LEJOS DE VERACRUZ
julio 12, 2012
Antes que salga el sol mi máneger va
a trotar a la playa. Cuando ella regresa voy yo a nadar. Hoy nadé 400 metros
cien metros mar adentro, desde el embarcadero hasta el Rofa. Nos alternamos por
razones familiares. Hoy mi máneger hizo pereza y cuando quiso ir a trotar el
sol ya estaba achicharrando pieles y conciencias. A pesar de que nos hemos
cuidado como beduinos ya estamos cambiando de color. Me parece que ya casi
somos mulatos y si seguimos aquí vamos a terminar siendo negros. Mis relaciones
con mi máneger han sufrido menoscabo desde que me vio hablando con una
adolescente rusa en el Hotel XX. ¡Pero si yo sólo le pregunté la nacionalidad!
Poco faltó para que me llamara pederasta. Que la verdad algo debo tener de eso
porque me encantan, me chiflan, me trastornan las adolescentes y
preadolescentes cuando son sublimemente bellas como Sonia (así la bauticé como
al personaje desventurado de Crimen y
castigo). Pero más allá de la admiración obsecuente, obnubilada y a veces
francamente descarada, nunca me atrevería a aventurar algún tipo de movimiento
peligroso. Me pasa lo que a von Aschenbach con Tadzio (creo disculpable este
vicio de remitirlo todo a la literatura: si fuera carnicero posiblemente
pensaría en términos de filetes, cuadriles y lomos). Pienso que he llegado a la
edad en la que debo aceptar la inocencia de mi imaginación, como decía Buñuel.
La gran diversión de mi máneger (que es mujer, lo digo para quienes no conocen
el juego) aparte de trotar y nadar, es ir a centros comerciales a poner en
peligro no sólo sus finanzas sino las mías. Yo he declarado lapidariamente, ¡ni
una compra más!, pero caigo. Ayer vi un reloj con cronómetro y otros mil
artilugios y estuve a punto de comprarlo. Casi 200 dólares. Sigo la lectura de Lejos de Veracruz. Me seduce y me hace pensar
en que lo que yo escribo es diferente. Lo mío es fraccionado como un espejo que
tiro al suelo y después vuelvo a pegar organizándolo más por medio del azar que
manejado por mi mano demiúrgica y maestra (sick). La idea es que todo lo que
escribo tiene un centro: yo. Libro de un ególatra, narciso y self centerd
presumido. ¿Qué tanto interés puede tener esto para ese fantasma llamado
lector? Pienso que suficiente. Por lo pronto en el blog tengo mínimo 55
lectores diarios. Tanto tira y afloje emocional con mi máneger me ha hecho
pensar que lo mejor es que mi próximo regreso a la caverna del león debo
hacerlo en íngrima compañía. Se va armando poco a poco el paquete de mi
estancia en Colombia. Dos conferencias en Cali, presentación de Historia de todas las cosas en Bogotá y
otra ciudad. Pronto iremos a Mérida.
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