otro
acercamiento al erotismo, este sí caricaturesco en extremo, es el que
se da en "Amor contra natura", cuento en el que un rinoceronte se
enamora de un helicóptero. Los papeles de la hembra etérea y del macho
dominado por pulsiones fundamentalmente fisiológicas, son parodiados, en
una especie de fábula sobre la mezcla de los reinos de la biología y de
la tecnología. (Leer p. 13 y 14)
El erotismo conyugal, tema no muy frecuente en la literatura latinoamericana, especialmente cuando es tratado por hombres, aparece
en el cuento "La noche de Aquiles y Virgen", en el que se retrata una
pareja de lo más convencional, que en el campo de batalla de las plumas,
se transforman en un par de heroes casi mitológicos. (Leer desde página
191 hasta inicio cuento porno...)
En
este mismo cuento, se incluye un ingrediente muy importante de la
ficción erótica, como es el contar una historia dentro de la narración
básica. Se da pues un erotismo en un grado menor, que es el que
desarrollan Aquiles y Virgen, y un erotismo en grado mayor, que linda
con la pornografía. Este erotismo en grado mayor se halla en el cuento
pornográfico que le cuenta Aquiles a su esposita Virgen: (Leer de pag. 198 hasta el final).
La función del cuento pornográfico es crear una mediación, aplazar el final del juego, para elevar la tensión erótica.
El
expediente del aplazamiento es el peón cuatro rey de la jugada erótica,
gracias a él se hace necesario el trabajo de la imaginación, con ella
entra en el campo del amor el arte del buen amante, que suple con otras
armas lo que el cuerpo se empecina en rendir apresuradamente. Que el
erotismo es un trabajo no hay duda, y lo sabe muy bien quien está casado
y tiene que luchar contra la rutina. Sin imaginación no hay emoción, no
hay tensión, no hay arte, no hay complicidad, elementos básicos de la
actividad camestre compartida.
El
símbolo de la espada, como mediadora entre los cuerpos, es bien sabido,
representa la distancia que hay en una pareja, que por algún
impedimento, no puede consumar el acto erótico. Al respecto vale la pena
mencionar el estudio de Denis de Rougemont, en El amor y occidente sobre
el mito de Tristán e Isolda. La separación de los amantes y el hecho de
no consumar el acto es lo que conforma la tragedia: Isolda pertenece al
rey y, aunque esté enamorada del caballero Tristán, no podrá consumar
su amor. Este espacio, esta ruptura de la relación, es precisamente la
que establece una diferencia tajante entre el erotismo y la pornografía:
el el erotismo siempre habrá un más allá inalcanzable, un misterio, una
nebulosidad, un hoyo negro, mientras que en la pornografía todo se
reduce a una aburrida e interminable trasgresión de todas las
prohibiciones.
El
amor incluye, quierase o no, un respeto mutuo, una adoración casi
sagrada del cuerpo y del alma y si en alguna circunstancia se vulnera
este respeto y se rompen los límites de una pareja, rebasando el nivel
del erotismo y entrando en el de la pornografía, hay un replegarse, un
arrepentirse, un disfrutar de la parte diabólica que todos los seres
humanos tenemos, para luego regresar al dominio de la parte divina. Al
respecto tengo un cuento inédito, cuyo título provisional es "El amor y
los espejos" en el que relata la entrada de una pareja en el territorio
de lo que es para ellos nefasto: la contaminación del alma por medio del
cuerpo. La historia relata la llegada de una pareja a la habitación de
una casa de huéspedes en la que hay un enorme espejo. Este espejo
impulsa a la pareja a hacer lo que nunca han hecho: (Leer felación de
cuento)
El
gusto de los hombres maduros por las niñas aparece en varios textos.
Uno de ellos, llamado "Cantar de niñas" o "Fruta verde" es un cuento
breve en el que se plantea la relación entre una Lolita y un hombre en
términos casi estrictamente románticos, pero en el que se anuncia que la
pareja está dispuesta a esperar que la naturaleza desarrolle la
relación hasta el final. En otro texto, de orden jocoso, utilizo una
especie de épica erótica más que amorosa. Se trata de "Las aventuras del
Doctor Amóribus", incluidas en la novela Las noches de Ventura.
Uno de los episodios de esta novela dentro de la novela desarrolla la
relación entre una jovencita y un hombre que se ostenta como Consultor
erótico y sentimental. El Doctor Amóribus es una especie de Doctora
Corazón, que resuelve problemas a mujeres, generalmente hermosas y
jóvenes, con las que termina haciendo el amor y, para su desgracia, de
las que termina enamorándose. "Ranita" es el apodo del personaje que es
puesto en manos del Doctor Amóribus para su tratamiento: (Leer inicio y
partes seleccionadas).
La novela Las noches de Ventura
está formada por un contrapunto entre la vida "real" del protagonista y
lo que él inventa al escribir las aventuras del doctor Amóribus. La
parte más álgida de la novela explora los arcanos de la fellatio,
actividad a la que está muy acostumbrada planteramente Bárbara
Bláskovitz, amante titular del protagonista Ventura, un escritor algo
desaforado en cuanto a sus proyectos literarios y en cuanto a sus
prácticas eróticas. (Leer fragmentos de fellatio BB). La obra comienza
precisamente en el momento en rel que la relación entre Ventura y BB.
inicia su declinación (Leer fgto.).
[4] El amor y Occidente, Denis de Rougemont, Editorial Kairós, 1973, Barcelona.
La magia de la risa, Octavio Paz, Editorial
Universidad Veracruzana (agotado)
He
aquí algunas de las observaciones que hace Octavio Paz sobre las caritas
sonrientes, vestigios de la cultura totonaca: se pregunta de quién o por qué se
ríen. Dice que reír es una forma de nacer y que llorar es otra forma de nacer
que ha sido la más socorrida por los mexicanos. Dice que la risa de las
cabecitas es distante. Dice que “como sus vecinos, los huastecas, los totonacas
—que fueron los hechores de las cabecitas sonrientes— revelan una vitalidad
menos tensa y más dichosa que los otros pueblos mesoamericanos”. Afirma que “el
arte totonaca rehúsa lo monumental porque sabe que la verdadera grandeza es
equilibrio...pero equilibrio en movimiento”
“La actitud y la
expresión de las figurillas evoca la imagen de un rito... Criaturas danzantes
que parecen celebrar al sol y a la vegetación naciente, embriagadas por una
dicha que se expresa en todas las gamas
del júbilo, ¿cómo no asociarlas con la divinidad que más tarde, en el Altiplano,
se llamó Xochipilli y Macuilxóchitl?” Sin embargo Octavio Paz no cree que se
trate de representaciones del dios. Supone que son figuras de su séquito o personajes que, de una u otra manera, participan de su culto.
No le parece que sean retratos, pero reconoce
que hay elementos que podrían hacer inclinar al investigador hacia esa
hipótesis, particularmente el hecho de que “la individualidad de los rasgos
faciales y la rica variedad de las expresiones risueñas, no tienen paralelo en
la historia entera de las artes plásticas”.
Dice Octavio Paz: “La risa de las figurillas empieza a revelarnos toda su insensata
sabiduría, apenas se recuerdan algunas cermonias en las que interviene
Xochipilli. En primer término, la
decapitación... el desollamiento, el sacrificio por flechamiento. Estos sacrificios, afirma Octavio Paz, están ligados a fiestas o ritos en los que
estaban vinculadas las caritas sonrientes. “No es descabellado suponer que las
figurillas ríen y agitan sus sonajas mágicas en el momento del sacrificio”.
Las divagaciones filosófico-culturales de Paz van más
allá: “La risa terrible es manifestación divina. Como el sacrificio, la risa
niega al trabajo. Y no sólo porque es una interrupción de la tarea sino porque
pone en tela de juicio su seriedad”. La
risa es una suspensión y, en ocasiones,
una pérdida del juicio. Así, retira toda su significación al trabajo y, en
consecuencia, al mundo”. La creación, afirma Paz, es juego. El trabajo es lo
serio. “El trabajo es lo que da sentido a la naturaleza: transforma su
indiferencia o su hostilidad, en fruto, la vuelve productiva. El trabajo humaniza al mundo y
esta humanización es la que le confiere sentido”
También afirma: “La sonrisa es el signo de la
impasibilidad, la señal de la infinita distancia de los hombres. Sonríen: nada
los altera”. “Mientras la magia afirma la fraternidad de todas las cosas y
criaturas, las religiones separan al mundo en dos porciones: los creadores y su creación”
Octavio Paz afirma que las caritas sonrientes son una invitación a la animación general, un
llamado tendiente a restablecer la
circulación del soplo vital: “Hoy solo los niños ríen con una risa que
recuerda a las figuras totonacas”
“Hacerse hombre es aprender a trabajar, volverse serio
y formal... El trabajo devora al ser del hombre: inmoviliza su rostro, le
impide llorar o reír... La palabra placer no figura en el vocabulario del
trabajo. El placer es una de las claves del hombre: nostalgia de la unidad
original y anuncio de la reconciliación con el mundo y con nosotros mismos”.
“Si el trabajo exige la abolición de la risa, el rito la congela en rictus”.
“Una alegría sobrehumana ilumina el rostro de la
víctima. La expresión arrobada de los mártires de todas las religiones no cesa
de sorprenderme... Esta alegría extática es insondable como el gesto del placer
erótico”.
“La risa es una de las manifestaciones de la libertad
humana... y es satánica porque es una de las marcas de la ruptura del pacto
entre Dios y la criatura”.
“La conciencia cristiana expulsa a la risa del paraíso
y la transforma en atributo satánico”
“Nuestra risa es negativa. No podía ser de otro modo,
puesto que es una manifestación de la conciencia moderna, la conciencia
escindida. Si afirma esto, niega aquello; no asiente (eres como yo), disiente
(eres diferente). En sus formas más
directas, satira, burla o caricatura, es polémica y señala, acusa o pone el
dedo en la llaga; alimento de la poesía más alta, es risa roída por la
reflexión: ironía romántica, humor negro, blasfemia, epopeya grotesca (de Cervantes
a Joyce); pensamiento, es la única filosofía crítica porque es la única que de
verdad disuelve los valores”.
La lectura de este prólogo de
Octavio Paz deja en el lector —en este lector— la idea de que ha asistido a una
fiesta de la inteligencia y la sensibilidad, en la que se le han dado
abundantes atisbos de una sabiduría ancestral, sin que se llegue a conclusión
alguna. ¿Algunas ideas quedan flotando? Las caritas sonrientes atestiguan o
reflejan el júbilo que despertaban los sacrificios rituales de los totonacas.
Son manifestación de la cultura terrible en la que la sangre servía para
mantener los ciclos de la naturaleza. Una cultura que exigía sacrificios
humanos y que los aceptaba con júbilo, con naturalidad.
Conclusiones inquietantes, todavía difusas,
inexplicables. El misterio sigue vivo y Octavio Paz lo ha dejado incólume,
gracias al método de revelar-ocultar, de sugerir y no decir. El misterio de las
caritas sonrientes sigue vigente, y Octavio Paz, sin duda, siendo poeta, está
satisfecho con ello. Una explicación de estas sonrisas sería una
desmetaforización, un desencantamiento, al que el poeta no querría contribuir
en modo alguno.
En su ensayo “El complejo de las caritas sonrientes” el
eminente arqueólogo Alfonso Medellín Zenil escribe: “La impresión general que
produce al observador la contemplación de los restos de la cultura totonaca es
la de un pueblo satisfecho, plácido y amante de exaltar la naturaleza, la
fecundidad y la belleza femeninas”. El ensayo de Medellín se centra en los sitios
arqueológicos en los que fueron halladas las caritas sonrientes, en los
materiales de los que fueron hechas, las excavaciones y otros asuntos técnicos.
Según él “las caritas sonrientes
empezaron siendo instrumentos musicales o flautas con embocadura en la
parte superior de la cabeza”. Señala que
“entre los totonacos de la época Clásica
debe haber existido una identificación entre el mono (animal de carácter alegre
y travieso por excelencia) y los dioses de la danza, del juego, alegría y
música con la divinidad solar, siempre concebida en movimiento, en continuo
batallar. También agrega que las figuras que están decoradas con saurios y
garzas atrapando peces, parece que sólo reflejan la fauna ambiental... aunque
posiblemente exista un significado mítico que no alcanzamos a comprender
ahora”.
Como es notable el poeta Paz ha
dejado volar su imaginación y ha vinculado las caritas sonrientes con ritos
sangrientos, lo que parece una licencia poética, mientras que el arqueólogo ha
vinculado a estas figuras con las fiestas de alegría, baile y jolgorio, además
con la celebración de una naturaleza generosa. La visión del poeta y la visión
del científico tal vez no estén tan distantes, si releemos la última línea de
Zenil, en la que se hace alusión a “un significado mítico que no alcanzamos a
comprender ahora”.

SOBRE LOS USOS HETERODOXOS DE LA LITERATURA
Esta es una historia edificante, recomendable para escritores y todo tipo de intelectuales que decidan escapar por una noche de sus aburridos destinos de chupalibros, mandilones, vividores, mamadores de becas y engañapendejos. Me la contó un famoso o infame --según quien lo juzgue-- director de una revista literaria de alguna provincia mexicana. Él mismo fue uno de los protagonistas de evento, y no tuvo la prudente delicadeza de decirme que no la escribiera y no la publicara. Me la contó por teléfono, después de que despellejamos y descabezamos a unas cuantas sanguijuelas de la literatura, de esos que siguen cobrando sus sueldos estratosféricos en universidades y dependencias de nuestros sufridos países, aun cuando ya estén gozando de otros cargos, becas, prebendas y papayas en universidades, organizaciones e instituciones de ociosa academia en Europa, Estados Unidos o Birmania. Hace ya varias entradas de este blog escribí un artículo sobre lo que llamé "Los millonarios de la literatura mexicana" y en otro artículo, también bastante viejo, publicado en el inolvidable suplemento Sábado, que dirigiera el rey de los heterodoxos, Huberto Batis, que Dios lo tenga en su gloria aun sin haber trascendido el umbral irremediable, llamé al antedicho artículo, poco diplomáticamente, lo reconozco, "Sobre los eternos mamones de la cultura mexicana". Así aseguré que nuunca sería incluida mi humilde persona en el Sistema Nacional de Creadores, la Vaca Mayor de la Cultura Mexicana. La delicadeza y la diplomacia no son mis divisas o mis gracias, eso lo saben los 25 fieles de este blog, y no me discuplo por ello. Bueno, regreso al distema central, hilo conductor y meollo de mi cuento, que todavía no había arrancado. Mi amigo, al que llamaré El Moro, por razones explicables pero no propicias en este momento, me contó que había llegado a hospedarse en su casa un famoso crítico literario, redondito de cara y de cuerpo, con aspecto de carita sonriente totonaca, después de dar el fallo de un concurso literario que lleva el nombre de un ínclito astronauta literario al que llamaremos Neri Vela El Minatitleco. Llegó Carita Sonriente y lo primero que dijo fue ¿a dónde vamos tunait, parcero, que tengo apetito de carne fresca?, ya mis tres amantes están medio magulladas y estoy hasta la madre de soltar billetes sin recibir mi dosis de juventud guerrera. Pus vamos al ladies bar Flores Frescas, donde hay los mejores bisteces, chuletas, pechugas, ribeyes, arracheras y menudencias y Carita Sonriente le dijo O kei vamos. Carita Sonriente se frotó las simiescas y mongólicas manos regordetas, infló y desinfló los carrillos y dijo ¡ayo silver! Y mientras iban llegando al sitio en el BMW de El Turco, el gran Carita Sonriente enumeró sus fuentes de ingresos: Tiempo completo en la UNAM, 50 000 pesos; Sistema Nacional de Investigadores, 40 000; medio tiempo en la UAM, 20 000; asesoría en la Secretaría de Educación Pública, 40 000; talleres en la Prepa Siqueiros, el Instituto Politécnico y en la Penitenciaría del Aramberi --una vez al mes-- 40 000; regalías por anologías, 30 000 al año. Etcétera. En total CS, es decir Carita Sonriente, duplicaba el sueldo del presidente del presidente de la república. ¿Y sabes qué?, dijo Carita Sonriente, casi no salgo de hoteles de cinco estrellas y llego a mi casa una vez al mes a pelear con mi esposa, a la que llamo La Mosca, porque se levanta en la mañana, se lava la carita y comienza joder hasta que se duerme. Eres my hero, dijo El Turco, ¿crees que algún día pueda llegar a tu altura? No, my friend, te falta clase y cinismo, eres esa cosa asquerosa que se llama hombre decente, mira, yo con mi cara de ídolo azteca he hecho carrera, y no me cambiaría por Aston Kuchner, el esposo de Demi Moore. Y así llegaron nuestros paladines al Flores Frescas, tras juiciosas meditaciones sobre la deplorable situación de la economía mexicana, los terrenos de cultivo convertidos en tierra baldía, los millones de reses muertas por el calor, las presas secas, el calentamiento global, la producción industrial acabada por los productos chinos, el narcotráfico tomando el control de todas las actividades comerciales, cobrando impuestos incluso a los vendedores de ropa de pacas en Las Vigas y Altolucero, todo en conciliábulo con las autoridades. Aclaro, amigos y suspicaces lectores, que no estoy hablando del Estado de Veracruz, donde reina la ley y el respeto y cobro mis becas y mi sueldo, el hermoso estado donde reina la ley, el respeto y la dignidad y todos los funcionarios públicos son horados hasta el asco. En fin, llegaron, es decir, terminaron de llegar nuestros protagonistas al Flores Frescas, dispuestos a dejarse avasallar por la más democrática, sana y llana lujuria y en lugar de esconderse en un rincón alejado, se sentaron en plena cercanía de la pista, bajo los reflectores, muy cerca del tubo, donde una criatura que si no fuera mujer sería ángel y si no fuera ángel sería demonio, bailaba en torno al consabido tubo en medio de la pista, con una sensualidad agresiva, violenta y fría, y con un rostro de profundísima soberbia, como si bajo la nariz tuviera no una lindísima y fragante boca sino un cálido y humeante pedazo de mierda fresca--confieso, ay, que esta expresión la plagié de un aspirante a escritor que espero nunca lea este texto-- y como a Carita Sonriente lo que le agradaba más que cualquier otra perversión comunicorriente era doblegar, con todo y su facha de tlaxcalteca sin taparrabo pero con corbata, doblegar, digo, a mujeres que fueran exponentes de las más puras razas arias, rubias, ojiazules, con pieles como de pura seda china, dijo a su amigo El Turco, esa mujer yo me la voy a adjuntar ahora mismo aunque tenga que licenciar a mis tres amantes y cortarle la pensión a mi legítima y sacar de la escuela de paga a mis seis escuincles, dicho y hecho, El Turco le hizo la seña conveniente a la Walkiria, un metro ochentaicinco de esplendor humano, y le dijo ven acá, mi niña, cómo te llamass, María del Rayo Tanzania, dijo, ven acá Tanzania, que mi amigo quiere ser feliz con tus encantos de diosa olímpica. Y ella dijo achiquitando los dedos y los ojos, un momentito miamor, me voy a empolvar la nariz --la nariz y el coño, dijo el vulgarote de Carita Sonriente-- y regresó Tanzania ya vestidita con unos pants Nike y con una sutilísima y maleable camiseta Liz Clairbone que dejaba ver unos pezones del Jardín de las Hespérides y con sus blanquísimos tenis Brazil, sin calcetas, y le dijo muy modosita, mis amores dónde me siento, pues aquí mi reina, dijo Carita Sonriente palmeando sus piernas robustas a base de carnitas y coca cola a la salida de la UNAM, y, pues María del Rayo Tanzania se sentó y el muy ipso facto de Carita Sonriente, al que llamaremos CS para abreviar, le fue sacando a la nenorra una lindisima pieza del frutal torso y se dio a disfrutarla con infantil avidez, al tiempo que Tanzania comenzaba a hablar sobre su historia, una historia más mentirosa que las de Las Mil y una noches, y El Turco seguía el evento muy interesado, bebiendo con pausa y medida, y Tanzania ¿puedo pedir otra cerveza? Las que quieras, dijo CS salvándose de la asfixia y la emoción de tardío lactante, y despues de diez cervezas, casi todas falsas sin duda, cuando ya CS había cambiado su epsiteme hacia el otro linísimo pecho, ay, que rosaditos tienes los pezoncitos, ¿solamente tienes dos?, recitaba CS, recordando sus bombras yucatecas, y ahora, mi emperador, dijo Tanzania, me aburrí de las cervezas, quiero algo más a la altura en este momento sublime, ¿sublime?, preguntó El Turco, vaya palabrota paun table dance, es que no me conoces de verdad, rey mío, y CS en ese instante separó del níveo volcán en erupción de fresas sus labios gordezuelos, labios que probaban la tesis de Aguirre Beltrán de que los indígenas mecsicanos son descendientes en alguna partecina de los negros africanos, en realidad todos lo somos, dijo El Turco, que es más negro que la negra noche pero con facciones de emperador romano, separando los labios CS dijo sabio como es que en realidad nadie ha conocido y nadie conocerá nunca el corazón de las mujeres, y en esto sin saberlo estaba citando a un famoso escritor colombiano que se apoda Mistercolombias, nadie nunca conocerá a las mujeres, lo que hay que hacer es disfrutarlas y callar, bravo, es el imperio de las mujeres, sumisos hemos de caer a sus pieses, dijo CS, y respondió Tanzania, que pendejadas dices, mi rey, y CS volvió a su inefable lactancia, y se pasaba de una a otra cabrita como un pastoril corderito y mierdas tanto María del Rayo Tanzania dijo necesito algo más fundamental, algo más chic, chido y cavernícola, como qué mi reina, dijo CS, ¿un palito? Nein, cabroncito, necesito un Ballantines, claro, doncella, un Beefeeters para Cleofatra, y así fueron de cerveza a whisky y de wisky pasaron por toda la escala etílica hasta llegar a champaña, y El Turco, con cabeza más clara preguntó en voz baja, oye Pedro Bisonte, ¿tienes con qué pagar?, es que yo dejé mi billetera en casa, claro, pendejo, mira tarjeta de credito oro de Bancomer, Américan Extress, Empresarial bancomer, Santander Ejecutiva, Bancolombia, British Geldsteiberg, la que quieras, las tarjetas de crédito son la cifra del infinito en al tierra, y también del infierno, dijo El Turco, que tiene más dinero que Calígula, y siguió chupando como el que interpreta la flauta de Pan y Tanzania pidió permiso para ir a desaguar dos, tres, cuatro o cinco veces, hasta que ya CS se comenzó a apasionar de más con la teta de turno y le hizo un moretrón a la delicada carnadura de Tanza, que le lanzó un sopapo, mis criaturitas están aseguradas por El Consorcio Ceta, marrano, cochino, sweino, perdón, perdón, Juan Domingo Perdón, dijo CS, qué puedo hacer para recibir tu perdón, mira, wey, orita mismo te pongo el trasero en la cara y me limpias con la lengua los frijoles, y si no lo haces ya mismo llamo a los guardias y les digo que te pongan una madriza y que te hagan la cirujia plástica al revés y te arranquen los cachetes y dejen riendo sin tus labios con todas las muelas al aire y te tiren por el rumbo de Coapexpan con un palo de escoba en el respiradero anal. Y pues, CS, que estaba borracho pero no imbécil, procedió a hacerle una somera limpieza del sureste con la morada lengua y ya sosegada Tanzania les dijo: Y a todas éstas, ustedes quiénes son, sin querer ofender parecen un par de nacos de lo pior, apuesto a que ni siqueira saben quien es Octavio Paz, ¿Octavio Paz?, preguntó El Turco: ¿no es el alcalde de Tlacolulan? Lo dicho, dijo Tanzania, un par de nacos de mierda, más ignorantes que la madre Teresa de Calcuta, a ver quién es Juan Carlos Onetti, quién es Raymon Carver, quién es Julio Ramón Ribeyro, quién es Ramón Rodríguez? Un periodista del Dictamen, un famoso guitarrista, un cantante de tango, un fabricante de tequila, un viejo decimero de Tlacotalpan?, contrapunteaba El Turco, lo dicho, nacos, indios, eso son, y Carita Sonriente aprobaba, convencido de estar asistiendo a la develación del Oráculo de Delfos. Y Tanzania de nuevo con su trocito de mierda humeante bajo la nariz seguía insultándolos y dándoles clases de hermenéutica, materialismo histórico, programación neurolinguistica, hasta que El Turco miró su reloj, consideró la posibilidad de que los fondos de Carita Sonriente no alcanzaran y que en verdad los guaridas se cobraran de la peor forma convirtiéndolos en carne molida de tercera --perdón, la imagen no es mía sino de my friend Rubem Fonseca (¿saben que RF dijo que Mistercolombias es su escritor favorito?, lo juro, eso dijo, tengo testigos, eso fue en la Feria del Libro de Guadalajara 2007) y El Turco jaló de la oreja a CS y le dijo, es hora de volver a la realité, Pedro Bisonte, tenemos que huir antes de que esto acabe en tragedia griega o por lo menos en trifulca xalapeña con intelectuales descojonados por bestias insolventes. ¿Y cúal será la forma de huyir?, no sé pero hay que juyir, ya inventaré algo y entonces El Turco, cuando Tanzania dijo Rulfo, respondió, ah si, el autor de Pedro Páramo, la más breve, intensa, profunda, misteriosa novela latinoamericana. Y zas, ahí descubrió Tanzania la impostura: ¿tons no son un par de viles nacos ignorantes sino álguienes que sí han leído a Rulfo? No solo a ese cuate, cariño, sino a Ladendorf, Musil, Proust, Mishima, Macedonilo Cotiledonio Hernández, Jules Cortázar, Asimov, Sturgeon, Salinger, Chejov, Pushkin, y bueno , darlig, he leido a todos los autores de mérito, cierto, cierto, dijo CS, aquí mi amigo no es un naquito cualquiera sino el director de la revista literaria más importante de México, el autor de La perversión de los chinos, miembro de número de la Academia de la Lengua, ganador de 45 concursos literarios, entre ellos el Alfaguara y el Planeta de Novela, y Tanzania en éxtasis, y en verdad en éxtasis, pues se había zampado no sé cuantas pastillas de todos colores una tras otra y tenía las pupilas como que en ese momento estaba viendo a Dios, les dijo, mis amores, los amo, vamos oritita mismo a mi humilde apartamento pa que les muestre mi biblioteca, tengo 5000 volumenes encuadernados en cuero, catalogados con el sistema Braille, ¡vamos, vamos!, dijo pellizcándole los esponjosos y considerables cachetes a CS, y CS dijo, vamos, he encontrado a la mujer de mi vida, ¡fuera mis tres amantes, fuera mi esposa y mis hijos!, diora en adelante adopto y prometo hacer feliz para bien y para mal, en la salud y en la enfermedad, a María del Rayo Tanzania, y El Turco le dijo muy en discreto, pero antes vamos al baño, y allí le lavó la cara a CS y le dijo, pendejo, quieres que nos pase lo que le pasó a La Parquita, el miniluchador de la Triple A, que fue drogado por una teibolera con líquido de ojos y luego asesinado arteramente, paga, abrón y nos vamos....
Y hasta ahí quedó la historia, que estoy escribiendo sin el consentimiento y sin la oposición de El Turco, quien me dijo que la iba a escribir mañana mismo, es decir, hoy, pero bueno, uno es mentiroso e infidente y no puede abandonada en las aguas del olvido una historia de estas, y si no que lo diga GGM, que ha sufrido con paciencia mis inventos y hasta agora no ha protestado sino en privado, temiendo sin duda hacerme más famoso de lo que ya soy o más infame de lo que cree alguna gente. Quien lea esto que perdone los errores. Fue escrito a toda carrera y espero corregirlo. Bueno, ya lo corregí pero puede mejorarse. Cualquier parecido con la realidad es más que una coincidencia. Los nombres han sido cambiados pero son fácilmente rastreables. Estoy cumpliendo con una de las más altas misiones de mi vida: la recopilación de enemigos y detractores.
Esta es una historia edificante, recomendable para escritores y todo tipo de intelectuales que decidan escapar por una noche de sus aburridos destinos de chupalibros, mandilones, vividores, mamadores de becas y engañapendejos. Me la contó un famoso o infame --según quien lo juzgue-- director de una revista literaria de alguna provincia mexicana. Él mismo fue uno de los protagonistas de evento, y no tuvo la prudente delicadeza de decirme que no la escribiera y no la publicara. Me la contó por teléfono, después de que despellejamos y descabezamos a unas cuantas sanguijuelas de la literatura, de esos que siguen cobrando sus sueldos estratosféricos en universidades y dependencias de nuestros sufridos países, aun cuando ya estén gozando de otros cargos, becas, prebendas y papayas en universidades, organizaciones e instituciones de ociosa academia en Europa, Estados Unidos o Birmania. Hace ya varias entradas de este blog escribí un artículo sobre lo que llamé "Los millonarios de la literatura mexicana" y en otro artículo, también bastante viejo, publicado en el inolvidable suplemento Sábado, que dirigiera el rey de los heterodoxos, Huberto Batis, que Dios lo tenga en su gloria aun sin haber trascendido el umbral irremediable, llamé al antedicho artículo, poco diplomáticamente, lo reconozco, "Sobre los eternos mamones de la cultura mexicana". Así aseguré que nuunca sería incluida mi humilde persona en el Sistema Nacional de Creadores, la Vaca Mayor de la Cultura Mexicana. La delicadeza y la diplomacia no son mis divisas o mis gracias, eso lo saben los 25 fieles de este blog, y no me discuplo por ello. Bueno, regreso al distema central, hilo conductor y meollo de mi cuento, que todavía no había arrancado. Mi amigo, al que llamaré El Moro, por razones explicables pero no propicias en este momento, me contó que había llegado a hospedarse en su casa un famoso crítico literario, redondito de cara y de cuerpo, con aspecto de carita sonriente totonaca, después de dar el fallo de un concurso literario que lleva el nombre de un ínclito astronauta literario al que llamaremos Neri Vela El Minatitleco. Llegó Carita Sonriente y lo primero que dijo fue ¿a dónde vamos tunait, parcero, que tengo apetito de carne fresca?, ya mis tres amantes están medio magulladas y estoy hasta la madre de soltar billetes sin recibir mi dosis de juventud guerrera. Pus vamos al ladies bar Flores Frescas, donde hay los mejores bisteces, chuletas, pechugas, ribeyes, arracheras y menudencias y Carita Sonriente le dijo O kei vamos. Carita Sonriente se frotó las simiescas y mongólicas manos regordetas, infló y desinfló los carrillos y dijo ¡ayo silver! Y mientras iban llegando al sitio en el BMW de El Turco, el gran Carita Sonriente enumeró sus fuentes de ingresos: Tiempo completo en la UNAM, 50 000 pesos; Sistema Nacional de Investigadores, 40 000; medio tiempo en la UAM, 20 000; asesoría en la Secretaría de Educación Pública, 40 000; talleres en la Prepa Siqueiros, el Instituto Politécnico y en la Penitenciaría del Aramberi --una vez al mes-- 40 000; regalías por anologías, 30 000 al año. Etcétera. En total CS, es decir Carita Sonriente, duplicaba el sueldo del presidente del presidente de la república. ¿Y sabes qué?, dijo Carita Sonriente, casi no salgo de hoteles de cinco estrellas y llego a mi casa una vez al mes a pelear con mi esposa, a la que llamo La Mosca, porque se levanta en la mañana, se lava la carita y comienza joder hasta que se duerme. Eres my hero, dijo El Turco, ¿crees que algún día pueda llegar a tu altura? No, my friend, te falta clase y cinismo, eres esa cosa asquerosa que se llama hombre decente, mira, yo con mi cara de ídolo azteca he hecho carrera, y no me cambiaría por Aston Kuchner, el esposo de Demi Moore. Y así llegaron nuestros paladines al Flores Frescas, tras juiciosas meditaciones sobre la deplorable situación de la economía mexicana, los terrenos de cultivo convertidos en tierra baldía, los millones de reses muertas por el calor, las presas secas, el calentamiento global, la producción industrial acabada por los productos chinos, el narcotráfico tomando el control de todas las actividades comerciales, cobrando impuestos incluso a los vendedores de ropa de pacas en Las Vigas y Altolucero, todo en conciliábulo con las autoridades. Aclaro, amigos y suspicaces lectores, que no estoy hablando del Estado de Veracruz, donde reina la ley y el respeto y cobro mis becas y mi sueldo, el hermoso estado donde reina la ley, el respeto y la dignidad y todos los funcionarios públicos son horados hasta el asco. En fin, llegaron, es decir, terminaron de llegar nuestros protagonistas al Flores Frescas, dispuestos a dejarse avasallar por la más democrática, sana y llana lujuria y en lugar de esconderse en un rincón alejado, se sentaron en plena cercanía de la pista, bajo los reflectores, muy cerca del tubo, donde una criatura que si no fuera mujer sería ángel y si no fuera ángel sería demonio, bailaba en torno al consabido tubo en medio de la pista, con una sensualidad agresiva, violenta y fría, y con un rostro de profundísima soberbia, como si bajo la nariz tuviera no una lindísima y fragante boca sino un cálido y humeante pedazo de mierda fresca--confieso, ay, que esta expresión la plagié de un aspirante a escritor que espero nunca lea este texto-- y como a Carita Sonriente lo que le agradaba más que cualquier otra perversión comunicorriente era doblegar, con todo y su facha de tlaxcalteca sin taparrabo pero con corbata, doblegar, digo, a mujeres que fueran exponentes de las más puras razas arias, rubias, ojiazules, con pieles como de pura seda china, dijo a su amigo El Turco, esa mujer yo me la voy a adjuntar ahora mismo aunque tenga que licenciar a mis tres amantes y cortarle la pensión a mi legítima y sacar de la escuela de paga a mis seis escuincles, dicho y hecho, El Turco le hizo la seña conveniente a la Walkiria, un metro ochentaicinco de esplendor humano, y le dijo ven acá, mi niña, cómo te llamass, María del Rayo Tanzania, dijo, ven acá Tanzania, que mi amigo quiere ser feliz con tus encantos de diosa olímpica. Y ella dijo achiquitando los dedos y los ojos, un momentito miamor, me voy a empolvar la nariz --la nariz y el coño, dijo el vulgarote de Carita Sonriente-- y regresó Tanzania ya vestidita con unos pants Nike y con una sutilísima y maleable camiseta Liz Clairbone que dejaba ver unos pezones del Jardín de las Hespérides y con sus blanquísimos tenis Brazil, sin calcetas, y le dijo muy modosita, mis amores dónde me siento, pues aquí mi reina, dijo Carita Sonriente palmeando sus piernas robustas a base de carnitas y coca cola a la salida de la UNAM, y, pues María del Rayo Tanzania se sentó y el muy ipso facto de Carita Sonriente, al que llamaremos CS para abreviar, le fue sacando a la nenorra una lindisima pieza del frutal torso y se dio a disfrutarla con infantil avidez, al tiempo que Tanzania comenzaba a hablar sobre su historia, una historia más mentirosa que las de Las Mil y una noches, y El Turco seguía el evento muy interesado, bebiendo con pausa y medida, y Tanzania ¿puedo pedir otra cerveza? Las que quieras, dijo CS salvándose de la asfixia y la emoción de tardío lactante, y despues de diez cervezas, casi todas falsas sin duda, cuando ya CS había cambiado su epsiteme hacia el otro linísimo pecho, ay, que rosaditos tienes los pezoncitos, ¿solamente tienes dos?, recitaba CS, recordando sus bombras yucatecas, y ahora, mi emperador, dijo Tanzania, me aburrí de las cervezas, quiero algo más a la altura en este momento sublime, ¿sublime?, preguntó El Turco, vaya palabrota paun table dance, es que no me conoces de verdad, rey mío, y CS en ese instante separó del níveo volcán en erupción de fresas sus labios gordezuelos, labios que probaban la tesis de Aguirre Beltrán de que los indígenas mecsicanos son descendientes en alguna partecina de los negros africanos, en realidad todos lo somos, dijo El Turco, que es más negro que la negra noche pero con facciones de emperador romano, separando los labios CS dijo sabio como es que en realidad nadie ha conocido y nadie conocerá nunca el corazón de las mujeres, y en esto sin saberlo estaba citando a un famoso escritor colombiano que se apoda Mistercolombias, nadie nunca conocerá a las mujeres, lo que hay que hacer es disfrutarlas y callar, bravo, es el imperio de las mujeres, sumisos hemos de caer a sus pieses, dijo CS, y respondió Tanzania, que pendejadas dices, mi rey, y CS volvió a su inefable lactancia, y se pasaba de una a otra cabrita como un pastoril corderito y mierdas tanto María del Rayo Tanzania dijo necesito algo más fundamental, algo más chic, chido y cavernícola, como qué mi reina, dijo CS, ¿un palito? Nein, cabroncito, necesito un Ballantines, claro, doncella, un Beefeeters para Cleofatra, y así fueron de cerveza a whisky y de wisky pasaron por toda la escala etílica hasta llegar a champaña, y El Turco, con cabeza más clara preguntó en voz baja, oye Pedro Bisonte, ¿tienes con qué pagar?, es que yo dejé mi billetera en casa, claro, pendejo, mira tarjeta de credito oro de Bancomer, Américan Extress, Empresarial bancomer, Santander Ejecutiva, Bancolombia, British Geldsteiberg, la que quieras, las tarjetas de crédito son la cifra del infinito en al tierra, y también del infierno, dijo El Turco, que tiene más dinero que Calígula, y siguió chupando como el que interpreta la flauta de Pan y Tanzania pidió permiso para ir a desaguar dos, tres, cuatro o cinco veces, hasta que ya CS se comenzó a apasionar de más con la teta de turno y le hizo un moretrón a la delicada carnadura de Tanza, que le lanzó un sopapo, mis criaturitas están aseguradas por El Consorcio Ceta, marrano, cochino, sweino, perdón, perdón, Juan Domingo Perdón, dijo CS, qué puedo hacer para recibir tu perdón, mira, wey, orita mismo te pongo el trasero en la cara y me limpias con la lengua los frijoles, y si no lo haces ya mismo llamo a los guardias y les digo que te pongan una madriza y que te hagan la cirujia plástica al revés y te arranquen los cachetes y dejen riendo sin tus labios con todas las muelas al aire y te tiren por el rumbo de Coapexpan con un palo de escoba en el respiradero anal. Y pues, CS, que estaba borracho pero no imbécil, procedió a hacerle una somera limpieza del sureste con la morada lengua y ya sosegada Tanzania les dijo: Y a todas éstas, ustedes quiénes son, sin querer ofender parecen un par de nacos de lo pior, apuesto a que ni siqueira saben quien es Octavio Paz, ¿Octavio Paz?, preguntó El Turco: ¿no es el alcalde de Tlacolulan? Lo dicho, dijo Tanzania, un par de nacos de mierda, más ignorantes que la madre Teresa de Calcuta, a ver quién es Juan Carlos Onetti, quién es Raymon Carver, quién es Julio Ramón Ribeyro, quién es Ramón Rodríguez? Un periodista del Dictamen, un famoso guitarrista, un cantante de tango, un fabricante de tequila, un viejo decimero de Tlacotalpan?, contrapunteaba El Turco, lo dicho, nacos, indios, eso son, y Carita Sonriente aprobaba, convencido de estar asistiendo a la develación del Oráculo de Delfos. Y Tanzania de nuevo con su trocito de mierda humeante bajo la nariz seguía insultándolos y dándoles clases de hermenéutica, materialismo histórico, programación neurolinguistica, hasta que El Turco miró su reloj, consideró la posibilidad de que los fondos de Carita Sonriente no alcanzaran y que en verdad los guaridas se cobraran de la peor forma convirtiéndolos en carne molida de tercera --perdón, la imagen no es mía sino de my friend Rubem Fonseca (¿saben que RF dijo que Mistercolombias es su escritor favorito?, lo juro, eso dijo, tengo testigos, eso fue en la Feria del Libro de Guadalajara 2007) y El Turco jaló de la oreja a CS y le dijo, es hora de volver a la realité, Pedro Bisonte, tenemos que huir antes de que esto acabe en tragedia griega o por lo menos en trifulca xalapeña con intelectuales descojonados por bestias insolventes. ¿Y cúal será la forma de huyir?, no sé pero hay que juyir, ya inventaré algo y entonces El Turco, cuando Tanzania dijo Rulfo, respondió, ah si, el autor de Pedro Páramo, la más breve, intensa, profunda, misteriosa novela latinoamericana. Y zas, ahí descubrió Tanzania la impostura: ¿tons no son un par de viles nacos ignorantes sino álguienes que sí han leído a Rulfo? No solo a ese cuate, cariño, sino a Ladendorf, Musil, Proust, Mishima, Macedonilo Cotiledonio Hernández, Jules Cortázar, Asimov, Sturgeon, Salinger, Chejov, Pushkin, y bueno , darlig, he leido a todos los autores de mérito, cierto, cierto, dijo CS, aquí mi amigo no es un naquito cualquiera sino el director de la revista literaria más importante de México, el autor de La perversión de los chinos, miembro de número de la Academia de la Lengua, ganador de 45 concursos literarios, entre ellos el Alfaguara y el Planeta de Novela, y Tanzania en éxtasis, y en verdad en éxtasis, pues se había zampado no sé cuantas pastillas de todos colores una tras otra y tenía las pupilas como que en ese momento estaba viendo a Dios, les dijo, mis amores, los amo, vamos oritita mismo a mi humilde apartamento pa que les muestre mi biblioteca, tengo 5000 volumenes encuadernados en cuero, catalogados con el sistema Braille, ¡vamos, vamos!, dijo pellizcándole los esponjosos y considerables cachetes a CS, y CS dijo, vamos, he encontrado a la mujer de mi vida, ¡fuera mis tres amantes, fuera mi esposa y mis hijos!, diora en adelante adopto y prometo hacer feliz para bien y para mal, en la salud y en la enfermedad, a María del Rayo Tanzania, y El Turco le dijo muy en discreto, pero antes vamos al baño, y allí le lavó la cara a CS y le dijo, pendejo, quieres que nos pase lo que le pasó a La Parquita, el miniluchador de la Triple A, que fue drogado por una teibolera con líquido de ojos y luego asesinado arteramente, paga, abrón y nos vamos....
Y hasta ahí quedó la historia, que estoy escribiendo sin el consentimiento y sin la oposición de El Turco, quien me dijo que la iba a escribir mañana mismo, es decir, hoy, pero bueno, uno es mentiroso e infidente y no puede abandonada en las aguas del olvido una historia de estas, y si no que lo diga GGM, que ha sufrido con paciencia mis inventos y hasta agora no ha protestado sino en privado, temiendo sin duda hacerme más famoso de lo que ya soy o más infame de lo que cree alguna gente. Quien lea esto que perdone los errores. Fue escrito a toda carrera y espero corregirlo. Bueno, ya lo corregí pero puede mejorarse. Cualquier parecido con la realidad es más que una coincidencia. Los nombres han sido cambiados pero son fácilmente rastreables. Estoy cumpliendo con una de las más altas misiones de mi vida: la recopilación de enemigos y detractores.

