(UN DÍA DEL AÑO 2012)
FOTOS, EGOS, THE DAY AFTER LA PRESENTACIÓN DE HISTORIA
DE TODAS LAS COSAS
Anoche no dormí sino tres horas porque debía ir por mi máneger a las 6
am a la TAPO. Pasó la presentación de Historia de todas las cosas en
el DF. Acabo de medirme en una de esas maquinitas de dos pesos que hay en las
farmacias. El papelito registró lo siguiente: peso 101 kilos 200 gramos.
Estatura: un metro 97. ¿Conclusión 1? El "éxito" y las salidas
de Xalapa me hacen engordar aceleradamente. Conclusión 2: la famosa maquinita
midió mi ego, no mi estatura. Antes de la presentación medía apenas 1
metro 81. Voy a reproducir unas fotos y a hacer unos comentarios intermetidos.
Ricardo Moreno Botello, René Avilés,
MT, MA Quemain y Guillermo Samperio en el Centro Cultural Bella Época del DF,
durante la presentación de Historia de todas las cosas
Los comentarios sobre la novela fueron espléndidos, en algunos casos desmesurados pero creo que no falsos. Los tres presentadores son escritores veteranos, de respeto, amigos, tránsfugas de la fama y de glorias ajenas. Ellos publicarán sus textos y yo los reproduciré aquí. Abajo me pueden ver con Samperio, que parece un duende que camina y un hombre ilustrado, y con el novelista cubano Félix Luis Viera, escritor extraordinario que está sobreviviendo en México, que no sólo le ha ofrecido penas. |
El maestro Samperio, el magnífico
novelista cubano Félix Luis Viera y MT a la salida de la presentación de
Historia de todas las cosas.
|
Fue una presentación muy agradable, larga, alegre, desprejuiciada, en la que
intervino el público y hasta una hija de San Isidro de El General, Cuca Coto,
quien está dispuesta a fundar dos centros culturales "Aguilera Garramuño":
uno en Nueva York y otro en San Isidro, Costa Rica. Esto no es broma ni
producto de la imaginación mía sino un proyecto en marcha.
Por la tarde fui a caminar por las calles del Centro Histórico con mi
máneger. Investigamos en la Plaza Santo Domingo el precio de un título de
psiquiatra de la UNAM, con todos los sellos y firmas: 5000 pesos en un sitio y
5500 pesos en otro. Mi idea es poner un consultorio en Cardel, una vez que me
jubile o me jubilen. Uno de los que me ofrecieron el título hizo un comentario
filosófico y sociológico que sintetiza la ideología del mexicano corrupto:
"México es muy lindo: aquí todo se puede".
|
En la iglesia de San Francisco vimos que venden agua bendita: vi un tinaco de 100 litros, con llave que el
requiriente puede abrir libremente, siempre que esté dispuesto a soltad una
buena limosna. A las siete de la tarde visitamos el taller literario que
tiene Félix Luis en el Centro Cultural José Martí. Allí hablé con los
integrantes y les di unos consejos maternales. Uno de ellos: enemistarse con
todo el mundo antes de escribir algo que valga la pena y volverse un
esquizofrénico al borde del abismo (el resto del mundo debe quedar al otro lado
del abismo).
El editor Ricardo Moreno sembró carteles
en la librería Rosario Castellanos. (No me robé ninguno para mi egotecta).
Y hoy mi máneger me llevó a buscar un saco sport elegante, que mejore el que ven en la foto, cuyo precio es de 5 dólares en un pawn shop de Indiana, Pensylvania. |
Comentarios y fotos del doctorado honoris causa en Xalapa a René Avilés Fabila
Armano Ortiz febrero 23, 2014
Toda una vida de conocernos y seguirnos los pasos: en Monterrey, en Plural, en El Buho, en Sábado de unomásuno, en la Editorial de la Universidad Veracruzana (donde impulsé un homenaje en la pasada Feria del Libro, que no se terminó de llevar a cabo), ahora en la UAM, donde tenemos algunos planes que espero se vayan concretando. Hoy, gran reencuentro con motivo del honoris causa que le ofreció la Universidad Autónoma Popular de Veracruz, evento que se hizo por todo lo alto, en el que estuvieron presentes grandes personalidades de la cultura nacional y de la política y tras el cual hubo un almuerzo magnífico y licores de los más licorosos, que René, naturalmente, despachó sin pausa y sin tropiezos. Yo me porté como si en verdad fuera un hombre sociable.
MT, Armando Ortiz, editor de la nueva edición de El gran solitario en Palacio, la poeta frondosa y querida Silvia Tomasa Rivera, y René, dando cátedra de algún asunto irrecordable.
Un señor que debe ser importante dándole una medalla que no es de natación, por lo que me parece poco importante.
Silvia Tomasa, una más que cae en las redes del galán post otoñal pero en uso de todas sus facultades
Otro señor que debe ser importante la de un cuadro grande que supongo René dejará en el hotel
De nuevo los mismos de antes escuchando la docta parla de René.
Y algunas menciones memorables de lo que dijeron los señores importantes.
1. El secretario de gobierno: un mozalbete que tropezaba con sus ansias de hacer un discurso memorable, dijo la frase más citada: "Lo más importante de don René Avilés Fabila es su humilde sencillez".
2. René abogó para que ya no le den más premios, homenajes, ediciones, comentarios, discursos, ditirambos, a los mismos de siempre, léase Pitol y Poniatowska.
3. En enorme pantalla pasaron un video en el que varios amigos de René (Silvia Tomasa, MT, Raúl Hernández Viveros, Fernando Ruiz Granados) hablamos sobre René. Lo que más me impresionó del video fue ver en close up la piel de mi cara, que parecía la superficie lunar.
4. Un descubrimiento que hice hoy fue que en Xalapa tengo una enorme colección de amigos, que suman la exorbitante cantidad de siete.
5. Un día memorable. Dos conclusiones: la muerte de los demás es la preparación idónea para la muerte propia; el doctorado honoris causa en cabeza ajena es la preparación para el doctorado honoris causa en cabeza propia. Ya estoy listo para el mío: a ver quién se apunta. Les prometo que no les voy a cobrar. Ya hubo una institución colombiana que se estaba apuntando: pero cuando comenzaron a leer mi blog se arrepintieron.
Con motivo del próximo honoris causa que le
otorgará la UPV el próximo 22 de febrero en Xalapa, estoy publicando este
texto, escrito para un homenaje que se le iba a hacer en la Feria del Libro
Universitario 2013
Hace muchos años, aproximadamente 30, invité a René
Avilés Fabila a Monterrey a dictar una conferencia en el Instituto de Artes de
Nuevo León que acabábamos de fundar Miguel Covarrubias, Andrés Huerta y otros
"inquietos intelectuales". Ha pasado tanto tiempo que no recuerdo ni
una sola palabra de lo que dijo con absoluto desparpajo, con una libertad casi
suicida, sobre su actividad como escritor, periodista y maestro universitario.
Si algo ha caracterizado a René es el ejercicio de la libertad, el desprecio a
los moldes, la capacidad de decir exactamente lo que piensa sin estar tasando
sus palabras para ver cuánto puede sacar de ellas. Es frecuente en el medio
cultural mexicano y en realidad en todos los medios culturales, adoptar una
actitud de grupo, esconderse tras la masa para poder medrar. René ha dado la
cara una y otra vez, no sólo frente a los poderes culturales, sino frente al
poder político. Es de los pocos que se atreven a criticar abiertamente. No es,
o no era, como esos escritores graciosos que a la vez que critican, bajita la
mano reciben la dádiva; o como esos que dan grandes y agresivas declaraciones
para salir en las fotos. Escritores que reciben orondos grandes honores de los
poderes que critican. ¿Puede entenderse que un gran escritor mexicano, quizás
el más famoso en la actualidad fustigue al imperialismo y se ponga del lado de
los oprimidos, al mismo tiempo que reciba los homenajes de un político del que
se conocen los peores manejos? René ha tenido que pagar caro su independencia
con una especie de marginamiento de las prebendas de la cultura. Solo muy
tardíamente el poder cultural ha tenido que ceder ante el peso de la presencia
indudable de autores como José Agustín y René Avilés Fabila. (Me gustaría
dedicarle una descabezada a José Agustín, un grande ante el que ha tenido que
bajar la cabeza la hidra). René y sus amigos (José Agustín, José Luis Cuevas,
Parménides García Saldaña, Jorge Arturo Ojeda) han sido una auténtica manada de
bribones que han marcado la literatura de este país trayendo un viento fresco,
una irreverencia y lanzando una carcajada contra la institución. No olvido una
expresión de Octavio Paz, ya no recuerdo con motivo de qué. Dijo: “René Hábil
es, René, ¡ah, vil es!” René ha marcado épocas: cuando participaba en la revista
Plural, que era dirigida por Jaime Labastida, revista en que se dio por primera
vez una ecumenismo latinoamericano que no se ha repetido; cuando dirigió el
suplemento cultural El búho, de Excélsior, que fue un magnífico contrapeso a la
cultura acartonada, solemne, elitista, tendenciosa de la revista Vuelta y sus
secuelas. La irreverencia de René solo tiene comparación con la de otro gran
iconoclasta: Huberto Batis, que desde el inolvidable Sábado del periódico
Unomásuno, permitió todos los desafueros de una serie de personajes incómodos
que airearon la cultura de este país. Cada hombre es muchos hombres y al hombre
no se le debe juzgar por un instante, ni siquiera por la suma de todos sus
instantes y tampoco por el común denominador de los instantes. René no es
incorruptible y quizás ningún hombre lo sea. Ha cedido a los halagos del poder
y ahora tiene su propia fundación, la Fundación René Avilés Fabila. Se están
(se estaban) publicando sus obras completas, lo que no sé si es ventajoso o
desventajoso. René pertenece (o pertenecía) al Sistema Nacional de Creadores,
tiene su propia revista y posee una gran cantidad de amigos, ex alumnos,
colegas, que lo admiran como escritor y lo quieren como persona. Hay un
atributo de René que a mí, como ególatra asumido, me causa admiración: la
elegancia con que exhibe sus plumas, la falta de vergüenza con que habla de sí
mismo, el sentido del humor con que se presenta siempre en público, la
elegancia con la que viste. Entre Maquiavelo y Trimalción, RAF, que posee las
mismas siglas que la Royal Air Force, ha usado a los políticos, los ha
explotado, para su deleite y para que le pongan nuevos cimientos al monumento
de su autoaprecio. ¿Censurable? Eso depende del que quiera tirar la primera
piedra. Lo cierto y comprobable es que se trata del primer intelectual mexicano
que se atrevió a ridiculizar hasta las heces a los intelectuales mexicanos, que
pintó en Los juegos, el libro maldito que lo marcó para siempre, las costumbres
licenciosas, libertinas, oportunistas, vendidas, borreguiles, superficiales de
los artistas mexicanos “de élite” (confieso que como novela la obra me dejó
insatisfecho: yo quería más puñetazos directos a la nariz). Vemos, adivinamos
en Los juegos a Carlos Fuentes derrochando elegancia y maquiavelismo, a José
Luis Cuevas, haciendo de la vanidad virtud, a Carlos Monsiváis, golpeando con
la mano izquierda y tendiendo la mano derecha, a un personaje que se oculta
tras el nombre de Rosicler, seduciendo seminaristas, asistimos a la repartición
de presupuestos oficiales. A sus 70 René sigue siendo extremadamente crítico,
pero ya no es intolerante. Ha aceptado que su pecho no es tan fuerte como para
soportar cañonazos de los que hablaba Rulfo. A sus 70 está comenzando a recibir
homenajes, lo que es, si uno se descuida, el principio de la muerte. Le digo a
René, con mi habitual falta de tacto: toma los homenajes y déjalos ir. El
cuento ese del fauno que descansa en el lecho de los laureles, no es cuento, es
una fábula muy ilustrativa. Si uno se duerme al lado del rio plácido de la
fama, corre el riesgo de que este río crezca y se lleve el cuerpo que duerme el
sabroso sueño. ¿Consejos? No sirven para nada. Nadie aprende en cabeza ajena.
Cuando un ciego guía a otro ciego los dos se van al hueco.
http://www.mistercolombias.blogspot.com
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| Con René Avilés Fabila en la Librerá del FCE en el DF hace dos años |
Hace muchos años, aproximadamente 30, invité a René Avilés Fabila a Monterrey a dictar una conferencia en el Instituto de Artes de Nuevo León que acabábamos de fundar Miguel Covarrubias, Andrés Huerta y otros "inquietos intelectuales". Ha pasado tanto tiempo que no recuerdo ni una sola palabra de lo que dijo con absoluto desparpajo, con una libertad casi suicida, sobre su actividad como escritor, periodista y maestro universitario. Si algo ha caracterizado a René es el ejercicio de la libertad, el desprecio a los moldes, la capacidad de decir exactamente lo que piensa sin estar tasando sus palabras para ver cuánto puede sacar de ellas. Es frecuente en el medio cultural mexicano y en realidad en todos los medios culturales, adoptar una actitud de grupo, esconderse tras la masa para poder medrar. René ha dado la cara una y otra vez, no sólo frente a los poderes culturales, sino frente al poder político. Es de los pocos que se atreven a criticar abiertamente. No es, o no era, como esos escritores graciosos que a la vez que critican, bajita la mano reciben la dádiva; o como esos que dan grandes y agresivas declaraciones para salir en las fotos. Escritores que reciben orondos grandes honores de los poderes que critican. ¿Puede entenderse que un gran escritor mexicano, quizás el más famoso en la actualidad fustigue al imperialismo y se ponga del lado de los oprimidos, al mismo tiempo que reciba los homenajes de un político del que se conocen los peores manejos? René ha tenido que pagar caro su independencia con una especie de marginamiento de las prebendas de la cultura. Solo muy tardíamente el poder cultural ha tenido que ceder ante el peso de la presencia indudable de autores como José Agustín y René Avilés Fabila. (Me gustaría dedicarle una descabezada a José Agustín, un grande ante el que ha tenido que bajar la cabeza la hidra). René y sus amigos (José Agustín, José Luis Cuevas, Parménides García Saldaña, Jorge Arturo Ojeda) han sido una auténtica manada de bribones que han marcado la literatura de este país trayendo un viento fresco, una irreverencia y lanzando una carcajada contra la institución. No olvido una expresión de Octavio Paz, ya no recuerdo con motivo de qué. Dijo: “René Hábil es, René, ¡ah, vil es!” René ha marcado épocas: cuando participaba en la revista Plural, que era dirigida por Jaime Labastida, revista en que se dio por primera vez una ecumenismo latinoamericano que no se ha repetido; cuando dirigió el suplemento cultural El búho, de Excélsior, que fue un magnífico contrapeso a la cultura acartonada, solemne, elitista, tendenciosa de la revista Vuelta y sus secuelas. La irreverencia de René solo tiene comparación con la de otro gran iconoclasta: Huberto Batis, que desde el inolvidable Sábado del periódico Unomásuno, permitió todos los desafueros de una serie de personajes incómodos que airearon la cultura de este país. Cada hombre es muchos hombres y al hombre no se le debe juzgar por un instante, ni siquiera por la suma de todos sus instantes y tampoco por el común denominador de los instantes. René no es incorruptible y quizás ningún hombre lo sea. Ha cedido a los halagos del poder y ahora tiene su propia fundación, la Fundación René Avilés Fabila. Se están (se estaban) publicando sus obras completas, lo que no sé si es ventajoso o desventajoso. René pertenece (o pertenecía) al Sistema Nacional de Creadores, tiene su propia revista y posee una gran cantidad de amigos, ex alumnos, colegas, que lo admiran como escritor y lo quieren como persona. Hay un atributo de René que a mí, como ególatra asumido, me causa admiración: la elegancia con que exhibe sus plumas, la falta de vergüenza con que habla de sí mismo, el sentido del humor con que se presenta siempre en público, la elegancia con la que viste. Entre Maquiavelo y Trimalción, RAF, que posee las mismas siglas que la Royal Air Force, ha usado a los políticos, los ha explotado, para su deleite y para que le pongan nuevos cimientos al monumento de su autoaprecio. ¿Censurable? Eso depende del que quiera tirar la primera piedra. Lo cierto y comprobable es que se trata del primer intelectual mexicano que se atrevió a ridiculizar hasta las heces a los intelectuales mexicanos, que pintó en Los juegos, el libro maldito que lo marcó para siempre, las costumbres licenciosas, libertinas, oportunistas, vendidas, borreguiles, superficiales de los artistas mexicanos “de élite” (confieso que como novela la obra me dejó insatisfecho: yo quería más puñetazos directos a la nariz). Vemos, adivinamos en Los juegos a Carlos Fuentes derrochando elegancia y maquiavelismo, a José Luis Cuevas, haciendo de la vanidad virtud, a Carlos Monsiváis, golpeando con la mano izquierda y tendiendo la mano derecha, a un personaje que se oculta tras el nombre de Rosicler, seduciendo seminaristas, asistimos a la repartición de presupuestos oficiales. A sus 70 René sigue siendo extremadamente crítico, pero ya no es intolerante. Ha aceptado que su pecho no es tan fuerte como para soportar cañonazos de los que hablaba Rulfo. A sus 70 está comenzando a recibir homenajes, lo que es, si uno se descuida, el principio de la muerte. Le digo a René, con mi habitual falta de tacto: toma los homenajes y déjalos ir. El cuento ese del fauno que descansa en el lecho de los laureles, no es cuento, es una fábula muy ilustrativa. Si uno se duerme al lado del rio plácido de la fama, corre el riesgo de que este río crezca y se lleve el cuerpo que duerme el sabroso sueño. ¿Consejos? No sirven para nada. Nadie aprende en cabeza ajena. Cuando un ciego guía a otro ciego los dos se van al hueco. http://www.mistercolombias.blogspot.com
René Avilés Fabila | 27.02.12 Columnistas
A Marco Tulio Aguilera Garramuño, de origen colombiano, lo conocí en Monterrey en 1975. Yo era joven y apenas había publicado tres libros. Marco Tulio era mucho más joven y había editado igual número. Era, por añadidura, un promotor cultural de excelencia. Impetuoso y de amplia generosidad, algo poco común entre escritores. Marco Tulio me invitó a dar una conferencia y hasta allá fui.
A Marco Tulio Aguilera Garramuño, de origen colombiano, lo conocí en Monterrey en 1975. Yo era joven y apenas había publicado tres libros. Marco Tulio era mucho más joven y había editado igual número. Era, por añadidura, un promotor cultural de excelencia. Impetuoso y de amplia generosidad, algo poco común entre escritores. Marco Tulio me invitó a dar una conferencia y hasta allá fui.
Marco Tulio fue famoso desde su primera obra publicada en Buenos Aires. Su bibliografía es impresionante y tengo la certeza de que todos los que se acercan a sus libros deben aceptar que están ante un escritor poderoso, inquieto, conocedor del lenguaje y un eterno explorador de estructuras. Destaco algunos títulos: Mujeres amadas, Cuentos en lugar de hacer el amor, Cuentos para antes de hacer el amor, Agua clara en el Alto Amazonas e Historia de todas las cosas. Vale la pena señalar que hay en el autor lo que Sabines llamaría un amoroso. Escribe un erotismo inquietante y maravilloso, por ello el autor ha comentado libros ejemplares en tal sentido: Lolita. En su conferencia “El gran modelo (notas sobre el erotismo y la literatura)”, Marco Tulio se define en este sentido: como un autor pleno de erotismo en cuya estirpe se encuentran Miller y Lawrence. Si escribir una novela es una insolencia, como dice Marco Tulio, Historia de todas las cosas, en su intento totalizador, es una insolencia infinita.
A pesar de su éxito nacional e internacional, de ser un autor bien conocido y respetado por sus méritos literarios, por su vida deportiva y sus inquietudes de promotor cultural, Marco Tulio prefiere una vida no tan pública. Rehúye el contacto con el poder y prefiere tratar a sus pares en cierta intimidad. Su espíritu aventurero puede ser notado en un libro como el citado Agua clara en el Alto Amazonas. De su abultada bibliografía destaca la edición actual de Historia de todas las cosas, un libro físicamente hermoso, lleno de experiencias de vida, de letras y de historias deslumbrantes. Sus personajes son todos extraños, poco comunes. La manera en que el narrador los presenta y describe, los hace hablar, los escenarios donde se mueven son, sobre todo, tropicales. Es un mundo de sol, de luminosidad extrema.
Su vida, contada por el mismo Marco Tulio en un texto breve capaz de ser encontrado en internet, es muy veloz, va y viene, viaja, está en mil actividades. Pronto conoce el éxito. En Jalapa se convierte en escritor sedentario. Sin embargo, no es así en su prosa narrativa ni en su actitud frente a los demás. Hay quien lo encuentra arrogante. Es retador, como es posible apreciar en un texto excelente y ameno: “Encuentros con García Márquez”. Eso a muchos puede no gustarle, a mí me parece una conducta adecuada. La hallo divertida y sincera. Así lo recuerdo en Monterrey en 1975, así lo he visto en el DF, Puebla y Jalapa.
Vicente Leñero alguna vez me dijo que todos los oficios y los viajes, los romances y los choques con otras personas, resultan susceptibles de transformarse en literatura. Eso exactamente ha hecho Marco Tulio. Breve historia de todas las cosas, Mujeres amadas, y Paraísos hostiles son libros de gran importancia para las letras latinoamericanas. Todos tienen buenos tirajes y ventas, están traducidos. Sin embargo, no tiene el reconocimiento que debería tener. Esto lo digo luego de leer su Historia de todas las cosas, obra que conocí bajo el título de Breve historia de todas las cosas, novela inicial, publicada en Argentina y que ameritó comentarios de críticos exigentes: John Brushwood, Seymour Menton, Wolfgang Luchting (por cierto, traductor de Vargas Llosa al alemán), Gustavo Álvarez Gardeazábal y otros más.
Historia de todas las cosas es rica, posee un lenguaje provocativo, como en general lo es el autor. Sus personajes son espléndidos, viven y se atreven a saltar de las páginas para contarnos de viva voz, con sus palabras y términos locales, un sinfín de historias que para un mexicano del DF resultan exóticas, semejante impresión me produjo en 1967 la lectura de Cien años de soledad. La de Marco Tulio es una novela de intensidad poética y hermosas metáforas, una y otra vez sometida a una impúdica revisión. No hay palabras que estén de más o de menos. Es una novela exacta y un intento de capturar las pasiones y los sentimientos humanos, tal como lo hizo Balzac.
Que yo admire esta novela no significa que vea como hermanas menores las otras o los cuentos de Marco Tulio. Son distintos. Aquí es donde este colombiano y otro, García Márquez, se separan largamente. En el segundo, si uno lee con detenimiento las obras anteriores a Cien años de soledad, se da cuenta que son portentosos ensayos para llegar a su obra maestra. Dentro del resto, hay libros que apenas se sostienen, como El general en su laberinto, una terquedad más de Álvaro Mutis que del propio Gabo. La figura inmensa de Bolívar es humanizada a tal grado que pierde dignidad, se achica.
Me alegra estar en 2012 hablando de un libro y de un autor que conocí en 1975 y cuya amistad he mantenido. Coincido con una idea expresada en la cuarta de forros de este libro: ha creado su propio mundo, parece poco, es mucho.
www.reneavilesfabila.com.mx
www.recordanzas.blogspot.com
El jueves 23 de febrero presentaremos mi novela Historia de todas las cosas en México Distrito Federal. Con el apoyo de la Editorial Educación y Cultura de México, de Trama Editorial de Madrid y del Fondo de Cultura Económica. Los presentadores serán René Avilés Fabila, ex director de El Buho, de Excélsior, donde colaboré durante muchos años; Miguel Ángel Quemain, escritor y periodista de La Jornada y otros medios; y de Guillermo Samperio, uno de los mejores cuentistas de México y viejo amigo (como los dos anteriores) y teniendo como anfitrión a Joaquín Díez Canedo, director del FCE, presentaremos la novela en el Centro Cultural Bella Epoca (Librería Rosario Castellanos), situado en Tamaulipas 202, Colonia Hipódromo Condesa, Delegación Cuahutémoc.
Noticias sobre la novela en:
En la siguiente dirección hallará la plana sabatina que La Jornada Sabatina dedica a MT y su Historia de todas las cosas
http://jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?ID=120107_140529_361&id_seccion=0
En la revista Newsweek en español destacan "la nueva gran novela latinoamericana":










